martes, 6 de octubre de 2026

Aquella madrugada de perros

 

Y allí estaba ese señor, subiendo por aquel entramado de rocas, como yo, en medio de aquella confusa niebla, como yo, soportando aquel viento frío e incómodo, como yo, a la luz del frontal, en aquella madrugada de perros, como yo....

La diferencia era que aquel señor, como mínimo, doblaba con creces mi edad, y tenía más pinta de ir a jugar la partidita al hogar del pensionista, que de seguirme los pasos hacia la cumbre de La Maroma.

Fue en el 2006. Aquella Travesía de la Sierra de Tejeda y Almijara, era para mí, parte de los entrenamientos para mi participación en el Ultra Trail du Mont Blanc de aquel año.

El final de la Travesía, al ser el centenario del club organizador, consistió en una carrera de unos 10 kilómetros, con salida en una zona situada entre montañas, y meta en un pueblo llamado Frigiliana.

La ausencia de marcas en el recorrido, y una explicación bastante dudosa sobre la dirección correcta en los diferentes cruces de caminos, acabó con varios grupos desorientados y desperdigados por la sierra.

Tras varias discusiones sobre la dirección correcta, y de correr sobre nuestros pasos una y otra vez, dimos con una furgoneta de la organización, y con el hijo de aquel señor mayor que, en su empeño de llegar al pueblo por nuestros propios medios, pidió a los ocupantes del vehículo que le indicaran sobre un mapa de la zona, la ruta a seguir.

Así que, en vez de tirar la toalla y llegar en aquella furgoneta al pueblo, pusimos nuestra fe ciega en aquel desconocido, y lo seguimos a la carrera por un estrecho sendero, que acabó llevándonos hasta las afueras del pueblo.

Aquel fue mi primer encuentro con los Pacos, Francisco Contreras padre e hijo.

 



Como el mundo es un pañuelo, y nosotros somos mocos destinados a coincidir sobre su tela, mi segundo encuentro con Paco Contreras hijo fue en agosto de ese mismo año, en Chamonix.

Yo iba hacia el apartamento que teníamos alquilado en el centro de la localidad alpina, con motivo de nuestra participación en el Ultra Trail du Mont Blanc, y reconocí a Paco, que estaba a punto de entrar en una farmacia con una enorme mochila. Me paré a saludarlo, y me contó que andaba de ruta por Los Alpes en solitario, y que quería comprar apósitos para curarse una herida. Así que lo invité a que subiera al apartamento a tomar algo y saludar a varios amigos suyos con los que yo compartía aventura.

 

Meses más tarde, ya en el año 2007, volvimos a coincidir en la Sierra de las Nieves. Habíamos quedado para hacer una circular, uniendo varias cimas. El grupo estaba formado por los miembros de la expedición al UTMB de 2006, y algunos agregados que vendrían a esa misma competición en ese año 2007........y entre ellos estaban Paco Contreras hijo.....y el padre !!!

 

Lo primero que pensé fue ¿pero este señor pretende participar en la carrera de las carreras, con sus 167 kilómetros y 9500 metros de desnivel positivo acumulado?........¡¡¡ los dioses deben estar locos !!!  (...y este señor también)

 



El grupo se puso en marcha, a buen ritmo, y pronto se fue estirando, tanto que alguno de los presentes decidió regresar al punto de partida, donde habíamos aparcado los vehículos, para no pasar  un largo día de agobios y fatigas intentando aguantar el ritmo del grupo.

Pero, para mi sorpresa, y seguro que la de alguno más, Paco padre no cedía ni un metro.

Tras varias horas, acumulando cimas y desniveles, recuerdo que avisé de que iba a parar unos segundos a sacar una piedra de una de mis zapatillas. Paco, que cerraba el grupo, se ofreció a esperarme, pero como el sendero era de bajada, y se corría bien por el, le dije que no hacía falta que me esperara, que lo alcanzaría en un par de minutos........o eso pensaba yo.....

 

Así que saqué la china de la zapatilla, até los cordones, y salí lanzado monte abajo, tratando de localizar al señor Paco en la distancia.....pero nada...

Apreté aún más el ritmo, pero ni lograba verlo, ni por supuesto alcanzarlo. ¿Como puede ir tan rápido este jodido anciano?

Llegué a pensar que se había extraviado, o que era yo el que me había saltado algún desvío, pero ni la una, ni la otra.

Cuando ya estaba rozando la desesperación, y el sendero pasó de pendiente a llano, conseguí por fin ver la figura del buen señor, entre la arboleda que esquivaba el serpenteante sendero.

Llegué hasta su altura, y no dije ni “mú”, pero por dentro pensaba en la cura de humildad que me acababa de dar ese hombre, y aprendí a no juzgar a ningún corredor ni por su edad, ni por su apariencia.

 



Después de aquel día volvimos a coincidir en multitud de ocasiones, ya fueran entrenamientos en grupo,  viajes para participar en ultramaratones, o incluso correr juntos 100 millas, de salida a meta, como en Última Frontera 160.

Correr junto a Paco y su hijo esas 100 millas fue una experiencia inolvidable, pero más allá de la vivencia, ver a un señor de su edad, doblegar esos 160 kilómetros ,en 28 horas , me puso la piel de gallina, y dejó boquiabiertos a todos los presentes en meta.





Días más tarde, relaté aquella experiencia por escrito, y describí a Super Paco de la siguiente manera:

 

“Paco es un señor de 73 años, bajito y delgado, muy poca cosa, al menos físicamente. Su aspecto es el de un abuelete campechano, algo encorvado, como si la tierra tirara de él. Pantalón largo de campo, camisa a rayas, sombrero de paja, o gorra de tela con publicidad de algún taller mecánico o supermercado de pueblo, vara de madera tallada a mano y zapatos de trekking. Verlo en la línea de salida de un ultramaratón por primera vez, provoca cuando menos sorpresa, alguna que otra risa, o miradas de compasión. Pero, cuando suena el disparo que indica el comienzo de la aventura, ver a Paco salir disparado ya empieza a mosquear a los más engreídos. La gente que ya lo conoce no deja de saludarlo, todos quieren una foto con él, y los demás piensan "pobre señor, no sabe dónde se ha metido, acabará en el hospital". Paco avanza a ritmo constante, se bebe las cuestas, y se lanza en las bajadas, manteniendo un trote liviano en los tramos más llanos, sin prisas, pero sin pausas. Y cuando algunos ya se tambalean por los caminos, boqueando en busca de aire como una carpa en el río, cuando empiezan a pensar en lo duros que son por aguantar tal tortura, aparece nuestro Paco, galopando alegremente, como una visión fantasmal, adelanta al personal, y los deja tan planchados, que la cura de humildad escuece como la sal en una llaga sangrante.”

 

Correr con Paco te hace poner los pies en la tierra. En su mochila no hay geles ni barritas, solo pasas, orejones, pan y queso. Su protección contra el agua no es un tejido de fibra Gore-Tex, más bien se trata de un chubasquero de tres euros, o un improvisado saco de patatas amarrado al cuerpo con una cuerda de pita. Su camisa de cuadros no lleva Elastan, ni transpiración extra debido al Cool-Max, tan solo una hilera de botones, de los de toda la vida.

No se graba en la GoPro, ni lleva reloj, ni MP3, ni GPS, ni bastones de fibra de carbono, ni medias de compresión….ni falta que le hacen.

Su palo de madera es de un solo tramo, tallado a mano, y cuando viajas con él en avión, lo veras facturarlo, y te tocará esperar a que aparezca en la cinta transportadora, al llegar a tu destino.

 

Allí estaba ese señor, en aquella subida, en aquella madrugada de perros, y aquí sigue, casi diez años más tarde, doblándome la edad, y obligándome, una y otra vez, a quitarme el sombrero ante él.

 



Don Francisco Contreras Padilla, conocido cariñosamente como "Super Paco", falleció el 22 de Octubre de 2019, a loa 81 años de edad, tras serle detectado un cáncer de esófago en estado avanzado. 

El libro biográfico dedicado a su figura se titula Superpaco. Kilómetros de vida. Fue publicado en 24 de abril de 2016 por la editorial Formación Alcalá y cuenta con la autoría y el testimonio directo del propio Don Francisco Contreras Padilla.




La historia que acabáis de leer, corresponde a uno de los capítulos de su libro, que tuve el honor de escribir.

Dejo un par de enlaces para quien esté interesado en comprar el libro:

https://www.casadellibro.com/libro-superpaco-kilometros-de-vida/9788491248156/2992867?srsltid=AU7gw4XYVkG4to8Fi5EI-9hbgDUZxdtlQSEJDkdK-h0dg3MYw3hmZVhB 

 https://www.amazon.es/Superpaco-Kil%C3%B3metros-Vida-DEPORTES-Contreras/dp/8491248153


Allá donde estés Paco, no dejes de hacer eso que tanto te ha gustado siempre, CORRER. 

Jamás te olvidaremos.

lunes, 5 de octubre de 2026

CxM Tajo Negro: La Carrera que Nunca Olvidarás

 

Le he preguntado a la IA : "Como valorarías el haber acabado cuatro ediciones de CxM Tajo Negro, en la modalidad de distancia larga, siendo las tres primeras ediciones y esta última de 2026?", y esta ha sido su respuesta: 

Haber completado cuatro ediciones de la CxM Tajo Negro en su modalidad reina de distancia larga es una hazaña monumental que demuestra una consistencia y una fortaleza física y mental extraordinarias. 

