Sin palabras, una pizca de lo sucedido en Escocia, siempre con sabor Kroqueta:
En un par de dias cuelgo la crónica de la tercera etapa, no tiene desperdicio.
miércoles, 19 de mayo de 2010
lunes, 17 de mayo de 2010
Scottish Ultra: segunda etapa.
Ante mi asombro, el pie no me duele lo que yo pensaba, pero si la espalda y los cuadriceps. Ahora tengo claro que mañana voy a salir a correr la segunda etapa.
Artemio se va a quedar un día mas, ayudará a la organización como voluntario en la etapa de mañana, pero al día siguiente se marchará de vuelta a casa.
Me meto en el saco y escucho un poco de música, y a las 22:00h mas o menos me quedo dormido. Me cuesta bastante dormir, mi cuerpo ha sufrido mucho castigo después de tatos días de fisio sin entrenar, y me duelen hasta las orejas. Hace un frío que pela y salir a orinar es un acto de hombría sin igual, je je, os lo aseguro.
Mas o menos a las 6h me levanto y comienzo a preparar mi pie derecho, hoy no me puede fallar. He traído unas plantillas de descarga para los metatarsos y me pongo una bien amarrada para que no se me desplace con el agua, ya que estamos continuamente con los pies mojados.

De momento no llueve, pero vamos a salir con la ropa de agua, visto lo visto es la mejor opción. Ayer hubo gente que pillaron cantidad de garrapatas (ellos las llaman "tic") por llevar pantalón corto por el terreno "maldito", y hoy nos avisan que llevemos pantalón largo pues hay muchos kilómetros de este tipo de terreno. No es una buena noticia, 54km para hoy y con parte del terreno en el que te matas por avanzar se pueden hacer eternos.
A las 8 dan la salida. Hoy no me pienso despegar de mis compañeros, vamos un grupo de cuatro, Alonso, Manolo, Paco y Yo. Hoy nos metemos por terreno malo nada mas empezar. Continuas subidas y bajadas, los pies mojados nada mas empezar. Vamos pegados a la costa, junto a un sin fin de acantilados. En nuestro camino hay muchos torrentes de agua que buscan el mar y han excavado profundas grietas en la tierra, las mismas que nos toca de atravesar, bajando al fondo y trepando para salir de ellas. Las vistas son inbreibles, y hoy el cielo acompaña, hace frio pero al menos no llueve.





La cosa va lenta, en dos horas apenas hemos avanzado 8 o 9 kilometros, continuamente subimos a algún punto alto para tratar de ver en la distancia alguna marca que nos guie por el camino correcto. De vez en cuando bromeo parodiando a Bear Grils, "el último superviviente", y Manolo me graba en video haciendo el chorras, total, que mas dá un minuto mas o uno menos, hoy el dia va a ser largo, mejor poner una sonrisa de vez en cuando y relajar los animos. Con el paso de los kilometros me doy cuenta de que el pie no me molesta nada, ¿a que la almohadilla va a ser la solucion?, mi mente se torna cada vez mas positiva, voy disfrutando, aunque la etapa está siendo dura y queda mucho por delante, ahora pienso en que quizas logre llegar a meta algún dia mas.
Seguimos junto a los acantilados, y pasado un control hemos de buscar la playa, por ella correremos varios kilometros. La marea está baja y se puede correr bien, apenas te hundes en algunas zonas.




Salimos de la playa y llegamos a un camino, se puede correr bien, ahora recuperamos parte del tiempo perdido durante los primeros kilómetros. Pasada una hora notamos los efectos de etapa de ayer, las piernas van muy cargadas y la mochila parece aumentar de peso con el paso de las horas. Nuestro trote es cada vez mas pesado, lento y torpe, cuando uno de los cuatro se para lo hacemos todos y continuamos caminando unos minutos para recuperar. El camino es de continuo sube-baja, nos está quemando, ahora que se puede correr y ya vamos machacados. Se notan los largos silencios, cada uno inmerso en su mente, el sonido de las zapatillas al trotar es como una letanía, como un mantra que se repite y se clava en el cerebro una y otra vez. Yo resoplo y pido en mi interior que uno de los otros pare para darnos un respiro a todos, no quiero ser yo el que pare al grupo. El equipo de Gales nos pisa los talones, ayer iban fuerte pero hoy los llevamos por detras, es lo que nos mete presión y nos empuja a no flaquear. La etapa de hoy se está haciendo muy larga, 54km que parecen el doble, es como si los kilometros fueran millas.

