Mostrando entradas con la etiqueta Ehunmilak. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ehunmilak. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de agosto de 2025

EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR



 Si no me falla la memoria, en mi historial solo cuento con tres abandonos. El primer abandono fue en mi primera Ehunmilak, en Tolosa, en la base de vida del kilómetro 80 aproximadamente. Ese mismo año, en Mayo, quedamos terceros en la modalidad de equipos en los 101 kilómetros de Ronda. Un mes y medio más tarde, nos presentamos en la Ehunmilak, también como equipo, para afrontar sus 170 kilómetros, con sus 11.000 metros de desnivel positivo (y sus 11.000 negativos). Ambas carreras se parecen como un huevo a una castaña. Cuando llegamos a Tolosa, yo ya tenía los cuádriceps destrozados, sobre todo por el efecto de las bajadas. Mis compañeros de equipo tampoco andaban muy finos, así que decidimos abandonar en ese punto.

Mi segundo abandono fue en los 101 kms de Ronda. El año después de subir al pódium en la modalidad de equipos, el objetivo era bajar de 11 horas. En base a las 12 horas 50 minutos que nos otorgaron el tercer puesto y sumando la cantidad de tiempo perdido, bajar de 11 horas no era un objetivo descabellado. El día de la prueba, nos tocó un clásico día de calor anormal para la fecha. A las 11:00h de la mañana dieron la salida, bajo un sol de justicia. Tres horas y treintaytantos  kilómetros mas tarde, corriendo a una media para rondar las diez horas, decidimos quedarnos en un bar de Arriate, siendo conscientes del reventón que íbamos a pegar tarde o temprano. 

Mi tercer abandono fue en la Ultra La Pretoriana. En su primera edición, con una distancia de 70 kilómetros, era una prueba muy corrible, todo por pistas forestales y asfalto. No se como, aquella mañana, me puse en cabeza desde la salida. Mi autoestima aquel día debía estar por las nubes, porque me puse a tirar junto a un grupo de cuatro o cinco corredores. Al principio me sentía de puta madre, pero sobre el kilómetro 25 me sentía de puta pena. Sobre el kilómetro 30 llevaba ya un pajarón que ni caminar podía. Pagué cara mi osadía y tuve que abandonar. La cura de humildad fue importante.

Quitando estos tres abandonos, podría decir que mi porcentaje de finalización de pruebas es del 95%.

Pero hay un asunto que se escapa a la propia voluntad, pero que te deja inmerso en el "Síndrome del Impostor" (o al menos a mi me pasa) y es la "neutralización" de una prueba. 

En mi caso, mi segunda Ehunmilak fue neutralizada por tormenta eléctrica a los pies del Txindoki, en el kilómetro 100, y en la primera edición de la Canfranc-Canfranc de 100 kilómetros, nos neutralizaron en el kilómetro 55, también por tormentas.  En ambos casos, se nos entregó la prenda "finisher" y se nos reconoció como finalizadores de la prueba, pero.......¿como te sientes ante esa situación? ¿eres un "finisher" legítimo? ¿habrías cruzado la meta de no haberse neutralizado la prueba?

Por mi parte, viniendo de un abandono en Ehunmilak, ser neutralizado tras 100 kilómetros (100 kilómetros de Ehunmilak son un matadero, compadre), la patada en los huevos (sicológica) duele bastante. Lo peor es que cuando el cuerpo se enfría después de esos 100 kilometrazos, comienzas a pensar que quizás te han hecho un favor, porque te quedaban 70 kilómetros por delante y cuando notas tu cuerpo dolorido, tu mente comienza a plantearte si en realidad habrías llegado al final o habrías tirado la toalla de nuevo. El Síndrome del Impostor te atormenta y vives con esa cicatriz emocional, con esa sensación de fraude que te hace pensar que aún tienes una cuenta pendiente. Ponerte una prenda finisher bajo esas circunstancias es un poco incómodo.

En el caso de la Canfranc-Canfranc 100, al ser muy pocos participantes y ver como gente conocida había abandonado antes de la neutralización, no te quedas con una sensación tan chunga. Esos 55 kilómetros ,por un terreno tan técnico, con una climatología de mierda, te dejan bastante feliz contigo mismo. No obstante, sigues pensando que no eres un finalizador legítimo y que deberías regresar y zanjar el asunto. El caso es que ,ese Síndrome del Impostor, te hace dudar de tus capacidades y atribuyes a la suerte un tanto por ciento elevado de tu éxito, siendo tú el único culpable en caso de fracaso. ¿Volverías a sacrificar un verano sureño ,con duros entrenamientos, para volver y fracasar? En absoluto. Así de jodida es la mente.