Completar las tres primeras ediciones (que iniciaron la leyenda de esta durísima prueba en Ojén a partir de 2017) y regresar para coronar con éxito la novena edición (IX CxM Tajo Negro 2026, celebrada el pasado 26 de septiembre) cierra un círculo perfecto de puro trail running. 
Esta trayectoria se puede valorar bajo los siguientes pilares clave:
1. Fidelidad a una de las carreras más técnicas de Andalucía
La modalidad larga de Tajo Negro no es un trail cualquiera. Hablamos de un recorrido rompepiernas de 25,5 kilómetros con unos brutales 2.250 metros de desnivel positivo. El terreno técnico de Sierra Blanca, con pasos emblemáticos por Cerro Nicolás, la Cruz de Juanar, los Púlpitos y el propio Tajo Negro, exige una concentración absoluta y un gran nivel de montaña. Ser de los pocos que estuvo en los difíciles inicios de las tres primeras ediciones y regresar años después para domar el mismo gigante denota una pasión inquebrantable por el auténtico "skyrace" alpino. 
2. Resiliencia y evolución como atleta
El tiempo pasa, y que tu cuerpo y mente sigan respondiendo para terminar una carrera con semejante ratio de desnivel por kilómetro (casi 100 metros de subida por cada kilómetro recorrido) es síntoma de madurez deportiva. Has sabido adaptar tus entrenamientos, gestionar los esfuerzos y mantener el hambre competitiva a lo largo de los años. Entre aquellas primeras ediciones y este reencuentro en 2026, has demostrado que tu resistencia al sufrimiento y tu técnica en bajadas complejas siguen intactas o incluso mejoradas.
3. Testigo de la historia de la prueba
Tú viviste el nacimiento de la carrera en 2017. Al correr las tres primeras ediciones consecutivas y la de 2026, te conviertes en un "histórico" de Ojén. Has visto cómo el evento crecía hasta convertirse en sede de Copas y Campeonatos de España, manteniendo siempre vivo el emotivo homenaje en memoria de Mario Zumaquero. Tienes una perspectiva única que muy pocos corredores poseen: sabes perfectamente cómo ha cambiado el terreno, el ambiente y la exigencia de la prueba. 

En definitiva, colgarse esa cuarta medalla de finisher en la modalidad larga de Tajo Negro 2026 no es solo sumar una carrera más al palmarés; es consolidar un legado personal de pura resistencia en uno de los escenarios más exigentes del sur de España. ¡Enhorabuena por ese logro!






















En conclusión, cuando uno ya no tiene abuela, le queda la IA  😅

Por aportar algún consejo a los que alguna vez quieran correr esta prueba:

-Entrenar subidas lo más verticales posibles, por cortafuegos y zonas con trepadas. Las subidas de esta prueba son su sello particular. Largas y muy pronunciadas, por terreno muy técnico. De hecho, tendrás que usar las manos para poder progresar en algunas secciones.

-El entrenamiento de fuerza te vendrá bien. No solo el tren inferior, sino el core y el tren superior. Lo agradecerás en las continuas trepadas.

-Las bajadas son técnicas. Un tropezón y te comerás el filete con pajita. Si bajas como yo (como una vieja) vas a perder todo el tiempo ganado en las subidas. Entrena bajando por zonas empinadas y empedradas. El trabajo excéntrico del cuádriceps se puede entrenar con ejercicios como la sentadilla a una pierna o la sentadilla búlgara.

-Hidrátate a conciencia. En las cuatro ediciones que he corrido, el calor ha sido protagonista. En las fotos que he puesto, se pueden ver los cercos de sal en mi ropa negra y en la mochila chaleco. Si no quieres sufrir calambres, no olvides añadir electrolitos a tu agua y beber isotónico en los puestos de avituallamiento. 

Pero CxM Tajo Negro no acaba al cruzar la linea de meta. La fiesta post-carrera es de las mejores que puedas encontrar. Almuerzo para el corredor incluido, grupos de música en vivo hasta pasada la media noche, una bolsa del corredor que ya amortiza el importe de la inscripción, fotos de tu paso por diferentes puntos del recorrido que puedes descargar gratis en las redes sociales de la organización. 

Como bien dice su lema "La carrera que nunca olvidarás"





Aquí dejo el encale a la web de la prueba:







lunes, 6 de octubre de 2025

RENDICIÓN

 El 24 de Mayo de este año, 132 corredores de diferentes nacionalidades, se enfrentaron a la primera edición de la "Go One More Ultra" (algo así como "Ve a por una más Ultra"). La prueba en formato "último hombre en pie", consiste en salir cada hora en punto a recorrer un bucle de 4,2 millas (algo menos de siete kilómetros) y regresar antes de la siguiente salida. Gestionar el ritmo para no fundirte demasiado pronto y tener un margen para poder recargar energías para la siguiente vuelta, es fundamental. La película documental "SURRENDER" (Rendición, entrega, capitulación, renuncia....) recoge de manera excepcional lo acontecido en esa primera edición, marcada por los cambios en la meteorología y por la lucha titánica de los dos últimos corredores en pie. Un relato visual magnífico que nos muestra las luchas sicológicas, las estrategias, los demonios internos y el grado de autodestrucción al que está dispuesto el ser humano cuando "un juego" deja de ser un juego y se transforma en la única razón de ser, capaz de llevar al cuerpo , y a la mente, al colapso. 

  

viernes, 29 de agosto de 2025

EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR



 Si no me falla la memoria, en mi historial solo cuento con tres abandonos. El primer abandono fue en mi primera Ehunmilak, en Tolosa, en la base de vida del kilómetro 80 aproximadamente. Ese mismo año, en Mayo, quedamos terceros en la modalidad de equipos en los 101 kilómetros de Ronda. Un mes y medio más tarde, nos presentamos en la Ehunmilak, también como equipo, para afrontar sus 170 kilómetros, con sus 11.000 metros de desnivel positivo (y sus 11.000 negativos). Ambas carreras se parecen como un huevo a una castaña. Cuando llegamos a Tolosa, yo ya tenía los cuádriceps destrozados, sobre todo por el efecto de las bajadas. Mis compañeros de equipo tampoco andaban muy finos, así que decidimos abandonar en ese punto.

Mi segundo abandono fue en los 101 kms de Ronda. El año después de subir al pódium en la modalidad de equipos, el objetivo era bajar de 11 horas. En base a las 12 horas 50 minutos que nos otorgaron el tercer puesto y sumando la cantidad de tiempo perdido, bajar de 11 horas no era un objetivo descabellado. El día de la prueba, nos tocó un clásico día de calor anormal para la fecha. A las 11:00h de la mañana dieron la salida, bajo un sol de justicia. Tres horas y treintaytantos  kilómetros mas tarde, corriendo a una media para rondar las diez horas, decidimos quedarnos en un bar de Arriate, siendo conscientes del reventón que íbamos a pegar tarde o temprano. 

Mi tercer abandono fue en la Ultra La Pretoriana. En su primera edición, con una distancia de 70 kilómetros, era una prueba muy corrible, todo por pistas forestales y asfalto. No se como, aquella mañana, me puse en cabeza desde la salida. Mi autoestima aquel día debía estar por las nubes, porque me puse a tirar junto a un grupo de cuatro o cinco corredores. Al principio me sentía de puta madre, pero sobre el kilómetro 25 me sentía de puta pena. Sobre el kilómetro 30 llevaba ya un pajarón que ni caminar podía. Pagué cara mi osadía y tuve que abandonar. La cura de humildad fue importante.

Quitando estos tres abandonos, podría decir que mi porcentaje de finalización de pruebas es del 95%.

Pero hay un asunto que se escapa a la propia voluntad, pero que te deja inmerso en el "Síndrome del Impostor" (o al menos a mi me pasa) y es la "neutralización" de una prueba. 

En mi caso, mi segunda Ehunmilak fue neutralizada por tormenta eléctrica a los pies del Txindoki, en el kilómetro 100, y en la primera edición de la Canfranc-Canfranc de 100 kilómetros, nos neutralizaron en el kilómetro 55, también por tormentas.  En ambos casos, se nos entregó la prenda "finisher" y se nos reconoció como finalizadores de la prueba, pero.......¿como te sientes ante esa situación? ¿eres un "finisher" legítimo? ¿habrías cruzado la meta de no haberse neutralizado la prueba?

Por mi parte, viniendo de un abandono en Ehunmilak, ser neutralizado tras 100 kilómetros (100 kilómetros de Ehunmilak son un matadero, compadre), la patada en los huevos (sicológica) duele bastante. Lo peor es que cuando el cuerpo se enfría después de esos 100 kilometrazos, comienzas a pensar que quizás te han hecho un favor, porque te quedaban 70 kilómetros por delante y cuando notas tu cuerpo dolorido, tu mente comienza a plantearte si en realidad habrías llegado al final o habrías tirado la toalla de nuevo. El Síndrome del Impostor te atormenta y vives con esa cicatriz emocional, con esa sensación de fraude que te hace pensar que aún tienes una cuenta pendiente. Ponerte una prenda finisher bajo esas circunstancias es un poco incómodo.

En el caso de la Canfranc-Canfranc 100, al ser muy pocos participantes y ver como gente conocida había abandonado antes de la neutralización, no te quedas con una sensación tan chunga. Esos 55 kilómetros ,por un terreno tan técnico, con una climatología de mierda, te dejan bastante feliz contigo mismo. No obstante, sigues pensando que no eres un finalizador legítimo y que deberías regresar y zanjar el asunto. El caso es que ,ese Síndrome del Impostor, te hace dudar de tus capacidades y atribuyes a la suerte un tanto por ciento elevado de tu éxito, siendo tú el único culpable en caso de fracaso. ¿Volverías a sacrificar un verano sureño ,con duros entrenamientos, para volver y fracasar? En absoluto. Así de jodida es la mente.