Llegamos a un control en el que Artemio está de voluntario, nos dice que mañana se larga de vuelta a España, no le apetece pasar los dias ayudando a la organización y viendonos a nosotros correr sin el poder hacerlo. La carrera no es como el la imaginaba, no pensaba que el terreno fuera así, no venía preparado para esto. Nosotros , al fin y al cabo, estamos acostumbrados a la montaña, a caminar por sitios dificiles, a correr bajo cualquier inclemencia del tiempo, con lluvia, frio, viento, etc. El, es mas de maratones y medias por asfalto, el año pasado Sables se le dió bien y pensó que esto sería parecido. Es una pena que se vaya con este mal sabor de boca.
Yo me noto en el pie izquierdo la formación de una ampolla, justo en la almohadilla. Los kilómetros, los pies mojados continuamente y las duras zapatillas de montaña luchando ahora por el asfalto han sido el caldo de cultivo de esta nueva invitada a la fiesta. Justo hago el comentario de la ampolla y Paco se para de golpe pues lleva rato sintiendo lo mismo en sus pies. El tio está de muy mal humor, dice que no recuerda la última vez que tuvo una ampolla y que no es el momento mas indicado. Yo le digo que esto es así, y que las condiciones son las idoneas para que te pase esto.
Poco a poco nos vamos separando, Alonso se va alejando, Paco se mantiene junto a nosotros hasta cinco o seis kilometros de meta, y Manolo y yo vamos juntos hasta el final. Llegamos a un bosque que rodea un lago precioso, es como una recarga de energía para nuestro cuerpo, según el mapa estamos muy cerca de la meta en Port Ascaig. Hace rato que no vemos detras nuestra al equipo de Gales, la etapa también se les ha atragantado´, llevan horas metiendonos presión pero se ve que han tirado la toalla. Salimos del bosque y vemos el puerto, desde este tomaremos el ferry para pasar a la otra isla, Jura, donde dormiremos esta noche y se disputaran las tres etapas restantes.




Tras un poco de confuíón encontramos el camino que baja al puerto, hay una carretera que da un rodeo y llega claramente, pero damos con un sendero que llega mas directo y a cuyo final se encuentra la meta.
Llegamos y nos cambiamos de ropa para no enfriarnos. A los pocos minutos aparecen los de Gales que se vienen directamente a felicitarnos por la etapa, se ve que han estado tratando de cazarnos y nos quieren reconocer el trabajo, son buena gente.
Ha sido un dia infernal, pero junto a meta hay un pub con cerveza fresca y aún queda mucho para que salga el último ferry. El cocinero del bar es un chino nacido en Madrid hace mas de cuarenta años, habla español con mucha soltura, se llama Juan, por un momento me parece surrealista la escena: una pinta de cerveza en mi mano, una guapa camarera rusa, de Kazajastan, un chino al que llamamos Juanito, y Artemio que entra en el pub y nos dice que a Javi le ha embestido una vaca y que va maltrecho cerrando carrera.
El chino nos propone un menú a base de vieiras enormes, cigalas a la plancha y pulpo a la gallega. Ha bajado al puerto y al rato ha subido con dos cajas de vieiras y cigalas vivas. Aceptamos el trato, un dia como este merece un homenaje para compensar los malos ratos. Phil, se queda flipado de ver lo que nos vamos a zampar, y yo le digo de guasa que es pura autosuficiencia, que nos hemos buscado la vida a expensas de la organización que es de lo que se trata. El mismo Phil se toma unas cervezas junto a nosotros y le damos a probar las cigalas y las vieiras, que son enormes.