Pero ahora vamos a dejar de hablar del Síndrome del Impostor y nos vamos a centrar en el Impostor sin Síndrome.

Dado que tengo más años que la chapa del parque, y que sigo inmerso en este mundillo, voy a narrar una serie de historias reales, con nombres y apellidos, pero sin dar nombres ni apellidos, para evitar polémicas y conflictos. Habrá quien se sienta aludido, por supuesto, pero supongo que como hoy en día la gente no lee, y menos un ladrillo de este tamaño, los implicados difícilmente se topen con este texto.

Hay un termino que está muy de moda, al menos entre los más jóvenes, y es la palabra "Poser", que es algo así como "farsante". Pues hablemos ahora de algunos poser del correr.

Primer poser: Individuo que se inscribe cuatro años seguidos a la misma prueba, pero ninguno de los cuatro se presenta en la línea de salida. Eso si, cada año redacta una autorización para que algún conocido le recoja la bolsa del corredor. Luego lo puedes ver trotando por el "paseo del colesterol" de su ciudad, en el horario más concurrido, con la camiseta de cualquiera de las cuatro ediciones.

Como ya he comentado, los individuos existen, son reales, no estoy lanzando un supuesto. Seguro que conoces algún caso parecido, con su nombre y apellidos, que no tiene nada que ver con el mío.

Segundo poser: Individuo que, una vez retirado de una ultra, al día siguiente, aprovechando la llegada de los corredores, se viste de corredor, con mochila incluida y el dorsal colocado estratégicamente de manera que no se vea el recorte o la marca que ponen a los que abandonan, y llega a meta trotando. El individuo recibe el chaleco "finisher" y las felicitaciones, porque los voluntarios no se ponen a revisar listas de abandonos en el arco de meta. Luego lo ves vestir la prenda, impasible, más ancho que Dios.

Tercer poser: Individuo que abandona en una ultra, consigue que lo trasladen en un vehículo, se baja a 400 metros de la meta y corre hasta cruzar en cuarta posición. Genio y figura.

Cuarto poser: Individuo que abandona en una ultra, pero se compra todo el merchandising de la misma, inclusive la prenda finisher de ediciones anteriores, ya que la venden en meta a buen precio. 

Quinto poser: Individuo que se apunta a una prueba de 100 millas y se retira en el kilómetro 30. Al año siguiente repite la misma operación, pero esta vez neutralizan la prueba en ese kilómetro 30. El individuo recibe la prenda finisher de una prueba de 100 millas, con solo 30 kilómetros en las piernas. No es su culpa, claro está. Le comentas que el año que viene seguro que la termina y te dice "Ni hablar, yo ya tengo la prenda finisher, ya no me hace falta volver", así, sin titubear. 

Sexto poser: Individuo que se inscribe en una de las pruebas "cortas" de UTMB, llámese OCC o CCC, pero por algún tipo de fobia, en las redes sociales, siempre publica que va a "correr UTMB", sin mencionar las siglas de su verdadera distancia y evitando mostrar el dorsal, para que no se vea que no corresponde a la prueba de 170 kilómetros. Luego publica "reto superado", sin detalles que desvelen la prueba que ha corrido. El individuo recibe los elogios por "esas 100 millas que se ha cascado" , pero por supuesto no procede a corregir ese detalle sin importancia, solo se limita a dar las gracias y a eliminar aquellos comentarios donde le insinúan que "No ha corrido UTMB, ha corrido OCC". 

Tengo una anécdota personal con respecto a recibir una prenda que no te corresponde. En el UTMB de 2006, fui retirado por no pasar el corte horario en el Refugio Elisabetta. Al día siguiente, mi colega Pedrito Lince llegaba a meta destrozado, en última posición dentro del tiempo oficial. Lo esperamos a las afueras de Chamonix para acompañarlo y darle ánimos en los últimos metros. Yo le cargué los bastones y la mochila, porque no podía con su alma, incluso tenía fiebre. Al llegar a meta a su lado, fue recibido como un héroe y a mi me felicitaron y me dieron también la chaqueta finisher por error, aunque yo iba en vaqueros. Como mi dignidad no me permite ponerme esa prenda tan preciada, en ese mismo instante se la entregué a uno de mis compañeros, que había abandonado allá por el kilómetro ciento y pico. No sé si el la ha llegado a usar, pero yo sabía que el día que me pusiera una prenda con ese valor, tendría que haberla sudado. Podría haberla rechazado cuando me la entregó el voluntario, pero teniendo en cuenta que Pedrito era el último corredor, no se la estaba quitando a nadie. Al año siguiente, en 2007, regresé a UTMB y me gané la mía. 