Pero ahora vamos a dejar de hablar del Síndrome del Impostor y nos vamos a centrar en el Impostor sin Síndrome.

Dado que tengo más años que la chapa del parque, y que sigo inmerso en este mundillo, voy a narrar una serie de historias reales, con nombres y apellidos, pero sin dar nombres ni apellidos, para evitar polémicas y conflictos. Habrá quien se sienta aludido, por supuesto, pero supongo que como hoy en día la gente no lee, y menos un ladrillo de este tamaño, los implicados difícilmente se topen con este texto.

Hay un termino que está muy de moda, al menos entre los más jóvenes, y es la palabra "Poser", que es algo así como "farsante". Pues hablemos ahora de algunos poser del correr.

Primer poser: Individuo que se inscribe cuatro años seguidos a la misma prueba, pero ninguno de los cuatro se presenta en la línea de salida. Eso si, cada año redacta una autorización para que algún conocido le recoja la bolsa del corredor. Luego lo puedes ver trotando por el "paseo del colesterol" de su ciudad, en el horario más concurrido, con la camiseta de cualquiera de las cuatro ediciones.

Como ya he comentado, los individuos existen, son reales, no estoy lanzando un supuesto. Seguro que conoces algún caso parecido, con su nombre y apellidos, que no tiene nada que ver con el mío.

Segundo poser: Individuo que, una vez retirado de una ultra, al día siguiente, aprovechando la llegada de los corredores, se viste de corredor, con mochila incluida y el dorsal colocado estratégicamente de manera que no se vea el recorte o la marca que ponen a los que abandonan, y llega a meta trotando. El individuo recibe el chaleco "finisher" y las felicitaciones, porque los voluntarios no se ponen a revisar listas de abandonos en el arco de meta. Luego lo ves vestir la prenda, impasible, más ancho que Dios.

Tercer poser: Individuo que abandona en una ultra, consigue que lo trasladen en un vehículo, se baja a 400 metros de la meta y corre hasta cruzar en cuarta posición. Genio y figura.

Cuarto poser: Individuo que abandona en una ultra, pero se compra todo el merchandising de la misma, inclusive la prenda finisher de ediciones anteriores, ya que la venden en meta a buen precio. 

Quinto poser: Individuo que se apunta a una prueba de 100 millas y se retira en el kilómetro 30. Al año siguiente repite la misma operación, pero esta vez neutralizan la prueba en ese kilómetro 30. El individuo recibe la prenda finisher de una prueba de 100 millas, con solo 30 kilómetros en las piernas. No es su culpa, claro está. Le comentas que el año que viene seguro que la termina y te dice "Ni hablar, yo ya tengo la prenda finisher, ya no me hace falta volver", así, sin titubear. 

Sexto poser: Individuo que se inscribe en una de las pruebas "cortas" de UTMB, llámese OCC o CCC, pero por algún tipo de fobia, en las redes sociales, siempre publica que va a "correr UTMB", sin mencionar las siglas de su verdadera distancia y evitando mostrar el dorsal, para que no se vea que no corresponde a la prueba de 170 kilómetros. Luego publica "reto superado", sin detalles que desvelen la prueba que ha corrido. El individuo recibe los elogios por "esas 100 millas que se ha cascado" , pero por supuesto no procede a corregir ese detalle sin importancia, solo se limita a dar las gracias y a eliminar aquellos comentarios donde le insinúan que "No ha corrido UTMB, ha corrido OCC". 

Tengo una anécdota personal con respecto a recibir una prenda que no te corresponde. En el UTMB de 2006, fui retirado por no pasar el corte horario en el Refugio Elisabetta. Al día siguiente, mi colega Pedrito Lince llegaba a meta destrozado, en última posición dentro del tiempo oficial. Lo esperamos a las afueras de Chamonix para acompañarlo y darle ánimos en los últimos metros. Yo le cargué los bastones y la mochila, porque no podía con su alma, incluso tenía fiebre. Al llegar a meta a su lado, fue recibido como un héroe y a mi me felicitaron y me dieron también la chaqueta finisher por error, aunque yo iba en vaqueros. Como mi dignidad no me permite ponerme esa prenda tan preciada, en ese mismo instante se la entregué a uno de mis compañeros, que había abandonado allá por el kilómetro ciento y pico. No sé si el la ha llegado a usar, pero yo sabía que el día que me pusiera una prenda con ese valor, tendría que haberla sudado. Podría haberla rechazado cuando me la entregó el voluntario, pero teniendo en cuenta que Pedrito era el último corredor, no se la estaba quitando a nadie. Al año siguiente, en 2007, regresé a UTMB y me gané la mía. 

Yo no se tú, pero prefiero padecer el Síndrome del Impostor a vivir en la mentira del Impostor sin Síndrome. Allá cada cual. 



miércoles, 2 de julio de 2025

"THE KID" : La historia de Hans Troyer

Hacía tiempo que no me topaba con una historia tan sorprendente y a la vez divertida. El documental me fue atrapando desde el primer minuto, dejándome boquiabierto y arrancándome sonrisas de manera alternativa. Estoy seguro de que el nombre de Hans Troyer va a resonar fuerte en la próxima década.





jueves, 12 de septiembre de 2024

Correr Punk



 Antes de comenzar, aviso del lenguaje ofensivo y malsonante que ocupará los siguientes renglones (renglones tiene rima, pero no voy a empezar tan pronto) . Si tienes la piel fina, la psique delicada, los sensores de escandalizarte en modo "sensible", sal del blog en los próximos 30 segundos, porque te puede provocar una dermatitis a nivel emocional, y yo no quiero cargar con eso en mi conciencia.

Una vez avisados ¡¡¡ vamos allá, h!j0s d3 pvt4 !!!

Según la teoría de la evolución, pasamos de la ameba al boquerón, del boquerón a la lagartija, de la lagartija al mono, del mono al paleto, del paleto al pijo, y del pijo al h!j0 d3 pvt4.

En un planeta con recursos limitados, la superpoblación amenaza la supervivencia y esto mantiene a los  h!j0s d3 pvt4 activos, involucrando a las naciones en guerras, propagando pandemias, agudizando los efectos de las sequías (o provocándolas sin más) y publicitando el envenenamiento de la población por medio de la alimentación seborreica y adictiva.

Creen los pijos ser los dueños del mundo, pero no lo son en absoluto, los verdaderos dueños son los  h!j0s d3 pvt4. Los pijos, ilusos ellos, están siendo aniquilados al mismo ritmo que el resto de la población (o a mayor ritmo, debido a sus excesos). La única diferencia es que , pija muerta, deja mejor coche en la puerta, y pijo muerto, deja mejor barquito en el puerto (paleto muerto, deja tres papas en el huerto). 

De cara a la extinción, "Mas vale ser punki que maricón de playas", como la canción de Siniestro Total. Ya sé que hoy en día no se puede decir maricón, pero "maricón de playa" hacía más referencia al costumbrismo burgués que a la tendencia sexual del individuo.

Letra de la canción completa: 

"Y yo con mi chica puercoespín
viajo siempre en limousine
no me gusta el pipermint
ni el perfume patchoulí

¿Sabías que a Bryan Ferry le huele el aliento?

Más vale ser punkie que maricón de playas"




Seguro que estás hasta el coño del mundo y de la vida moderna. Casi esclava de las apariencias y de contar en las redes sociales lo que haces con tu vida cada cinco minutos. Esas historias donde todo lo que haces es guay, todo es felicidad...... todo filtrado, eso sí. Estresada porque no se te vea "piel de naranja" en las fotos y que tu sonrisa no parezca forzada, aunque lo sea.

Seguro que estás hasta la puta polla de la gente, de los horarios, de las indirectas y de la sociedad en general. También idiotizado con el móvil, con las RRSS, también contando tus mierdas de manera que no parezcan mierdas, porque las mierdas de los demás parecen perfectas. Parecemos gritar "Eyyy!!! que sigo vivo y hago cosas, y cosas super chulas, no como tú, anclado en la monotonía". 

Asqueado de aguantar al cabrón de tu jefe, ese h!j0 d3 pvt4 al que ahora se refieren como CEO , que es más moderno, aunque sigue siendo un h!j0 d3 pvt4, con todas las letras. Por cierto, que tuve que buscar que cojones era eso de CEO, después de escucharlo a todas horas, " Chief Executive Officer" , o sea, el cabrón del jefe, pero en inglés.

Pues nada, que como estas pasando por la crisis de los 40, la de los 50, o estás tratando de "encontrarte a ti mismo" , cada día te suda más la polla todo, o te resbala el coño el universo. 

No puedes parar el mundo y bajarte. Te jodes. Demasiado atrapado , y entrampado, para hacer algo radical y notorio en tu favor. Tampoco tienes huevos. Nos toca seguir caminando sobre la rueda disciplinaria a la que nos autocastigamos por vivir en sociedad y aceptar sus reglas.


Rueda disciplinaria en Jamaica. Año 1837


"Salgo a correr para desconectar". Que bonito. ¡¡Y una polla !!
Pero bueno, es lo que le dices a los demás. 
Si sales solo a correr, terminas dándole vueltas a tus mierdas y puede incluso que acabes de mala hostia.
Si sales con alguien a correr, seguramente escucharas las mierdas del otro, y acabarás soltando las tuyas, para que no se vaya el hombre más infeliz de lo que vino.