En pleno festin aparece Javi, negro de barro de la cabeza a los pies, con la cara desencajada, ha entrado el último en meta y falta poco para el último ferry. Nos cuenta la historia de la vaca y no podemos parar de reirnos de ver como lo va explicando, hasta los escoceses lloran de la risa de vernos a nosotros reir y de ver a Javi como se explica escenificando la tragedia. Phil, mientras se bebe las lágrimas de la risa tiene la ocurrencia de apuntar a Javi con un dedo y llamarlo "Matadorrrrr", y ahora es cuando ya no paramos de llorar a lágrima viva, con dolor de barriga, y de llamar al escoces "Cabrón".

Llega la hora de tomar el ferry, aún con lagrimas en los ojos nos subimos al barco que nos cruza en pocos minutos a Jura, tierra de vikingos, de ciervos y de mas destilerias de whisky de malta. La experiencia me está resultando maravillosa, los paisajes, la dura carrera, la gente.....y mañana mas.
Artemio se va a quedar un día mas, ayudará a la organización como voluntario en la etapa de mañana, pero al día siguiente se marchará de vuelta a casa.
Me meto en el saco y escucho un poco de música, y a las 22:00h mas o menos me quedo dormido. Me cuesta bastante dormir, mi cuerpo ha sufrido mucho castigo después de tatos días de fisio sin entrenar, y me duelen hasta las orejas. Hace un frío que pela y salir a orinar es un acto de hombría sin igual, je je, os lo aseguro.
Mas o menos a las 6h me levanto y comienzo a preparar mi pie derecho, hoy no me puede fallar. He traído unas plantillas de descarga para los metatarsos y me pongo una bien amarrada para que no se me desplace con el agua, ya que estamos continuamente con los pies mojados.
De momento no llueve, pero vamos a salir con la ropa de agua, visto lo visto es la mejor opción. Ayer hubo gente que pillaron cantidad de garrapatas (ellos las llaman "tic") por llevar pantalón corto por el terreno "maldito", y hoy nos avisan que llevemos pantalón largo pues hay muchos kilómetros de este tipo de terreno. No es una buena noticia, 54km para hoy y con parte del terreno en el que te matas por avanzar se pueden hacer eternos.
A las 8 dan la salida. Hoy no me pienso despegar de mis compañeros, vamos un grupo de cuatro, Alonso, Manolo, Paco y Yo. Hoy nos metemos por terreno malo nada mas empezar. Continuas subidas y bajadas, los pies mojados nada mas empezar. Vamos pegados a la costa, junto a un sin fin de acantilados. En nuestro camino hay muchos torrentes de agua que buscan el mar y han excavado profundas grietas en la tierra, las mismas que nos toca de atravesar, bajando al fondo y trepando para salir de ellas. Las vistas son inbreibles, y hoy el cielo acompaña, hace frio pero al menos no llueve.
La cosa va lenta, en dos horas apenas hemos avanzado 8 o 9 kilometros, continuamente subimos a algún punto alto para tratar de ver en la distancia alguna marca que nos guie por el camino correcto. De vez en cuando bromeo parodiando a Bear Grils, "el último superviviente", y Manolo me graba en video haciendo el chorras, total, que mas dá un minuto mas o uno menos, hoy el dia va a ser largo, mejor poner una sonrisa de vez en cuando y relajar los animos. Con el paso de los kilometros me doy cuenta de que el pie no me molesta nada, ¿a que la almohadilla va a ser la solucion?, mi mente se torna cada vez mas positiva, voy disfrutando, aunque la etapa está siendo dura y queda mucho por delante, ahora pienso en que quizas logre llegar a meta algún dia mas.
Seguimos junto a los acantilados, y pasado un control hemos de buscar la playa, por ella correremos varios kilometros. La marea está baja y se puede correr bien, apenas te hundes en algunas zonas.
Salimos de la playa y llegamos a un camino, se puede correr bien, ahora recuperamos parte del tiempo perdido durante los primeros kilómetros. Pasada una hora notamos los efectos de etapa de ayer, las piernas van muy cargadas y la mochila parece aumentar de peso con el paso de las horas. Nuestro trote es cada vez mas pesado, lento y torpe, cuando uno de los cuatro se para lo hacemos todos y continuamos caminando unos minutos para recuperar. El camino es de continuo sube-baja, nos está quemando, ahora que se puede correr y ya vamos machacados. Se notan los largos silencios, cada uno inmerso en su mente, el sonido de las zapatillas al trotar es como una letanía, como un mantra que se repite y se clava en el cerebro una y otra vez. Yo resoplo y pido en mi interior que uno de los otros pare para darnos un respiro a todos, no quiero ser yo el que pare al grupo. El equipo de Gales nos pisa los talones, ayer iban fuerte pero hoy los llevamos por detras, es lo que nos mete presión y nos empuja a no flaquear. La etapa de hoy se está haciendo muy larga, 54km que parecen el doble, es como si los kilometros fueran millas.