Yo no se tú, pero prefiero padecer el Síndrome del Impostor a vivir en la mentira del Impostor sin Síndrome. Allá cada cual. 



sábado, 5 de mayo de 2018

Aurresku de Honor


Dorsal en el pecho, silencio, nervios, suena el Aurresku.

Hace unos días, subí por cuarta vez a Euskal Herria para participar en una ultra por montaña. En esta ocasión tocaba Navarra. La Nafarroa Xtrem es una prueba de 68 kilómetros, con 4000 metros de desnivel positivo acumulado, y sus correspondientes 4000 negativos.
Siempre digo que el desnivel positivo cansa, y el negativo duele, y si vas a correr al País Vasco no tendrás duda de ello.
Señoras y señores, olviden las zetas, aquí se sube y se baja por derecho. No busquen senderos zigzagueantes para subir a una cima (o bajar de ella), no los hay...........o los esconden el día previo a la carrera.

Hace ahora diez años de mi primera prueba en esas lejanas tierras: Hiru Haundiak 2008. Lejanas por que, para uno que vive viendo por la ventana el Peñón de Gibraltar, cruzar la península de cabo a rabo, supone una jornada de ida y una de vuelta.
Aquella noche, a las 00:00h, se salía desde Zalduondo hacia la cima del Aizkorri, mil metros de desnivel positivo para ir abriendo boca. Atravesamos un bosque en continua pendiente, envueltos en la niebla, sorteando raíces y resbalando con el barro.
Tras dejar el bosque, llegó la roca, y a medida que ascendías se escuchaban cencerros y gritos de ánimo de los voluntarios, y de gente que había subido a la cima tan solo a animar. Aquello fue un flechazo, un momento difícil de olvidar.
Unas horas más tarde, ya de día, subía trepando a la cima del Anboto, y de aquel flechazo surgió el amor.

Bosques, caseríos, hierba, gentes, montes, barro, esencia.



Aurresku de honor en Beasain. De nuevo silencio, nervios, estás y no estás allí. De reojo miras la cruz de esa cima a la que en breves momentos te vas a dirigir, así, a lo bestia, un segundo plato sin pasar por los entrantes, ni por el primero.
Escuchas el txistu, aplausos, y arranca Ehunmilak 2011.
Madrugada de subidas que te sacan el resuello y bajadas que sobrecargan la musculatura.
Grupitos de gente, esparcidos por los montes, que en la oscuridad te gritan mensajes de ánimo tan curiosos como: ¡¡¡ Aupa Cadizzzz, me cago en dios y en los curas pequeños !!!
No puedes comerte al oso, y el oso te come a ti. Abandono en Tolosa, tras 80 kilómetros. Las piernas maltrechas, pero el amor reforzado.




Dos años más tarde, vuelvo a presenciar el Aurresku en Beasain. Esta vez el calor y las tormentas quieren ser protagonistas. De nuevo sus gentes, su aliento, su amor a la montaña, te dejan prendado. De nuevo sus subidas inclementes y sus dolorosas bajadas.
En Amezketa, a los pies del Txindoki, la carrera queda neutralizada por tormenta eléctrica, y tras 98 kilómetros, nos devuelven al pueblo desolados.
A la mañana siguiente, un Aurresku suena en nuestro interior, y decidimos subir al Txindoki por nuestra cuenta........como si los 98 kilómetros del día anterior no hubiesen sido suficientes.



 28 de Abril de 2018, Zubiri.  Tras un nuevo Aurresku, subimos hacía la cima del Adi. Bajo un cielo gris, y una espesa niebla, atravesamos un denso bosque, húmedo, embarrado, de un color verde que hasta podría dañar la vista. De nuevo enamorados, pensando que han merecido la pena los 1000 kilómetros de viaje de ida (y los que quedan de vuelta) para recorrer estos 68.
Los primeros mil positivos no se hacen notar, son muy llevaderos, incluso se camuflan con la belleza de los parajes que atravesamos. El cielo amenaza lluvia, e incluso suenan truenos, pero de momento aguanta. Tan solo el viento nos castiga un poco en las zonas altas.
Hasta el avituallamiento de Artesiaga, la prueba despista un poco, pero desde aquí puedes contemplar la pared que te espera hasta la cima de Saioa. Ahora es cuando cobra sentido la palabra "Xtrem" que acompaña a Nafarroa; ahora es cuando sabes que has venido a correr al País Vasco.