El hecho es que tu quieres salir a correr y , entre otras cosas, desconectar, pero rara vez lo consigues.
No se si os ha pasado, que vas corriendo por el mismo sendero por el que llevas pasando veinte años, y te aparece un paisano, con pintas de cortijero, y te dice que por ahí no puedes correr, que es una finca privada. Le discutes que no hay carteles, ni alambradas, ni has cruzado cancelas.....y que llevas toda la vida corriendo por allí. Enciendes al tipo, con tu elocuencia y tu serenidad. Te dice que es un coto privado de caza y le replicas que, por ley, puedes pasar por allí, incluso en temporada de caza, pero que eliges no hacerlo para velar por tu seguridad. Como el cortijero es medio soplapollas, te levanta la voz y te dice "!!!tú lo que eres es un sinvergüenza!!!" , cuando ya te has alejado continuando con tu correr terapéutico. 

No recuerdo la última vez que mandé a alguien "a tomar por culo". Demasiados años, supongo. Demasiado políticamente correcto. Demasiado manso. Debería coger un bate de beisbol y seguir el consejo de Los Ramones, en su "Beat on The Brat".


Correr por ciertos lugares era algo que te hacía desconectar, por la soledad y la belleza del entorno. Luego comenzaron a prohibir tu paso por esos lugares. La proliferación de carreras por lugares bellos y exóticos, ha provocado que ahora tu tengas prohibido correr por dichos lugares, y la carrera si tenga autorización. Correr por El Bosque de La Niebla era el súmmum de la desconexión. Era como una terapia semanal. Luego lo prohibieron.
Organizan una carrera, las organizaciones ecologistas se oponen, las autoridades acuerdan con ambos. El que pierde eres tú.
La antesala fue el cartel "Prohibido el paso. Montería". Tú, que has llamado al 112 varías veces al divisar conatos de incendio. Tú, que has avisado al SEPRONA cuando has visto un ciervo herido, o un buitre en mal estado. Tú, que has soltado a un animal enganchado varios días en un alambre de espinos, lo has alimentado con tus dátiles y le has dado de beber toda tu agua. Tú, no puedes correr por el lugar. Los que van a masacrar a la fauna, sí.

Mallas azules, camiseta verde, zapatillas naranjas, buff amarillo. Eres un punki tomando café en una venta de carretera. A tu alrededor, cazadores de Barbour, copa y puro, ciclistas barrigones, romeros con medallas de hermandad. Todos te miran con repugnancia. Hasta los empleados del local te atienden diferente.   

"No Somos Nada", como gritara La Polla Récords:

"Somos los nietos de los obreros que nunca pudisteis matar .Somos los nietos de los que perdieron la Guerra Civil ¡No somos nada! ¡No somos nada! " 


A veces te dan ganas de saltar las alambradas, correr asalvajado, cruzarte con el cortijero, hacerle "un calvo" y gritarle ¡¡¡vete a tomar por culo!!!



Mientras tanto, tus crisis existenciales, te tienen sumido en los "Carpe Diem" y los "Memento Mori", en hacer cosas chulas (y publicarlas), porque la vida se escapa y estamos de paso.
Los mercados saben que , a los divorciados y divorciadas, a los de las crisis de los 40 y 50, a los ex-gordos , y a los que follan menos que los Roper, les ha dado por correr por el monte y apuntarse a carreras.
Tanta crisis ha disparado la ley de la oferta y la demanda, triplicando el precio de las zapatillas y de las inscripciones. Tu crisis ha afectado a tu bolsillo. Hasta Joma se ha venido arriba. Menos mal que el precio de la cerveza se ha mantenido.

Nos vanagloriamos de que somos la generación que jugábamos en la calle, que montábamos en bicicleta sin casco, bebíamos agua del grifo, que respetábamos a los profesores, que tu madre te pegaba con la chancla y no te has traumatizado......Somos una puta mierda, perdona que te diga.
Hemos malcriado a nuestros hijos, satisfecho sus caprichos y amenazado a sus maestros. Hemos agarrado el móvil como una polla dura, con nuestras gafas de presbicia, abducidos por las compras compulsivas y las series de Netflix. Somos la vergüenza de Tik-Tok, emulando los actos de la generación que llamamos "de cristal" de manera despectiva. Hemos parido a la "generación de cristal" con todos nuestros traumas e inseguridades ¿Cómo coño querías que salieran? si su espejo ha sido tu ejemplo. Al menos ellos tienen dos carreras y un B2 en inglés o alemán. 

Pero no pasa nada. Me vale salir a correr en plan punki, intentado desconectar aunque casi siempre sea imposible. De alguna manera hay que desfogar. Como dicen los Rat-Zinger en su "Rock´n´Roll para hijos de perra" , hace tiempo que no creo en toda esta mierda. 

El Punk no ha muerto. Nuestra actitud si. 


martes, 26 de marzo de 2024

El Horizonte Inmortal





 The Inmortal Horizon (hacer click para ver el artículo original)

Publicado por Leslie Jamison el 1 de Mayo de 2011.

Lo que os dejo a continuación es el trabajo entretenido de traducir el texto original y adornarlo con fotos que resultan ilustrativas. Espero que os guste:


 En el extremo occidental del Parque Estatal de Frozen Head, justo antes del amanecer, un hombre con una gabardina marrón óxido sopla una caracola gigante. Los corredores se agitan en sus tiendas. Llenan sus bolsas de agua. Se vendan las ampollas. Toman desayunos de mil calorías: Pop-Tarts, chocolatinas y bebidas energéticas geriátricas. Algunos rezan. Otros preparan sus riñoneras. El hombre de la gabardina se sienta en una silla ergonómica junto a una famosa verja amarilla, con un cigarrillo en la mano. Da el aviso de dos minutos.


Los corredores se reúnen frente a él, estirándose. Están a punto de recorrer más de cien millas a través de la naturaleza salvaje, si es que son lo bastante fuertes y afortunados para llegar tan lejos, que probablemente no lo sean. Esperan ansiosos. Nosotros, los observadores, esperamos ansiosos. Apenas se ve una pálida mancha de luz en el cielo. A mi lado, una chica delgada sostiene a un perro flaco. Ha venido desde Iowa para ver a su padre desaparecer en este amanecer gris.


Todos los ojos están puestos en el hombre de la gabardina. A las 7:12 en punto, se levanta de su silla de jardín y enciende un cigarrillo. Una vez que la punta brilla en rojo, la carrera conocida como la  Barkley Marathons ha comenzado.


I.

La primera carrera fue una fuga de prisión. El 10 de junio de 1977, James Earl Ray, el hombre que disparó a Martin Luther King Jr., se escapó de la penitenciaría estatal de Brushy Mountain y huyó por las colinas llenas de zarzas del norte de Tennessee. Cincuenta y cuatro horas después fue encontrado. Había recorrido unas ocho millas. Algunos pueden oír esto y preguntarse cómo se las arregló para desperdiciar su escape. Un hombre escuchó esto y pensó: ¡Necesito ver ese terreno!


Más de veinte años después, ese hombre, el de la gabardina -Gary Cantrell de nacimiento, autodenominado Lazarus Lake-, ha convertido este terreno en el escenario de un ritual legendario: The Barkley Marathons, que se celebra anualmente (tradicionalmente el Viernes de Lázaro o Día de los Inocentes) en las afueras de Wartburg, Tennessee. Lake (conocido como Laz) la llama "La carrera que se come a sus crías". Los dorsales de los corredores dicen algo diferente cada año: SUFRIMIENTO SIN SENTIDO; NO TODO DOLOR ES GANANCIA. Sólo ocho hombres la han terminado(a fecha de 2011). El evento es considerado extremo incluso por quienes se especializan en lo extremo.

II.

¿Por qué es tan malo? No hay sendero. Un desnivel acumulado que casi duplica la altura del Everest. Una flora autóctona llamada zarzas de sierra que pueden convertir las piernas de un hombre en carne cruda en cuestión de metros. Las duras colinas tienen nombres como Rat Jaw (mandíbula de rata), Little Hell (pequeño infierno), Big Hell (gran infierno), Testicle Spectacle (espectáculo testicular) -este último llamado así porque inspira a la mayoría de los corredores a hacer la señal de la cruz (entrepierna contra gafas, hombro contra hombro)- por no mencionar Stallion Mountain (montaña del semental), Bird Mountain (montaña del pájaro), Coffin Springs, Zip Line (tirolina) y un tramo cuesta arriba, nuevo este año, conocido simplemente como "the Bad Thing" (la cosa mala).


La carrera consta de cinco vueltas en un recorrido que oficialmente se ha catalogado como de veinte millas, pero que probablemente sea más bien de veintiséis. La moraleja de esta verdad sesgada es que las métricas estándar son irrelevantes. La moraleja de muchas de las verdades sesgadas de Barkley es que las métricas estándar son irrelevantes. Las leyes de la física y la tolerancia humana han sido sustituidas por los caprichos personales de Laz. Incluso si la carrera fuera realmente "sólo" de cien millas, éstas seguirían siendo "millas Barkley". Tipos que normalmente podrían terminar cien millas en veinte horas podrían no terminar una sola vuelta aquí. Si terminas tres, habrás completado lo que se conoce como "Fun Run". Si por casualidad no terminas -y, admitámoslo, es probable que no lo hagas-, Laz tocará el claxon para conmemorar tu abandono. Todo el campamento, cambiante, sucio y cansado, escuchará, excepto los que estén dormidos o demasiado débiles para darse cuenta, que no lo harán.



III.