Llegamos a un control en el que Artemio está de voluntario, nos dice que mañana se larga de vuelta a España, no le apetece pasar los dias ayudando a la organización y viendonos a nosotros correr sin el poder hacerlo. La carrera no es como el la imaginaba, no pensaba que el terreno fuera así, no venía preparado para esto. Nosotros , al fin y al cabo, estamos acostumbrados a la montaña, a caminar por sitios dificiles, a correr bajo cualquier inclemencia del tiempo, con lluvia, frio, viento, etc. El, es mas de maratones y medias por asfalto, el año pasado Sables se le dió bien y pensó que esto sería parecido. Es una pena que se vaya con este mal sabor de boca.
Yo me noto en el pie izquierdo la formación de una ampolla, justo en la almohadilla. Los kilómetros, los pies mojados continuamente y las duras zapatillas de montaña luchando ahora por el asfalto han sido el caldo de cultivo de esta nueva invitada a la fiesta. Justo hago el comentario de la ampolla y Paco se para de golpe pues lleva rato sintiendo lo mismo en sus pies. El tio está de muy mal humor, dice que no recuerda la última vez que tuvo una ampolla y que no es el momento mas indicado. Yo le digo que esto es así, y que las condiciones son las idoneas para que te pase esto.
Poco a poco nos vamos separando, Alonso se va alejando, Paco se mantiene junto a nosotros hasta cinco o seis kilometros de meta, y Manolo y yo vamos juntos hasta el final. Llegamos a un bosque que rodea un lago precioso, es como una recarga de energía para nuestro cuerpo, según el mapa estamos muy cerca de la meta en Port Ascaig. Hace rato que no vemos detras nuestra al equipo de Gales, la etapa también se les ha atragantado´, llevan horas metiendonos presión pero se ve que han tirado la toalla. Salimos del bosque y vemos el puerto, desde este tomaremos el ferry para pasar a la otra isla, Jura, donde dormiremos esta noche y se disputaran las tres etapas restantes.
Tras un poco de confuíón encontramos el camino que baja al puerto, hay una carretera que da un rodeo y llega claramente, pero damos con un sendero que llega mas directo y a cuyo final se encuentra la meta.
Llegamos y nos cambiamos de ropa para no enfriarnos. A los pocos minutos aparecen los de Gales que se vienen directamente a felicitarnos por la etapa, se ve que han estado tratando de cazarnos y nos quieren reconocer el trabajo, son buena gente.
Ha sido un dia infernal, pero junto a meta hay un pub con cerveza fresca y aún queda mucho para que salga el último ferry. El cocinero del bar es un chino nacido en Madrid hace mas de cuarenta años, habla español con mucha soltura, se llama Juan, por un momento me parece surrealista la escena: una pinta de cerveza en mi mano, una guapa camarera rusa, de Kazajastan, un chino al que llamamos Juanito, y Artemio que entra en el pub y nos dice que a Javi le ha embestido una vaca y que va maltrecho cerrando carrera.
El chino nos propone un menú a base de vieiras enormes, cigalas a la plancha y pulpo a la gallega. Ha bajado al puerto y al rato ha subido con dos cajas de vieiras y cigalas vivas. Aceptamos el trato, un dia como este merece un homenaje para compensar los malos ratos. Phil, se queda flipado de ver lo que nos vamos a zampar, y yo le digo de guasa que es pura autosuficiencia, que nos hemos buscado la vida a expensas de la organización que es de lo que se trata. El mismo Phil se toma unas cervezas junto a nosotros y le damos a probar las cigalas y las vieiras, que son enormes.