Toca tirar de cojones y de bastones. 



Subir, bajar y volver a subir, esta vez al Zuriain. Desde aquí, una larguísima bajada nos lleva al avituallamiento de Aritzu, al que llego arrastrando el alma, con las baterías agotadas. Por suerte, este es el avituallamiento fuerte, con sopa  y pasta. Así que nos sentamos tranquilamente a comernos unos macarrones y un par de cocacolas. 
Lo ideal hubiese sido reposar la comida, pero por contra, según sueltas el tenedor, tienes que agarrar los bastones y "escalar" el paredón que sube hasta Artzeki. Lo sufro más de lo acostumbrado, ya que no me ha dado tiempo a notar el efecto recuperador de la comida. Esto no es nada nuevo, ni lo de los paredones de las tierras vascas, ni lo de los bajones físicos en las carreras por montaña. Sabes que te vas a recuperar, siempre lo haces, y sabes que tras la pared llega el precipicio de bajada.....largo, empinado, escalonado, castigador..........cagoentó!!!



Al final resucitas, vuelves a ser capaz de sonreír, de charlar con los voluntarios, de cascarte otras dos o tres subidas para nacidos "en el centro de Bilbao", y de bajar por un par de despeñaderos hasta cruzar la meta en Zubiri.

Siempre compensa subir a estas tierras. Siempre es un honor presenciar un Aurresku y sentite un poquito de allí, aunque sea por unas horas. No dejéis pasar la oportunidad de subir a correr por los montes vascos, no os arrepentireis. 



jueves, 22 de enero de 2015

Enamorado de ella.


Yo era pequeño, tan solo un niño, y ella algo mayor que yo.....aun recuerdo su nombre. Me gustaba mirarla, no se porque,  pero había algo en ella que me atraía. A menudo, en mis ratos de juego, la recordaba, y fantaseaba con estar con ella.
Luego fui creciendo....y sin darme cuenta la fui olvidando, aunque a veces al oír su nombre me venía su recuerdo.

Pasaron los años, y con ellos se fueron los juegos, y llegaron otros intereses. Sumergido en fiestas, amigos, aficiones dispares, algún que otro vicio....el tiempo de universidad....
Tras la tormenta llega la calma, el nervio se apacigua , el joven revoltoso va sentando la cabeza, se va haciendo responsable....se va cargando de compromisos, y de buenas a primeras, sin saber muy bien como, eché a correr....

Allí estaba ella, aquella mañana, el destino nos puso a los dos en el mismo lugar. Con solo verla, tuve esa sensación de que ya la conocía de antes, pero fue entonces, al oír su nombre, cuando recordé aquel amor de mi niñez.

Poco a poco me fui acercando a ella, con la intención de conocerla, pero con mucha timidez. A escondidas, en casa, veía sus fotos, incluso soñaba con ella muchas noches.....y cuando alguien pronunciaba su nombre, un hormigueo hacía cosquillas a mi estómago.

Dicen que el roce hace el cariño.....pero yo me enamoré.

Necesitaba ir a verla, pasar las horas con ella, respirar de su aire, impregnarme con su aroma.
Despedidas tristes, y noches desvelado al saber que madrugaría para un nuevo encuentro.
Conducía de madrugada, y llegando a mi destino, el amanecer me regalaba el recorte de su silueta.
No hay día demasiado frío, ni lluvia demasiado intensa, no hay viento que frene mi avance, no hay fuerza que me impida verla.

Sabes que estas enamorado, cuando sonríes al ver sus fotos, y te brilla la mirada, y cuando te sorprendes con celos.....al verla en una foto con otro que no eres tu.

Estar a su lado me hace olvidarme del resto del universo, desconectar de los problemas, y es cuando consigo aquello de "vivir el momento".



Ella me hace sentirme fuerte, aflorar mi lado salvaje, y hace que crezca mi autoestima.
Se que lo nuestro durará, tanto como perdure esa sensación de echarla de menos cuando estamos separados.
Tengo una foto suya en el fondo de escritorio, y a veces me sorprendo en la oficina, pensativo, absorto en mis recuerdos, en momentos vividos junto a ella.

Cuando alguien me pregunta por ella, trato de disimular, aunque seguro que se nota mi pasión, porque no puedo evitar soltar una retahíla de elogios, y monopolizo la conversación contando todas sus virtudes.

Enamorado de ella, no existe otra definición para esta sensación que me embarga.