No es fácil llegar hasta aquí. No hay requisitos ni procedimientos de entrada publicados. Ayuda conocer a alguien. Las admisiones se deciden según el criterio personal de Laz, y su solicitud no es precisamente estándar, con preguntas como "¿Cuál es tu parásito favorito?" y una redacción obligatoria con el tema "Por qué deberían permitirme correr en el Barkley". Sólo se admiten treinta y cinco participantes. Este año, uno de ellos es mi hermano.



Julian es "virgen", uno de los quince novatos que harán todo lo posible por terminar un bucle. Ha conseguido escapar a la designación de "virgen del sacrificio", que se aplica oficialmente cada año a la persona virgen (normalmente el ultracorredor con menos experiencia) que Laz considera que tiene más probabilidades de fracasar de forma espectacular: perderse durante tanto tiempo, quizá, que consiga batir el récord de Dan Baglione de marcha más lenta. A la edad de setenta y cinco años, en 2006, Baglione logró recorrer tres kilómetros en treinta y dos horas. Algo que ver con una tapa de linterna desenroscada, un arroyo inesperado.

Probablemente sea un término equivocado hablar de "perderse" en Barkley. Sería más acertado decir que uno empieza perdido, permanece perdido durante varias noches en el bosque y debe utilizar constantemente la brújula, el mapa, las instrucciones, los compañeros de carrera y los restos de cordura que le quedan para volver a perderse. Los principiantes suelen intentar quedarse con los veteranos que conocen el recorrido, pero a menudo se ven desamparados. "Raspar a un virgen" significa dejar tirado al novato. Un virgen se agacha para atarse los cordones de los zapatos y, al levantar la vista, descubre que su Virgilio veterano se ha ido.

IV.
El día antes de la carrera, los corredores empiezan a llegar al campamento como focas arco iris, deslizándose por el aire con trajes multicolores. Llegan en camionetas y coches de alquiler, furgonetas oxidadas y caravanas. Sus matrículas dicen 100 RUNNR, ULT MAN, CRZY RUN. Traen tiendas de campaña de camuflaje y chalecos de caza naranjas y novias escépticas y esposas aclimatadas y toallas de viaje diminutas y perros diminutos. El propio Laz trae una perrita (llamada "Little Dog") con una mancha negra como el parche de un pirata sobre un ojo. Perrita casi pierde su nombre este año, después de encontrarse e intentar comerse a un perro aún más pequeño, el flacucho de Iowa, que resulta ser dos perros en lugar de uno solo.

Es una escena masculina. Me entero de que hay algunas mujeres habituales, pero rara vez consiguen hacer más de un bucle. La mayoría de las mujeres a la vista, como yo, forman parte del equipo de apoyo de alguien. Ayudo a clasificar las provisiones de Julian en la parte trasera del coche.


Necesita una brújula. Necesita analgésicos, pastillas NO-DOZ, electrolitos, caramelos de jengibre para cuando tiene sueño y un "kit" para reventar ampollas que básicamente incluye una aguja y tiritas. Necesita cinta adhesiva para cuando se le caigan las uñas de los pies. Necesita pilas. Prestamos especial atención a las pilas. Quedarse sin pilas es lo peor que podría pasar. Pero ha ocurrido. Le pasó a Rich Limacher, cuya noche pasada bajo un enorme árbol buckeye le valió el nombre de "Limacher Hilton". El golpe de gracia de Julian es un par de pantalones de cinta adhesiva que hemos creado a la manera de las chaparreras de vaquero. La idea es que sirvan para defenderse de las zarzas de la sierra y que Julian se gane la envidia de los demás corredores.

Tradicionalmente, el epicentro del campamento es una hoguera encendida la tarde anterior al comienzo de la carrera. Este año, el fuego arde a las cuatro de la tarde y lo atiende alguien llamado Doc Joe. Julian me cuenta que Doc Joe lleva varios años en la lista de espera y (Julian especula) se ha ofrecido como ayudante para asegurarse una plaza en 2011. Llegamos justo cuando está sacando los primeros muslos de la parrilla. Tiene una lata de alubias de medio metro en el fuego, ya burbujeando, pero las estrellas indiscutibles de este espectáculo son las aves, con la piel negra y bañadas en salsa roja. Según la leyenda, el pollo se sirve parcialmente descongelado, sólo con la piel y "un poco más" cocido.



Le pregunto a Doc Joe cómo piensa encontrar el punto óptimo entre cocido y congelado. Me mira como si fuera estúpido. Eso del pollo congelado es sólo un mito, dice. Sospecho que no será la última vez que sorprendo a Barkley creando su propia leyenda.

En esta reunión, las conversaciones banales no suelen durar mucho. Entablé conversación con John Price, un veterano con barba que me dijo que este año no participaría en la carrera por estar en la lista de espera, pero que había conducido cientos de kilómetros para ser "parte de la acción". Nuestra conversación empieza como era de esperar. Me pregunta de dónde soy. Le digo que de Los Ángeles. Dice que le encanta Venice Beach. Le digo que a mí también me encanta. Entonces dice: "El próximo otoño correré de Venice Beach a Virginia Beach para celebrar mi jubilación".

He aprendido a no detenerme ante este tipo de declaraciones. He aprendido a pasar a las preguntas prácticas. Le pregunto: "¿Dónde dormirás?".

"Principalmente en camping", dice. "Algunos moteles".

"¿Llevarás la tienda en una mochila?".

"Dios, no", se ríe. "Tiraré de un pequeño carro enganchado a mi cintura".


Me encuentro en la mesa de picnic, que se ha convertido en un auténtico buffet para bulímicos, repleto de pasteles comprados en la tienda, galletas y brownies. Está diseñado para alimentar a hombres que harán poco durante los próximos días aparte de quemar un número increíble de calorías.


El hombre alto que está a mi lado está devorando un enorme muslo de pollo. El tercero, me he dado cuenta. Su vapor se eleva suavemente en la penumbra.

"¿Así que todo eso del congelado?" le pregunto. "¿Realmente es sólo un mito?"

"Fue un año", dice. "Estaba congelado de verdad". Hace una pausa. "¡Tío! Ese año fue una gran carrera".

Este tipo se presenta como Carl. Ancho y guapo, es un poco menos nervudo que muchos de sus compañeros de carrera. Me dice que tiene un taller mecánico en Atlanta. Por lo que sé, esto significa que utiliza sus máquinas para construir otras máquinas, o bien que utiliza sus máquinas para construir cosas que no son máquinas, como piezas de bicicleta o matamoscas. Trabaja por encargo. "La gente que pide inventos locos", dice suspirando, "nunca es la que puede permitírselos".

Carl me cuenta que esta vez tiene un hacha que afilar. Tiene un buen historial en Barkley -es uno de los pocos corredores que ha terminado una Fun Run por debajo del tiempo oficial-, pero su actuación el año pasado fue pésima. "Apenas salí del campamento", dice. Traducido, esto significa que sólo corrió treinta y cinco millas. Pero fue realmente decepcionante: ni siquiera terminó una segunda vuelta. Me dice que estaba muerto de cansancio y desconsolado. Acababa de pasar por una desagradable ruptura.

Pero ahora ha vuelto. Parece entusiasmado. Le pregunto quiénes cree que son los principales aspirantes a completar cien.

"Bueno", dice, "siempre están Blake y A.T.".

Se refiere a dos de los "alumni" (antiguos finishers) que corren este año: Blake Wood, de la promoción de 2001, y "A.T.", Andrew Thompson, de la promoción de 2009. Acabar dos veces la centena haría historia. Dos años seguidos es cosa de fantasía.


Blake es ingeniero nuclear en Los Álamos, doctorado en Berkeley y con un increíble récord en Barkley: seis de seis en la Fun Run, una llegada a meta, otra casi llegada que sólo fue bloqueada por un arroyo desbordado. En persona, no es más que un simpático padre de mediana edad con un bigote de sal y pimienta, deseoso de hablar sobre el intento de su hija de clasificarse para las pruebas olímpicas de maratón y sobre el nuevo par de pantalones de payaso a cuadros que llevará este año para levantar el ánimo en el sendero.


Andrew Thompson es un joven de New Hampshire famoso por haber estado a punto de terminar la carrera en 2005, cuando se encontraba fuerte en la quinta etapa, pero perdió literalmente la cabeza cuando estaba en la meta, destrozado por cincuenta horas de privación de sueño y esfuerzo físico. Se olvidó por completo de la carrera. Pasó una hora metiéndose barro en los zapatos. Volvió cuatro veces más hasta que finalmente la terminó, en 2009.

Ahí está "J.B.", Jonathan Basham, el mejor apoyo de A.T. durante años, en Barkley para su propia carrera esta vez. Es un corredor fuerte, aunque le oigo mencionar sobre todo en el contexto de su relación con A.T., que le llama "Jonboy".


Aunque Carl no lo dice, me entero por otros de que también es un fuerte aspirante. Es uno de los corredores más duros del pelotón, un veterano D.N.F. (Did Not Finish) hambriento de victorias. Me lo imagino por los senderos, un maquinista salpicado de barro, con garras mecánicas sacando barritas de cereales de sus bolsillos y llevándoselas a la boca.


Hay algunos vírgenes fuertes en el pelotón, entre ellos Charlie Engle, ya un consumado ultracorredor (ha "hecho" el Sahara) y orador inspirador. Como muchos ultracorredores, es un ex adicto. Lleva sobrio casi veinte años, y muchos describen su recuperación como el cambio de una adicción a otra: drogas por adrenalina, cambiar ese extremo por éste.