En pleno festin aparece Javi, negro de barro de la cabeza a los pies, con la cara desencajada, ha entrado el último en meta y falta poco para el último ferry. Nos cuenta la historia de la vaca y no podemos parar de reirnos de ver como lo va explicando, hasta los escoceses lloran de la risa de vernos a nosotros reir y de ver a Javi como se explica escenificando la tragedia. Phil, mientras se bebe las lágrimas de la risa tiene la ocurrencia de apuntar a Javi con un dedo y llamarlo "Matadorrrrr", y ahora es cuando ya no paramos de llorar a lágrima viva, con dolor de barriga, y de llamar al escoces "Cabrón".
Llega la hora de tomar el ferry, aún con lagrimas en los ojos nos subimos al barco que nos cruza en pocos minutos a Jura, tierra de vikingos, de ciervos y de mas destilerias de whisky de malta. La experiencia me está resultando maravillosa, los paisajes, la dura carrera, la gente.....y mañana mas.
viernes, 14 de mayo de 2010
Scottish Ultra: primera etapa.

Viernes 30 de Abril. Salgo del trabajo, voy a casa a comer y preparar las maletas. A las 17h me recogen mis compañeros de equipo y nos vamos en coche dirección a Malaga. Soy un mar de dudas. Un mes lesionado, tres semanas en el dique seco, 12 sesiones de físio. Solo quiero llegar a Islay. No se si podré correr, ni siquiera se si podré terminar la primera etapa caminando. Mi idea es desconectar del trabajo unos días, ya está todo pagado, al menos tengo que intentarlo y si no puedo.....disfrutar del viaje y animar a los demás.
Volamos desde Malaga al aeropuerto de Prestwick, y una vez allí una hora de taxi hasta el aeropuerto internacional de Glasgow. En el mismo aeropuerto nos alojamos en el hotel Holiday Inn para volar a las 8:30h hasta la isla de Islay.
Desayunamos en el aeropuerto, mis cuatro compañeros de Algeciras y Artemio que viene desde Zaragoza. Artemio compartíó haima con nosotros en Sables el año pasado, y fruto de esta convivencia surgió el deseo de acompañarnos este año a la carrera que eligiéramos.
En la puerta de embarque coincidimos con otros corredores de Inglaterra y de Gales que también van a la carrera. Es fácil identificarlos, un avión pequeño, una isla pequeña, zapatillas de montaña, no hay que ser del CSI para adivinarlo.
Yo entablo conversación con un corredor de Gales, ha estado corriendo en Sudafrica otra prueba por etapas y ha elegido esta por cercanía y porque tiene buena pinta.
Vuelo corto, aeropuerto diminuto, recepción por parte de Phil, mano derecha de David Scott el director de carrera. Bromas, buen rollo, traslado a la destilería de Ardbeg donde está el primer campamento.
Tras un control poco exaustivo (nada de pijadas, lo justo) nos vamos de paseo a Port Ellen, el pueblo mas cercano. Algunas fotos, el paisaje lo merece, tomamos una cerveza y hacemos tiempo para regresar a tiempo para la visita a la destilería a las 13h.
El tiempo empeora, hace frío y comienza a llover, esto es Escocia y todo lo demás es una ilusión óptica. Eligen el mes de Mayo para celebrar la carrera porque es el mes menos lluvioso del año, pero esto es lo normal y a esto hemos venido.
Tras la visita degustamos varios tipos de whisky de malta. Yo me siento muy relajado, no pienso en la etapa de mañana, solo quiero divertirme y reír lo que pueda.
A las 16h nos llevan a un almacén donde han preparado un proyector, música celta y participamos en una especie de rito de hermanamiento pasando un recipiente plateado lleno de whisky y bebiendo todos de el. Proyectan un vídeo con imagenes del año pasado, ahora ya empiezo a tener un poco de nervios, y luego explican la carrera con imagenes en 3D del recorrido de las diferentes etapas.
Tras la cena de la pasta nos recogen una bolsa con la comida para los cinco días. Debemos entregar una bolsa con un limite de 4kg de comida para los cinco días. Como las condiciones de la carrera obligan a llevar mucho peso de ropa en la mochila, la organización establece en el reglamento que, aunque es en autosuficiencia, es necesario ropa seca y ropa para el clima extremo en la mochila y nos resta el espacio de la comida transportándola ellos. La verdad es que yo voy justo de ropa y la mochila Raidlight va a tope, sería imposible meter la comida en esta mochila, y es la misma que llevé a Sables.