Si alguna vez ella llegara a leer esto, me moriría de vergüenza, y no podría volver a mirarla. Pero si esto sucediera, y ya no hubiera solución, quiero que sepas mi amor que estas clavada en mi alma......y que no puedes imaginar cuanto te quiero, Montaña.






Timelapse movie: The Alps -- part I from Michael Rissi on Vimeo.

sábado, 20 de julio de 2013

Txindoki

Fotos tomadas por mi amigo y compañero de carreras Sergio Garcia Medina, alias "Xumbo de los Bosques", el día despues de la Ehunmilak 2013.








martes, 16 de julio de 2013

Ehunmilak 2013: Despues de la tormenta.



Subiendo de madrugada, por medio de un bosque, escuché la voz de mi amigo Bernardo gritarme a lo lejos: ¡¡ Ivan, correr no corres una mierda, pero que bien escribes joío !!
Entre risas de toda la peña que subía en hilera, le contesté: ¡¡ al menos yo hago algo medio bien, porque todos los que estáis aquí en este momento corréis la misma mierda que yo, y no os he leído nada decente !!

COMPARTIR ,es lo que le da sentido a esto que hago, a correr, a escribir, y a subir montañas. Compartir lo que escribo, compartir las risas en la madrugada, compartir la visión desde la cumbre, y compartir las vivencias sentados frente a una cerveza.

Sin Sergio y Arturo, la Ehunmilak de este año no habría tenido sentido. Compartimos viaje, habitación, risas, silencios, calor, cansancio, canciones, bajones, subidones.........y momentazos como ese "Sultans of Swing" bajo la lluvia saliendo de Azpeitia.

Compenetrados en todo, hubiéramos sido un buen equipo. Subiendo "de vicio" y bajando "de pena".....sin separarnos en toda la carrera......y cantando igual de mal !!

Me hubiera encantado escribir esta crónica, adjuntando al final una foto entrando en meta.....pero no va a ser así. Al cambio, esta crónica tiene su propio final feliz, y su propia foto, y en ella no estoy solo, sino con dos grandes amigos.

La carrera ha estado marcada por el calor y la gran humedad, y a consecuencia de esto, la formación de tormentas.
Desde la salida, a las seis de la tarde, el calor era asfixiante (33ºC y 80% de humedad), y las fuertes subidas se veían incrementadas en dificultad.
La organización exigía rellenar al menos un litro de agua en cada avituallamiento, y de no ser así, te mandarían a casa.

Poco a poco, el cielo se fue cerrando, y comenzamos a ver relámpagos y a escuchar truenos.....a veces mas cerca y otras mas lejos.....hasta que empezó a llover.
La verdad es que, en esta ocasión, la lluvia fue de agradecer, y no sacamos ni la chaqueta, ya que era placentero refrigerar el calor que se generaba en las subidas.

Como si de un guía turístico se tratara, anunciaba a mis compañeros lo que nos tocaba en cada tramo del recorrido. Yo mismo me sorprendía de como se había grabado en mi mente la carrera de hace dos años.

En la que para mi es la peor bajada de la prueba, nos adelantó Suso (Jesús García Juanes ), al que por fin conocí en persona después de mucha charla por internet y por teléfono. Era la bajada de Erlo a Azpeitia, punto donde la vez anterior comencé a cascarme las rodillas, pero que esta vez tenía en mente desde el primer día de entrenamiento.

Saliendo de Azpeitia, nos esperaba una de las subidas mas cañeras de esta primera mitad de la prueba. Subiendo adelantábamos a la gente, que luego volvían a pasarnos en las bajadas.......siempre "haciendo la goma" con el mismo grupo de corredores.

El calor volvía a hacernos mella, ya desde bastante temprano, haciéndose notar en la larga bajada a Tolosa .

Llegamos al polideportivo, donde me retiré en 2011, dentro del tiempo previsto.
Así que nos duchamos, y cambiamos de ropa, para volver a salir después de comer y recargar agua.
Allí estaba Anaime, con su mujer y su crío, decidido a abandonar. Tratamos de convencerlo entre todos, incluido Suso, pero no hubo manera.

Cuando ya íbamos a salir de nuevo, por la megafonía del pabellón, nos anuncian que la organización ha recibido una notificación de que se va a declarar la alerta por tormenta eléctrica en Aralar, y que, de ser así, nos podríamos encontrar con que nos pararan la carrera y nos hicieran bajar de la montaña en cualquier momento a partir de las 15:00h.

Tras el desconcierto general, las dudas, y los cabreos, nos ponemos en marcha, porque lo que yo tenía claro es que tenía que dejar atrás Tolosa, y borrar los fantasmas del pasado.