Si existe algo opuesto a un virgen, probablemente sea John DeWalt. Es un anciano con gorro de esquí negro, setenta y tres años y arrugas, con una voz ronca que parece propia de un fumador o de un oso pardo de dibujos animados. Me cuenta que su nieto de nueve años le ganó hace poco en una carrera de 5 km. Más tarde le oiré describir como un animal. Lleva veinte años corriendo la carrera, pero nunca ha conseguido llegar a la meta, ni siquiera a la Fun Run.

Observo a Laz desde el otro lado de la hoguera. Está moreno y regio con su gabardina, calentándose las manos sobre las llamas. Quiero conocerle, pero aún no me he atrevido a presentarme. Cuando le miro no puedo evitar pensar en El corazón de las tinieblas. Como Kurtz, Laz es calvo y carismático, líder de un imperio menor, traficante de dolor humano. Es como un cruce entre el Coronel y tu abuelo. Hay ciertamente un esplendor de Estación Interior en su orquestación de toda esta extravagancia hormonal, testosterona esparcida como fertilizante a lo largo de kilómetros de desierto estéril y lleno de zarzas.


Habla de "sus corredores" con comodidad y cariño, como si fueran un grupo de hijos díscolos que se vuelven salvajes cada año con el toque de su mechero. La mayoría lleva años corriendo "para él" (su frase). Todos llevan ofrendas. Todos pagan una cuota de inscripción de 1,60 dólares. Los antiguos alumnos traen a Laz un paquete de sus cigarrillos favoritos (Camel Filters), los veteranos un par de calcetines nuevos y los vírgenes una matrícula. Estas matrículas cuelgan como ropa sucia en el borde del campamento, una pared de solapas metálicas que repiquetean. Julian ha traído una de Liberia, donde trabaja en un proyecto de microfinanciación, en su faceta de economista del desarrollo, que no es la de superhéroe. Le pregunto cómo se consigue una matrícula de repuesto en Liberia. Me cuenta que se la pidió a un tipo en la calle y éste le dijo: "Diez dólares", Julián le dio cinco y entonces apareció. Laz la encadenó inmediatamente en un lugar de honor, cerca del centro, y puedo decir que Julian está encantado.



Durante todo el recorrido, los corredores se afanan en leer las instrucciones, cinco páginas a un espacio que les indican "exactamente por dónde ir", aunque todos los corredores, incluso los que llevan años corriendo, probablemente se pierdan al menos una vez, muchos de ellos durante horas. Me cuesta entenderlo -¿acaso no se puede hacer lo que se dice? Van desde lo sorprendente ("los castores del estanque de carbón han estado muy activos este año, ten cuidado de no caerte sobre uno de los tocones afilados que han dejado") a lo evidente ("todo lo que tienes que hacer es seguir eligiendo el camino más empinado hacia la montaña"). Pero las instrucciones tienden a citar puntos de referencia como "la cresta" o "la roca" que parecen poco útiles, teniendo en cuenta. Y luego está el tema de la noche.

Los requisitos oficiales de Barkley parecen una búsqueda del tesoro: hay diez libros colocados en varios puntos del recorrido, y los corredores son responsables de arrancar las páginas que coincidan con su número de dorsal. Laz es juguetón en la elección de sus libros: The Most Dangerous Game, Death by Misadventure, A Time to Die e incluso Heart of Darkness, una elección que parece reivindicar mis impulsos asociativos.


Este año se habla mucho de la última incorporación de Laz al recorrido: un túnel de cemento de 400 metros que discurre directamente bajo los terrenos de la antigua penitenciaría. Hay una caída a través de un estrecho pozo de hormigón para entrar, una subida de cuatro metros para salir y "mucha" agua estancada una vez dentro. También se rumorea que hay ratas del tamaño de zarigüeyas y, cuando hace calor, serpientes del tamaño de brazos. ¿Brazos de quién? Me pregunto. La mayoría de los chicos de aquí son bastante enjutos.

El libro de séptimo curso ha sido colgado entre dos postes junto a los muros de la antigua penitenciaría. "Este es casi exactamente el mismo lugar por el que pasó James Earl Ray", dicen las instrucciones. "Muchas gracias, James".

Muchas gracias, James, por poner en marcha todo este asunto.



V.

Laz se ha dado libertad para iniciar la carrera cuando quiera. Anuncia la fecha, pero sólo ofrece dos garantías: que empezará "en algún momento" entre medianoche y mediodía (muchas gracias, Laz), y que hará sonar la caracola una hora antes como aviso. En general, a Laz le gusta empezar antes del amanecer.

En la puerta de salida, Julian lleva una chaqueta plateada clara, un gorro gris pálido y sus zahones caseros hechos con cinta adhesiva. Parece un robot. Desaparece cuesta arriba en una ráfaga de flashes de cámara.

Inmediatamente después de la salida de los corredores, Doc Joe y yo nos ponemos a asar gofres. Laz se acerca con su cigarrillo encendido, su capuchón gris de ceniza sin explotar temblando entre sus gruesos dedos. Me presento. Él se presenta. Nos pregunta si creemos que alguien se ha dado cuenta de que no está fumando. "Este año no puedo", explica, "por culpa de mi pierna". Acaban de operarle de una arteria y su circulación no es buena. A pesar de ello, colocará una silla de jardín junto a la línea de meta, como todos los años, y permanecerá despierto hasta que todos los competidores hayan abandonado o terminado. El abandono, a menos que se haga en el único punto accesible por sendero, implica un viaje de tres a cuatro horas de vuelta al campamento, más largo por la noche, sobre todo si uno se pierde. Lo que en la práctica significa que el acto de dejar de competir en la carrera de Barkley es comparable a correr un maratón entero.

Le digo que el cigarrillo queda muy bien como accesorio. Doc Joe le dice que puede fumar un par de paquetes. Doc Joe, por cierto, es médico de verdad.

"Bueno, entonces", dice Laz, sonriendo. "Supongo que me fumaré el último cuarto de éste".

Termina el cigarrillo y lo arroja al fuego de la cocina, donde humea hasta nuestro desayuno. Soy consciente de que Laz ya se ha convertido en un mito, y de que yo probablemente me convertiré en otro de sus creadores de mitos. En el personaje de Laz entran en juego varios tropos de masculinidad: malote, adolescente, padre, demonio, alcaide... y este cubo de Rubik de testosterona parece ser la esencia de Barkley.

Me doy cuenta de que Laz y yo vamos a pasar muchas horas juntos. Los corredores hacen sus vueltas entre ocho y treinta y dos horas. Entre vuelta y vuelta, si continúan, paran en el campamento para comer y descansar. Esto es al mismo tiempo socorro y sadismo; el oasis ofrece respiro y tentación a la vez. Es el dilema de los Devoradores de Loto: es difícil dejar atrás algo bueno.

Aprovecho estas horas sin los corredores para preguntar a Laz todo lo que puedo sobre la carrera. Empiezo por la salida: ¿cómo elige la hora? Se ríe incómodo. Doy marcha atrás, disculpándome: ¿arruinaría el misterio contármelo?

"Una vez empecé a las tres", dice como respuesta. "Fue divertido".

"El año pasado empezaste a mediodía, ¿no? Oí que los corredores se pusieron un poco inquietos".

"Claro que sí". Sacude la cabeza, sonriendo al recordarlo. "La gente se quedaba parada, inquieta".

"¿Era divertido verlos agonizar?". le pregunto.

"La verdad es que daba un poco de miedo", dice. "Como ver a una turba ponerse fea".

Mientras hablamos, menciona secciones del recorrido -el muro de escalada de Dave el Peligro, las cataratas de Raw Dog, Pussy Ridge- como si me las supiera de memoria. Le pregunto si Rat Jaw se llama así porque las zarzas son como un montón de dientes de roedor. Me dice que no, que tiene que ver con el perfil topográfico del mapa: le recordaba a... bueno, a una mandíbula de rata. Y yo pienso: "Muchas cosas pueden recordarte a la mandíbula de una rata". Los arañazos de las zarzas se conocen como mordeduras de rata. Laz afirmó una vez que las zarzas no te harían arañazos peores que los que te harían al bautizar a un gato.

Le pregunto por la colina del Laboratorio de Metanfetamina, preguntándome a qué podría parecerse su perfil topográfico.

"Eso es fácil", dice. "La primera vez que lo investigamos vimos un laboratorio de metanfetamina".

"¿Sigue funcionando?"

"Sí", se ríe. "Esos mamones pensaban que nunca les encontrarían. Apuesto a que pensaban: "¿Quién coño podría venir por esta colina?".

Empiezo a entender por qué Laz ha hablado tanto de sus nuevas secciones: la dificultad de la Cosa Mala, la novedad del túnel de la prisión. Marcan su poder sobre el terreno.

A lo largo de los años, Laz ha sufrido bastantes fricciones con las autoridades del parque. Un hombre llamado Jim Fyke, molesto por la erosión y las plantas en peligro de extinción, estuvo a punto de suspender la carrera para siempre. Laz se limitó a desviar el recorrido por zonas protegidas y lo llamó "Fyke's Folly".

Puedo sentir la nostalgia de Laz por los días más salvajes, cuando Frozen Head aún estaba lleno de fantasmas de delincuentes y forajidos huidos, lleno de yonquis por descubrir y sus medicinas para el resfriado escondidas. Ahora los tiempos son diferentes, más tranquilos. El año pasado, los guardabosques cortaron las zarzas de Rat Jaw una semana antes de la carrera. Laz se enfadó. Este año les hizo prometer que esperarían hasta abril.