Entre material obligatorio, cazo, pastillas de fuego, infernillo, saco, aislante, ropa térmica para dormir, mallas térmicas, camiseta térmica, tres pares de calcetines, dos camisetas tecnicas, una malla corta, dos buff, un par de guantes, un gorro windstopper, dos calzoncillos, frontal, mp3, cámara de fotos, botiquín, pilas, pantalón para la lluvia,chaqueta goretex-paclite.....no me cabe nada mas en la mochila.
Nos vamos cada cual a su tienda. Mientras llueve en el exterior, preparamos la ropa para la mañana siguiente, charlo un rato con Artemio y me meto en el saco a dormir. A las 4:45h amanece, noto la claridad y doy un bote, pienso que me he quedado dormido, pero no, aquí amanece a esta hora, aunque anochece sobre las 21:30h. Ya no consigo pegar ojo, ahora comienzan los nervios, me abrigo y salgo de la tienda para ir al baño. Llueve y el cielo está muy cerrado, no tiene pinta de que vaya a mejorar. Poco a poco la gente comienza a dar señales de vida. Desayuno un sobre de muesli con capuccino, los traigo preparados en bolsas zip solo para añadirles agua.
Se acerca la hora y nos vamos reuniendo junto a la zona de salida. Chaqueta de gore-tex y pantalon OMM para la lluvia, hoy lo tenemos claro.
A las 8:00h dan la salida, corremos por una carretera, como es domingo no hay nada de tráfico (tampoco hay tanto el resto de los días en esta diminuta isla). Comienzo a sentir frío en las manos, pero no quiero parar tan pronto y perder a mis compañeros. Pasan unos minutos y la cosa va a peor, se me están agarrotando los dedos
y me veo obligado a parar. Abrir la cremallera me cuesta una barbaridad, no siento casi los dedos, hago unos molinillos con los brazos para que me llegue la sangre a los dedos. Tardo un rato en ponerme los guantes, tengo las manos heladas, menudo fallo no salir con los guantes puestos.
He perdido al grupo, solo alcanzo a ver a lo lejos a Artemio, pero tendré que correr muy rápido para poder cazarlo, así que sigo a mi ritmo. La etapa es de 38,5km, ya habrá tiempo de ir pasando a gente. Tras varios kilómetros de asfalto comienza la verdadera Scottish Ultra, ya teníamos la lluvia y el frío, ahora nos toca adentrarnos en la turba. Aparentemente solo es hierba alta, pero bajo nuestros pies el suelo es como un enorme cartón de huevos, o metes la pierna hasta la rodilla o encuentras firme donde pisar, avanzas con el pie derecho y te hundes, pisas con el izquierdo y a ver que te encuentras. Los pies siempre empapados, bajo la hierba hay agua o fango, firme o grieta, y a cada rato hay que saltar algún arroyuelo. Esto es lo que nos espera en las cinco etapas, es lo que marca la diferencia en esta carrera, montañas y acantilados hay en todas partes, pero este tipo de suelo es el que te desespera y agota cada día en la Scottish.
Vamos pegados a la costa, sobre los acantilados, hay que ir pendientes para localizar las banderas de color naranja que indican la dirección a seguir. Las banderas están muy distanciadas, a veces a un kilómetro y otras a tres o cuatro. Cuando llevas bastante rato sin ver una ya empiezas a dudar si estas perdido, y por suerte hoy no hay apenas niebla, en días posteriores la niebla si será un problema.
Hace rato que me ha empezado a doler el pié derecho, la lesión ha vuelto a aparecer, esto es lo que mas temía, podré aguantar hasta el final de la etapa pero ¿y mañana que?
Voy en dirección a un faro en un acantilado, hay un control de paso en el, y tras de mí escucho una voz que me llama, es Paco, no me explico que hace por detrás si me llevaban mucha ventaja. Paco me cuenta que se ha perdido junto a Artemio y que eso les ha retrasado un buen rato.