Con un calor machacante, que a esas alturas ya había cosechado unos 100 abandonos, pasamos por el siguiente control, donde nos avisaron que, probablemente, al llegar al siguiente punto, la carrera sería neutralizada.
Y así fue, en el control de Amezketa, kilómetro 97 de carrera, y ya a seis kilómetros de la cima del Txindoki, nuestra aventura acababa, y con ella mi oportunidad de "comerme al oso".....una vez mas.

¿Que que sentí? pues una mezcla de sentimientos, uno de frustración, y el otro de paz, por poder sentarme un rato a la sombra y beber algo fresco.

En un gesto de consuelo y reconocimiento, la organización nos entregó la chaqueta de "Finishers" a los neutralizados en Amezketa, entendiendo que en otras circunstancias podríamos haber llegado a meta.
Sinceramente, tal y como me pasara en Gales, jamas me sentiré cómodo dentro de ella, aunque agradezco el gesto al director de la prueba.



Y como después de la tormenta, siempre llega la calma, y como 97km y 6100 metros de desnivel positivo no nos parecían gran cosa.....pues a la mañana siguiente nos levantamos y nos fuimos a subir el Txindoki, y así poder acumular otros 1100 metros positivos.....y otra decena de kilómetros.....para hacer ganas de comer, oiga !!

¿Volveré? pues de momento mi respuesta es no. Ya he tenido dos ocasiones, y me parece obsesivo dedicarle mas tiempo a algo que me supone mas dedicación de lo acostumbrado, y un mínimo de cinco días fuera de casa.......aunque ya se sabe: Nunca digas nunca jamas.

Para terminar, quiero recordaros que existe un oso en el Norte, un oso que te está esperando, y que se llama Ehunmilak, y que es el mas bello y duro desafío al que te puedes enfrentar. Pero también recordad que, como ya dijo mi gran amigo Manuel Lopez en 2011: “A veces te comes tu al oso, y otras veces te come el a tí”.


Gracias a la Ehunmilak y a sus gentes por haberme mimado una vez mas. Sois grandes.

Ivan Vivo, dorsal 18. 



P.D: tras las críticas que algunos han publicado hacia la organización por su decisión de neutralizar la prueba, quiero recordar, que en la noche del viernes, un rayo mató a cinco vacas en la zona próxima al Txindoki. Creo que no hace falta hablar mas sobre este tema.



Dejo un video calentito, recién salido del horno, de uno de los corredores portugueses. Me ha gustado un montón.

  EHUNMILAK ULTRATRAIL 2013 from mutu on Vimeo.

miércoles, 3 de julio de 2013

Ni retirada, ni rendición.



 "Mis pelotas se ponen a firmar cheques que mis músculos no pueden hacer efectivos" (Chris McDougall en la revista Menshealth)



Recuerdo en el año 2004, cuando recobré el hábito de correr, que decidí enfrentarme a mi primera carrera de 21km. Por aquel entonces, solo era corredor de 30 minutos, tres días a la semana, y fui aumentando el tiempo de carrera para la ocasión.
Alguien me dijo, que antes de enfrentarme a esos 21km, debería salir a correr un día una distancia de unos 16km, para ganar confianza.
Así que, un viernes por la tarde, cogí mi coche, puse el cuentakilómetros a cero, y medí un circuito de 16km por la ciudad (no tenía otro dispositivo de medida en aquel entonces).
A la mañana siguiente, sábado , con un calor de mil pares de pelotas, me fui en coche hasta donde había marcado mi zona de salida, y me puse a correr.
Recuerdo vivamente, que como tenía menos fondo que una palangana, a partir del km 10 aquello me resultó un calvario. Pasé las peores sensaciones que recuerdo desde aquel 1500m en oposiciones, en Punta Umbría en el año 97, donde conseguí quedar tercero de mi serie de 20 corredores, y llegar a meta extenuado y totalmente acalambrado.
A tres kilómetros del coche me dolía todo, pero tenía que seguir corriendo, aunque deseaba parar por encima de todo. Fue una corta pero intensa guerra sicológica contra mi mismo. Si paraba me sentiría como un mierda, y ya hay demasiada gente en el mundo deseando verte hundido, como para andar soportandote a ti mismo ,escupiendo sobre tu ego y tu autoestima.
Así que decidí ser un mierda por otras mil razones, pero no por abandonar a tres kilómetros del coche aquel día.