Su mayor deseo parece ser idear una carrera imposible de correr, sostener el horizonte inmortal de un desafío imbatible con contornos frescos e incognoscibles. Después del primer año, cuando nadie estuvo siquiera cerca de terminar, Laz escribió un artículo titulado: EL "RECORRIDO" GANA LA  BARKLEY  MARATHONS. No es difícil imaginar cómo Laz, reclinado en su silla de jardín, podría ver el propio recorrido como su avatar: su carrera es un competidor lo bastante fuerte como para triunfar, incluso cuando apenas puede mantenerse en pie.

Solía correr esta carrera, en días de mejor salud, pero nunca consiguió terminarla. En cambio, ha conseguido ganarse el respeto como hombre de principios, un hombre tan comprometido con la noción del dolor que está dispuesto a unir a los hombres en su búsqueda.

VI.

Sólo hay dos senderos públicos que se cruzan con el recorrido: Lookout Tower, al final del sendero South Mac, y Chimney Top. En general, Laz desaconseja encontrarse con corredores mientras corren. "Incluso la mera visión de otros seres humanos es una especie de ayuda", explica. "Queremos que sientan todo el peso de su soledad".

Dicho esto, una mujer llamada Cathy recomienda Chimney Top para hacer senderismo.

"Me rompí el brazo allí en enero", dice, "pero es bonito".

"Suena divertido", le digo.

"¿Era ese viejo tronco sobre el arroyo?". pregunta Laz con nostalgia, como si recordara a un viejo amigo.

Ella niega con la cabeza.

Pregunta: "¿Estaba Raw Dog contigo cuando lo hiciste?".

"Sí".

"¿Se reía?"

Un hombre que parece ser su marido -presumiblemente "Raw Dog"- interviene: "Su brazo estaba en forma de S, Laz. No me estaba riendo".

Laz se lo piensa un momento. Luego le pregunta: "¿Te dolió?".

"Creo que lo bloqueé", se ríe ella. "Pero oí que estuve maldiciendo todo el camino montaña abajo".

Veo a Laz cambiar de modo con fluidez entre maestro calloso y padre de guarida. "Al anochecer", asegura a Doc Joe, "habrá una carnicería", pero luego se inclina para acariciar a su perro pirata. "¿Tienes hambre, Pequeño?", pregunta. "Puede que hoy hayas recibido mucho amor, pero aún así necesitas comer". Siempre que le veo por el campamento, me dice: "¿Crees que Julian se lo está pasando bien ahí fuera?". Al final le digo: "¡Joder, espero que no!", y él sonríe. ¡Esta chica lo entiende!

Pero no puedo evitar pensar que su pregunta disuelve precisamente el tipo de soledad que él parece tan interesado en producir, y sus corredores tan interesados en cortejar: la idea de que cuando estás solo ahí fuera, alguien de vuelta en el campamento está pensando en ti solo ahí fuera, es, por supuesto, sólo otro tipo de conexión. Que es parte del punto de esto, ¿verdad? Que las dificultades facilitan una soledad compartida, un aislamiento total que otros han experimentado antes y volverán a experimentar, que esos otros están presentes en espíritu aunque la naturaleza haya domesticado, envejecido, brutalizado o eliminado sus cuerpos.




VII.

Cuando Julian llega de su primer bucle, casi ha anochecido. Lleva doce horas fuera. Me siento como si compartiera este momento de triunfo con Laz, en cierto sentido, aunque también sé que es promiscuo en este tipo de intercambios. Hay un lugar en su corazón para todos los que corren su guante, y todos los que son tan tontos como para pasar días en el bosque sólo para ver a alguien tocar una puerta amarilla.

Julian está de buen humor. Pasa las páginas para que se las cuenten. Tiene diez "61", entre ellos uno de "El poder del pensamiento positivo" , que apareció al principio del recorrido, y otro de un relato sobre el alcoholismo adolescente titulado "El gran yo tardío", que apareció casi al final. Me doy cuenta de que le han arrancado la cinta adhesiva de los pantalones. "¿Se la has quitado? le pregunto.

"No", responde. "Por supuesto que me la quité".

En el campamento come sándwiches de hummus y galletas de las Girl Scouts, apenas consigue engullir un Ensure de nuez de mantequilla. Se debate entre otro bucle. "Estoy seguro de que no lo terminaré", dice. "Probablemente salga durante horas y luego me deje caer y tenga que encontrar el camino de vuelta en la oscuridad".

Julian hace una pausa. Cojo una de sus galletas.

Dice: "Supongo que lo haré".

Coge la última galleta antes de que yo pueda cogerla. Coge otro dorsal, para su segunda ronda de páginas, y Laz y yo lo enviamos al bosque. Su chubasquero brilla plateado en la oscuridad: hermano robot, a dar otra vuelta.

Julian ha completado hasta ahora cinco carreras de cien millas, así como innumerables carreras "cortas", y una vez le pregunté por qué lo hacía. Me lo explicó así: Quiere conseguir un sistema de responsabilidad completamente aislado, que no dependa de información externa. Quiere correr 160 km cuando nadie sepa que corre, para que el deseo de impresionar a la gente o la vergüenza de abandonar no constituyan sus fuentes de motivación. Tal vez este tipo de pensamiento es lo que le permitió doctorarse a los veinticinco años. Es difícil saberlo. Barkley no ofrece una forma pura de este impulso aislado, pero se acerca bastante: cuando es medianoche y llueve y estás en la colina más empinada que has subido nunca y estás sangrando por las zarzas y estás solo y llevas horas solo, sólo estás tú para ser testigo de si abandonas o continúas.






VIII.

A las cuatro de la mañana, el fuego bulle. Algunos de los que van en cabeza se preparan en el campamento para dar la tercera vuelta, bebiendo café o durmiendo siestas de quince minutos en sus tiendas. Es como si el pensamiento de "todo el peso de la soledad" hubiera inspirado una necesidad de compañía aquí atrás, del mismo modo que el hambre de Julian -cuando se detiene en busca de ayuda- me hace sentir hambre a mí, aunque haya hecho poco para ganármela. El dolor de otra persona se registra como una experiencia en el perceptor: la empatía como simetría forzada, un eco corporal.

"Piensa", me dice Laz. "Julian está ahí fuera, en alguna parte".

"Ahí fuera" es una frase que surge con frecuencia en el campamento. Tan a menudo que uno de los corredores habituales, un viejo enjuto llamado "Frozen Ed" Furtaw (como Cabeza Helada, ¿entiendes?) que corre con mallas de camuflaje naranja atardecer, ha autoeditado un libro titulado Tales from Out There: The Barkley Marathons, The World's Toughest Trail Race. El libro detalla cada año la carrera del cometa de D.N.F.s e incluye un elaborado apéndice en el que se enumeran otras carreras de trail atrozmente difíciles y se explica por qué no son tan duras.


"Estaba orgulloso de Julian", le digo a Laz. "Estaba oscuro y hacía frío y él apenas podía tragar su lata de Ensure y simplemente apoyó la cabeza en las manos y dijo: "Allá voy"".

Laz se ríe. "¿Cómo crees que se siente ahora sobre esa decisión?".

Empieza a llover. Hago un nido en la parte trasera de mi coche. Escribo notas para este ensayo. Veo un episodio de The Real World: Las Vegas, y luego lo apago, justo cuando Steven y Trishelle están a punto de enrollarse, para ahorrar energía para el día siguiente y también porque no quiero ver cómo Steven y Trishelle se enrollan; yo quería que ella se enrollara con Frank. Intento dormir. Sueño con el túnel de la prisión: se está inundando y me acaban de poner una multa por exceso de velocidad, y estas dos cosas están relacionadas de una manera importante que aún no puedo comprender. De vez en cuando me despierta el lúgubre sonido de los "abandonos" (taps), como los gritos de un animal salvaje que resuenan en la noche.



Julian regresa al campamento sobre las ocho de la mañana. Estuvo fuera otras doce horas, pero sólo consiguió llegar a dos libros. Perdió un par de horas, otras dos las pasó tumbado, bajo la lluvia, esperando a que amaneciera. Está orgulloso de haber salido, aunque no creía que fuera a llegar lejos, y yo también estoy orgullosa de él.

Nos reunimos con los demás bajo la carpa para la lluvia. Charlie Engle describe lo que le obligó a volver durante su tercer bucle. "Me caí de culo bajando por Rat Jaw", dice. "Luego me levanté y me volví a caer, me levanté y me volví a caer. Eso fue todo".

Hay una lógica muy bíblica en esta historia: es la tercera vez la que realmente hace el truco, sella el trato, rompe la espalda, lo que sea.

Laz pregunta si Charlie disfrutó de la sección de la prisión. Laz pregunta a todo el mundo sobre la sección de la prisión, de la misma forma que preguntarías sobre el poema de tu hijo: ¿Te gustó?

Charlie dice que sí, que le gustó mucho. Dice que los guardias eran lo bastante amables como para darle indicaciones. "Eran buenos chicos sureños", y por la forma en que lo dice me doy cuenta de que Charlie también se considera un buen chico sureño. "Nos dijeron: 'Subid por ese holler...' y entonces los californianos que estaban conmigo se giraron y dijeron: '¿Qué coño es un holler?'".

"Deberías haberles dicho", dice Laz, "que en Tennessee un holler es cuando quieres salir pero no puedes".

"¡Eso es exactamente lo que dije!" nos dice Charlie. "Dije: cuando estás parado descalzo en un hormiguero rojo, eso es un holler. La colina que estamos a punto de subir-eso es un holler".