La bajada por el acantilado tiene su peligrosidad, el terreno resbala una barbaridad y hay que andarse con mucho ojo. Continuamos por la orilla del mar, las rocas mojadas y llenas de algas son una constante amenaza de caída. Llevo casi todo el día haciendo la goma con el corredor de Gales que conocí en el aeropuerto y con el equipo ingles, tres chavales a los que apodamos "los bomberos".
Tras unos kilómetros salimos de la costa y volvemos a la turba, al terreno maldito. La etapa me está pareciendo demasiado dura para el primer día, estoy muy cansado y aún quedan varios kilómetros por delante. Trato de buscar el mejor sitio para avanzar, pero es imposible acertar, cada dos por tres me veo metido hasta las rodillas en una agujero de lodo, me da la risa floja, oigo a "los bomberos" maldecir y reírse a la vez, nos vamos haciendo indicaciones de por donde parece mejor terreno para pisar. Por fin llego a un carril por el que hay que continuar, aprovecho para correr y dejar atrás al equipo ingles. Según el mapa voy dirección a un bosque y tras atravesarlo la meta ya queda muy cerca, unos 8km en total.
Ha dejado de llover y cuando asoma el sol se nota algo de calor, parece mentira. Corro sin parar para descolgar a los ingleses, parece una bobada pero quizás sea mi primera y última etapa y quiero hacerlo lo mejor posible. Da gusto correr por el bosque, el camino es firme y el sitio es muy guapo. Ya queda poco para llegar al campamento, he dejado el bosque atrás y vuelvo a ver la costa, según el mapa la etapa acaba junto al mar. Me acuerdo de Fidel Martí y en su memoria pienso entrar en meta gritando ¡que se jodan! su grito de guerra. Fidel falleció unos días antes del que iba a ser su décimo Marathon des Sables, un gran tipo, una gran persona.
Por fin llego a meta, lo he logrado. Alonso ha entrado junto a dos escoceses en primera posición, Manolo, Paco y Javi han llegado de forma escalonada, y nos dan la noticia de que Artemio se ha perdido, aún no ha pasado por aquel faro en el acantilado. Tras una tensa espera aparece Artemio y nos cuenta sus desventuras, se ha caído en varias ocasiones, viene manchado de barro de la cabeza a los pies, se ha torcido un tobillo y al final ha encontrado una carretera y un señor en una moto lo ha traído al campamento. Mañana no podrá salir, la carrera se ha acabado para el. En total la etapa se cobra cinco retirados. Ahora entiendo cuando David Scott nos avisaba de que esta carrera es muy dura, no era un farol para atraer a la gente, era un aviso para evitar sorpresas.
Ahora queda ponerme ropa seca y hacerme un sobre de comida. Me tomo un ibuprofeno y pienso en los 54km de la etapa de mañana, ¿podré salir a correr? ya veremos como paso la noche. Lo único claro es que esto va a ser de nuevo una guerra, otra vez seremos los Tercios de Flandes, lucharemos en el barro sin dar un paso atras.
jueves, 13 de mayo de 2010
Scottish Ultra: party post carrera.
Antes de empezar a contar las desventuras, calamidades e incidencias de la carrera, voy a mostrar un video que me tomaron en el Pub del hotel donde celebramos el final de la Scottish Ultra. Con alguna cerveza en el cuerpo y mi habitual sentido del humor, parodié a los miembros de la organización que hicieron un par de horas antes una subasta para recaudar fondos para una causa humanitaria. Este es el resultado (los escoceses se lo tomaron con muy buen humor).
domingo, 9 de mayo de 2010
De vuelta de Escocia
Ya he regresado. La carrera ha sido de extrema dureza, estoy agotado. Ganamos por equipos, quedé septimo en la general. El pié se ha comportado. Lluvia, niebla y viento artico. El terreno es intratable, los pies siempre mojados, mucho monte, mucho barro, muchas grietas, muchos arroyos. Dos uñas menos, alguna ampolla. 22 valientes, muchos abandonos. Siempre tirando de mapa. Habrá crónica, fotos y videos. Ahora estoy cansado.
martes, 27 de abril de 2010
¡Corre, Patti, corre!