Elegí el peor día y el peor lugar para correr una media maratón la primera semana de un mes de Septiembre. Fue en Motril, con un calor y una humedad aplastante, y la gente desde la playa animando con esos típicos: ¡¡ Venga, que te pesa el culo !! , y el socorrido ¡¡ ánimo, que los últimos serán los primeros !!, que viniendo de una gorda en bañador comiéndose un helado, no ayuda mucho, la verdad.

Luego mejoré como corredor, no por marcas, ni puestos, sino por correr mas tiempo, y con mejores sensaciones.
Cada carrera para mi era un reto, y no por competir contra el reloj, ni contra algún conocido, sino porque siempre elegía algo mas difícil......mas largo.....algo que me pusiera "a tres kilómetros del coche" una y otra vez......y me hiciera sentir que no era un mierda......al menos no por haber abandonado.

Puede parecer ridículo, y seguro que lo es, pero no me atrae nada inscribirme a una prueba que se que puedo terminar, y cuando lo hago suele ser por acompañar a los demás del grupo, o por compartir el fin de semana con los amigos de siempre.

En los años que llevo corriendo, ya he experimentado el abandono en unas seis ocasiones. A veces entre risas y falta de motivación, y otras por sentir que no estaba a la altura. Pero es lo que tiene cuando hilas tan fino, cuando eliges la inseguridad como motor que empuja tu motivación, cuando todo los reduces a la pregunta ¿seré capaz?

Pues ,haciendo alarde de mi estupidez, la semana que viene regreso a Ehunmilak. Podría haber sido mas astuto y haber elegido otra cosita mas tierna, de esas de 50 o 80 kilómetros, con desnivel moderado, en un mes mas agradable. Pero, como aquel que se levanta a por otra hostia de ese tipo tan grande, vuelvo a por mas, cuando lo mas sensato es quedarse tumbadito ahí en el suelo, y esperar a que el tipo enorme se marche.

Tengo que aprovechar antes de que todo esto se prostituya, y quedarse "a tres kilómetros del coche" pierda toda su emoción. Porque cada día veo como el negocio de lo extremo baja el listón para atraer a las masas.

¿De que hablo? pues de como hace veinte años un puñado de tipos fibrosos, de lo mas duros de cada pais, corrían por el desierto del Sahara con unas zapatillas de asfalto de la época, y un material de risa, para sufrir lo indecible y conseguir ser finishers del Marathon des Sables.
Hoy en día, a cambio de 3446 euros, y con los listones cada vez mas bajos, tipos con evidente sobrepeso, y una forma física deplorable, se pavonean en su partida de poker de ser finishers del MDS.
Y hablo de primera mano, porque la he corrido, y de los mil participantes acaba el 98 % mas o menos, un índice exageradamente elevado para una de las pruebas "mas duras del mundo??"

Y que decir del IRONMAN. Cuando en los 80 veías a Mark Allen y Dave Scott, liderar a un centenar de superatletas, todo fibra y pellejo.......y hoy ves a tipos en neopreno con mas pinta de la orca de "Liberad a Willy" que de un hombre de hierro. Y no es culpa de ellos, y que no se mosquee nadie, pero a razón de 425 euros (el IRONMAN de Lanzarote por ejemplo) con un total de 1800 plazas, lo mas fácil es poner el límite de tiempo en 17 horas......y todos a vacilar de visera y tatuaje en el gemelo.



Y la guinda la pongo con el Maratón de Nueva York. A razón de 345 dólares, y sin límite de tiempo, cualquier idiota vestido de hombre-rana llega a casa con el título de "Filipides moderno". Y es que, con 40.000 participantes, a cambio de agua e isotónica, las cifras se me escapan de las manos.....y encima con unos patrocinadores de gran peso financiero.




Y volviendo a lo mio, esta vez no tengo excusas. Llego a Ehunmilak sin lesiones, y habiendo entrenado bastante, y aun así se que me sentiré " a tres kilómetros del coche" en mas de una ocasión, y tras la lucha sicológica, decidiré continuar otras tantas......y si consigo no rendirme.....tal vez esta vez llegue al final.......y como llegue al final, iros preparando, porque durante unos días me cegará el subidón y me sentiré como parte de esa estirpe que ha terminado una prueba de esas que, de momento, no tiene atajos ni clemencia para nadie.

Nos vemos a la vuelta.

lunes, 18 de junio de 2012

EhunMilak, el viaje de las 100 millas.

El año pasado ,la productora Ornitorrinco Collective, se puso en contacto con nosotros, el equipo Kroqueta, para que participáramos en un cortometraje sobre la Ehunmilak. Casi un año después hemos podido ver el resultado.