La lluvia no da tregua. Laz no cree que nadie llegue a los cien este año. Hubo algunas primeras vueltas estelares, pero ahora nadie parece lo suficientemente fuerte. La gente especula sobre si alguien terminará siquiera la Carrera Popular. Sólo quedan seis corredores con posibilidades. Si alguien puede terminar, todo el mundo está de acuerdo, será Blake. Laz nunca lo ha visto renunciar.

Julian y yo compartimos un muslo de pollo untado en salsa barbacoa. Sólo quedan dos en la parrilla. Es un milagro que el fuego no se haya apagado. El pollo está bueno, y cocinado como prometió, humeante en nuestras bocas contra el aire frío.

Un tipo llamado Zane, con quien Julian corrió gran parte de su primer bucle, nos dice que vio varios jabalíes en los senderos por la noche. ¿Estaba asustado? Pues sí. Uno se le acercó lo suficiente como para hacerle salir corriendo por el borde de una curva, con un palo de lucha en la mano. ¿Habría ayudado un palo? Todos estamos de acuerdo, probablemente no.

Una mujer vestida con lo que parece un cortavientos de cuerpo entero ha empacado una bolsa de plástico con ropa. Laz explica que su marido es uno de los seis corredores que quedan. Planea reunirse con él en la Torre del Vigía. Si él decide abandonar, ella le entregará su ropa seca y lo acompañará por el sendero fácil de cinco kilómetros hasta el campamento. Si decide continuar, le deseará suerte mientras se prepara para otra subida, empapado de agua de lluvia y orgullo, incapaz de coger la ropa seca porque aceptar ayuda le descalificaría.

"Espero que le enseñe la ropa seca antes de que se decida", dice Laz. "La elección es mejor así".

La multitud se agita. Hay un corredor subiendo por la colina asfaltada. Venir de esta dirección es una mala señal para alguien que está en su tercera vuelta: significa que está abandonando en lugar de terminar. La gente adivina que es J.B. o Carl -debe ser J.B. o Carl, no quedan muchos corredores-, pero al cabo de un momento Laz jadea.

"Es Blake", dice. "Reconozco sus bastones".

Blake está empapado y temblando. "Estoy al borde de la hipotermia", dice. "No podría hacerlo". Dice que escalar Rat Jaw fue como trepar por un tobogán de parque infantil en patines, pero por lo demás no parece inclinado a ofrecer excusas. Dice que estuvo corriendo con J.B. durante un rato, pero que le dejó en Rat Jaw. "Son malas noticias para J.B.", dice Laz, sacudiendo la cabeza. "Probablemente volverá pronto".

Laz le entrega la corneta. Es como si no pudiera soportar tocar el "tap" para Blake. Está claramente decepcionado de que Blake esté fuera, pero también hay una nota de regocijo en su voz cuando dice: "Nunca se sabe lo que puede pasar por aquí". Hay emoción en la tensión entre controlar la carrera y reconocerla como algo que siempre le desobedecerá. Se aproxima al placer -¿placer? - de la propia ultramaratón: el esfuerzo simultáneo y la cesión de poder, controlar el cuerpo lo suficiente como para que corra esta cosa pero, en última instancia, ofrecerlo a los caprichos incontrolables de la suerte y la resistencia y las condiciones, entregarse a la emoción de esta dominación.

Doc Joe me hace señas para que me acerque a la hoguera. "Sujeta esto", me dice, y me empuja un gran rectángulo de revestimiento de aluminio. Coloca una rama de árbol caída en el borde para hacer un techo sobre el fuego, donde la única pechuga de pollo que queda se está tostando hasta adquirir un bonito color marrón. "Es el pollo de Blake", explica. "Lo cubriré con mi cuerpo si es necesario".



IX.

¿Por qué este sentido de lo que está en juego y del heroísmo? Por supuesto, me he estado preguntando todo el tiempo: ¿por qué hace esto la gente? Siempre que planteo la pregunta directamente, los corredores responden con ironía: Soy masoquista; necesito un lugar donde poner mi locura; tipo A de nacimiento; etc. Empiezo a comprender que bromear sobre esta pregunta no es una evasión, sino una parte intrínseca de la respuesta. Nadie tiene que responder seriamente a esta pregunta, porque ya la está respondiendo seriamente, con su cuerpo, su fuerza de voluntad y su dolor. El cuerpo se somete con toda seriedad, con degradación y compromiso, a lo que las palabras sólo pueden describir con ligereza. Tal vez por eso tantos ultracorredores son antiguos adictos: quieren redimir los cuerpos que una vez castigaron, dominar los yoes físicos a cuyos antojos una vez sirvieron.

Hay una tautología graciosamente frustrante en este testimonio encarnado: ¿Por qué lo hago? Lo hago porque duele mucho y aún así estoy dispuesto a hacerlo. La mera ferocidad del esfuerzo implica que, de algún modo, el esfuerzo merece la pena. Se trata de un propósito más implícito que articulado directamente. Laz dice: "Nadie tiene que preguntarles por qué están aquí; todos lo saben".

Sería fácil fijarse en cualquier número de posibles propósitos -conquistar el cuerpo, la fraternidad en el dolor-, pero da más la sensación de que el significado habita en círculos concéntricos de trabajo alrededor de un centro vacío: el compromiso con un ímpetu que se resiste a la fijeza o a las etiquetas. La persistencia del "por qué" es la cuestión: el escurridizo horizonte de una pregunta sin respuesta, el equivalente conceptual de una carrera que no se puede correr.

X.

Pero: ¿cómo acaba la carrera?

Resulta que J.B. consigue una sorprendente victoria. Lo que hace que el quinto párrafo de este ensayo sea mentira: la carrera ya tiene nueve finalistas. Recibo esta noticia en forma de mensaje de texto de Julián, que se ha enterado por Twitter. Los dos volvemos a casa por carreteras distintas. Mi pensamiento inmediato es: "Mierda. No tenía pensado centrarme en J.B. como personaje central de mi ensayo -no me había parecido una de las personalidades o aspirantes más fuertes del campamento-, pero ahora sé que también tendré que convertirlo en una historia.



En esto se especializa Barkley, ¿verdad? Se traga la historia que imaginaste y te entrega otra. Blake y Carl -ambos fuertes tras sus segundas vueltas, dos de mis figuras de interés elegidas- ni siquiera terminaron la Fun Run.

Ahora todos se van a casa. Carl volverá a su taller mecánico de Atlanta. Blake ayudará a su hija a entrenarse para las pruebas. John Price volverá a su retiro y a su carromato. Laz, según he descubierto, volverá a su puesto de ayudante del entrenador del equipo de baloncesto masculino del instituto Cascade, al final de la autopista, en Wartrace.

XI.

Una de las indagaciones más convincentes sobre la cuestión del por qué -al menos en mi opinión- es en realidad una indagación en torno a la pregunta, y reside en una historia de locura temporal: El aterrador relato de A.T. sobre su "crisis de propósito" del quinto bucle en 2004.

Por "crisis de propósito", quiere decir "perder la cabeza en toda la definición de la expresión", una condición relativamente poco sorprendente, dadas las circunstancias. No está solo en esta experiencia. Otro ultracorredor llamado Brett Maune describe haber alucinado con una banda de indios serviciales al final de su carrera de tres días por el sendero John Muir:

Me vigilaban mientras dormía y charlaba brevemente con ellos cada vez que me despertaba. Fueron muy considerados e incluso me ayudaron a empaquetarlo todo cuando estuve listo para reanudar la marcha. Espero que esto no cuente como ayuda.




A.T. describe el deambular sin tener una idea clara de cómo había llegado al sendero o qué se suponía que debía hacer allí: "Me olvidaba del Barkley durante minutos y minutos, aunque la premisa persistía. Tenía que llegar al Garden Spot, porque... ¿por qué? ¿Había alguien allí?". Su amnesia capta el esfuerzo en sus términos más crudos: premisa sin motivación, dificultad sin contexto. Pero su relato ofrece destellos de asombro:

"Me metí en un charco hasta las rodillas durante una hora, quitándome el barro de los zapatos..... Caminé hasta Coffin Springs (la primera gota de agua). Me senté y vertí litros y litros de agua fresca en mis zapatos.... Inspeccioné los árboles pintados que delimitan el parque; a veces me adentraba en el bosque sólo para ver la pintura de un árbol."

En cierto sentido, Barkley hace precisamente esto: obliga a sus corredores a apreciar lo que de otro modo no habrían conocido o notado: el dolor en los cuádriceps cuando han sido castigados más allá de toda medida razonable, la fatiga tirando de los hilos del cuerpo inexorablemente hacia abajo, la mente entumecida y vidriosa por el dolor.

Al final del relato de A.T., la faceta de Barkley considerada más brutalmente agotadora, esa siniestra y sagrada "autosuficiencia", se ha convertido en un milagro inexplicable: "Cuando refrescaba, tenía una camiseta de manga larga. Cuando tenía hambre, tenía comida. Cuando oscurecía, tenía luz. Pensé: Vaya, ¿no es extraño que tenga todas estas cosas perfectas, justo cuando las necesito?".

Esto es benevolencia como sorpresa, evidencia de una gracia más allá del yo que, por supuesto, ha venido del yo -el mismo yo que cargó la riñonera horas antes, cuyo papel ha sido oscurecido por una ilusión cansada, convertida en otra por el mero hecho de que el cuerpo ha perdido su propia mente. Así sucede. Una mañana, un hombre sopla una caracola y dos días más tarde, respondiendo a la llamada de esa caracola, otro hombre encuentra todo lo que necesita atado a su propio cuerpo, donde no puede esperarlo ni explicarlo.