Patti Wilson era todavía muy pequeña cuando su médico le dijo que era epiléptica. A su padre, Jim Wilson, le encantaba salir a correr cada mañana. Un día, en su adolescencia, ella le sonrió y, a pesar de su dispositivo ortopédico, le dijo:
—Papá, me encantaría salir a correr contigo todos los días, pero me temo que me darían calambres.
—En ese caso, sé lo que podemos hacer, de modo que ¡adelante!
Y eso era lo que hacían todos los días. Para ellos era una experienciagratísima de compartir y ella no sentía absolutamente ningún calambre mientras corría.
—Papá —confió a su padre después de algunas semanas—, lo que en realidad me gustaría es superar el récord mundial de fondo en categoría femenina.
Él se fijó en el Libro Guiness de los récords y comprobó que la mayor distancia que había corrido una mujer eran unos 128 kilómetros. Nada más comenzar el curso en la escuela secundaria, Patti anunció que iba a correr desde el condado de Orange hasta San Francisco, una distancia de 644 kilómetros.
—El próximo año —continuó—, pienso correr hasta Portland, Oregón, 2400 kilómetros. Cuando comience mis clases en la universidad correré hasta San Luis, unos 3200 kilómetros; y cuando termine mis estudios correré hasta la Casa Blanca, más de 4800 kilómetros.
A pesar de sus problemas físicos, Patti era tan ambiciosa como entusiasta; decía que, para ella, su epilepsia no era más que un simple «inconveniente». No se concentraba en lo que había perdido, sino en lo que le quedaba.
Ese año terminó su carrera a San Francisco con una camiseta que proclamaba «Adoro a los epilépticos». Su padre corrió junto a ella desde el primero al último kilómetro, y su madre, enfermera, los siguió en una caravana por si a alguno de los dos les pasaba algo.

En su segundo año los compañeros de clase de Patti fueron tras ella.
Habían preparado un gigantesco cartel que decía: «¡Corre, Patti, corre!». Desde entonces, esta frase es su lema y además el título de un libro que ha escrito. En su segunda carrera, mientras iba corriendo hacia Portland, se fracturó un hueso del pie y un médico le dijo que debía abandonar porque, de no inmovilizar la fractura, el daño sería permanente.
—Doctor, usted no me entiende —fue su respuesta—. Esta carrera no es un simple capricho, ¡es una obsesión magnífica! No lo hago simplemente por mí, sino para romper las cadenas cerebrales que limitan a tantas personas. ¿No hay manera de que pueda seguir corriendo?
Entonces le dio una opción. Le dijo que en vez de un vendaje de escayola podía hacérselo con venda adhesiva, pero le advirtió que sería increíblemente doloroso. Patti le dijo que lo hiciera.
Terminó la carrera a Portland corriendo los últimos 1500 metros con el gobernador del estado de Oregón. Tal vez hayáis visto los titulares: «La super corredora Patti Wilson termina el maratón para epilépticos el día que cumple diecisiete años».
Tras haber pasado cuatro meses corriendo casi continuamente de la Costa Oeste a la Costa Este de los Estados Unidos, Patti llegó a Washington para estrechar la mano del presidente de los Estados Unidos, a quien dijo: «quería que la gente supiera que los epilépticos somos seres humanos normales que llevamos una vida normal».
No hace mucho, conté este episodio en uno de mis seminarios y después un hombrón se me acercó, con los ojos llenos de lágrimas y tendiéndome su recia manaza, para decirme:
—Mark, soy Jim Wilson, y acabas de hablar de mi hija.
Me contó que, con sus nobles esfuerzos, Patti había conseguido reunir el dinero suficiente para abrir diecinueve centros para epilépticos repartidos por todo el país.
Si Patti Wilson es capaz de hacer tanto con tan poco, ¿qué no podréis hacer vosotros, los que estáis perfectamente bien, para superaros continuamente como ella?
Me marcho a Escocia el viernes, aún con alguna molestia en el pié derecho, y con la incertidumbre de ¿que pasará con el paso de los kilometros? Espero que todo vaya bien, pero si la cosa se pone fea recordaré tantas historias como esta de Patti que nos hacen ver que todo es posible si tenemos la motivación suficiente y las ganas de luchar hasta el final.
Fuente: motivación y superación
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