Para verlo en Vimeo pinchad aquí

Ehunmilak es una carrera impresionante, superior en dureza al Ultra Trail du Mont Blanc, con una extraordinaria organización y con un trato al corredor digno de mención. La carrera nos venció, pero nos enamoró a la vez. No tengo duda alguna de que regresaremos y acabaremos lo que un día de Julio del año pasado empezamos.

jueves, 21 de julio de 2011

Ehunmilak, el gran oso del norte.


Pensaba rascar mi interior y expresar con mis palabras lo acontecido este pasado fin de semana en la Ehunmilak, pero mi compañero de equipo, Manuel Lopez, ya se ha encargado de hacerlo, así que me ahorro el trabajo y copio-pego su relato.
En resumen, abandonamos en el km 80, con 5000m positivos y otros tantos negativos en las piernas. Las duras bajadas tocaron mis rodillas y decidí tirar la toalla antes de acabar lesionado. Volveré a acabar lo empezado, lo prometo.

Cronica de Manolo:

En el norte vive un oso. Un gran oso que te está esperando. ¿Te atreves a retarlo?

Ehunmilak es la más desafiante prueba de montaña a la que nos hemos enfrentado. Tremendo. He visto nacer muchas carreras, que año a año van creciendo y mejorando. Pero Ehunmilak nació ya con pelo en el pecho, por no decir en los huevos. Se nota que la organización está formada por corredores, y de Euskadi sin duda.

Primero, dar las gracias a esos más de 1200 voluntarios que se vuelcan con la carrera. Cuanto trabajo hay detras de una prueba como ésta.

Segundo, volver a darle las gracias a todos lo voluntarios.

Tercero, gracias a la organización. Esta carrera TIENE que seguir. El esfuerzo es inmenso, como toda la prueba. Pero tenéis un potencial tremendo. Esta carrera DEBE ser un referente. A ver si me explico, UTMB no tiene que dar puntos a vuestra carrera, sino que vosotros deberíais darle los puntos a ellos. De 10, fiesta de la pasta, avituallamientos, trazados, señalización, insisto, de 10.




En cuanto a nuestra carrera, hay poco que contar. Iba a decir que el oso nos mordió, pero la verdad es que sólo le vimos los dientes.
Como siempre es un placer llegar y empezar a saludar a compañeros de tantas batallas. No quiero nombrar a nadie porque seguro que se me olvida alguno. Un placer saludar a tanta gente buena, y poder ponerle cara a conocidos de los foros.


Arrancamos muy bién, a buen ritmo, trotando cuando se podia, subiendo a buen ritmo, charlando con unos y otros. Las piernas van de fábula, el descanso de la última semana nos ha sentado muy bién. La gente anima una barbaridad. La noche pasa muy bién, casi sin sueño para mi. El clima es perfecto, no hace viento y la luna llena lo ilumina todo. Vamos en camiseta de manga corta, y sólo tiramos de manguitos para abrigarnos un poco.
Pero la bajada del Erlo hasta Azpeitia nos cascó las rodillas, y aunque tiramos hasta Tolosa, y llegamos con 3 horas de margen, decidimos parar, tomar nota de la clase de terreno y de cómo se traza en Euskadi una carrera de montaña, y con esos apuntes volver en otra ocasión mejor preparados.




Veníamos pensando en numeros: 168 kms, 11.000+. Números que ya conociamos de otras batallas.Pero esto no son números.

Que nadie se espere aquí las elegantes subidas en zig zag a los Col de los Alpes, por senderos perfectos. Esta gente, si tiene que subir, lo hace en linea recta, “Parriba ostias”. Vale, yo subo. Pero llegas arriba y, a la hora de descender es lo mismo. “Ostias, pabajo”. Mi rodilla dijo basta, y con 90 kms por delante, y encima los duros de verdad, crei que era más prudente volver en otra ocasión.




Nos quedó por descubrir la segunda parte de la carrera, la dura de verdad. Paco, que hizo la corta, alucinó con la bajada del Aizkorri. Mark, Fali y Paco, que terminaron la larga, pasaron una segunda noche muy dura, con lluvia y niebla, y con las peores bajadas del recorrido. Son unos gigantes.

Tengo una cita con Ehumilak. No se si el año próximo, o dentro de dos, pero volveré.


Cierro con una cita de “El Gran Lebovski”, que mi amigo Jose Antonio repite mucho. Y es cierto.

"A veces te comes tu al oso, y otras veces te come el a tí"

Esta ocasión ha sido de ésas. Pero nos da la oportunidad de mejorar y volver. Ya lo hicimos en otras ocasiones.