viernes, 3 de mayo de 2013

ELTZIAR



Si digo "Eltziar", apenas un puñado de amigos sabrán de quien voy a hablar, pero si digo Paco Contreras hijo, rapidamente la masa cerebral de gran cantidad de corredores asociarán este a "el hijo de Super Paco".

Hace ya unos años que conozco a Paco "Eltziar". La primera vez que lo vi ya fue anecdótica. Recuerdo que estábamos cuatro o cinco corredores perdidos en la Sierra de Tejeda y Almijara. Tras una travesía de resistencia de la Copa Andaluza, allá por el año 2006, se celebŕo una carrera sin señalización, y la explicación del recorrido no fue del todo clara.  Así que nos vimos perdidos por el monte, discutiendo sobre la dirección correcta, con la noche apunto de caer.
A lo lejos, en una carretera sobre nosotros vimos un vehículo de la organización, y comenzamos a armar jaleo con los silbatos de emergencia para llamar su atención.....y conseguimos que nos vieran.
Conseguimos llegar hasta la furgoneta en cuestión, y entonces apareció Paco. Los de la organización nos ofrecieron sacarnos de allí y llevarnos a la meta en el pueblo, pero Paco les pidió un mapa de la zona y decidimos seguirle y salir de allí por nuestros propios pies. Así que Paco, mapa en mano, nos sacó de allí, y logramos cruzar la meta después de un largo día.

Nuestro segundo encuentro fue también anecdótico. Yo estaba en Chamonix, la víspera del UTMB 2006, y bajé del apartamento para ir a comprar algo. Entonces vi una cara conocida en la puerta de una farmacia. Paco estaba allí, con una gran mochila, pues llevaba varios días pateando por Los Alpes en solitario. Me acerqué a hablar con el, y me contó que iba a entrar a comprar a la farmacia para curarse una herida. Así que le dije que subiera a curarse al apartamento donde estábamos alojados varios andaluces, y casualmente había varios de mis compañeros que eran viejos conocidos suyos.

A partir de ahí, coincidimos en un montón de entrenamientos y carreras, tanto el como su padre.




Eltziar es de ese tipo de persona que transmite serenidad, y que sabes que nunca te va a dejar tirado. He tenido la fortuna de compartir muchas horas de charla con el, tragando polvo......o unas cuantas cervezas.
Siempre cuento de el, que es el ultrafondista por antonomasia. Si buscas "resistencia" en una enciclopedia, debería aparecer su foto.
Cuando lo ves correr, es pura economía, un ritmo fácil, cómodo, pero inagotable. Corriendo a su lado durante horas, acabaras pasando a corredores a priori mas rápidos y fuertes. Cuando ellos apenas pueden ya caminar, Paco los pasa con ese trotecillo silencioso y humilde......pero demoledor......y siempre tiene una palabra de ánimo para el rebasado.
Sabes que no ganará la carrera, pero puedes tener la certeza de que la va a acabar......y mas entero que la mayoría.

Paco es el primer fan de su padre, y cuida de el y le acompaña en cada ultra trail. Siempre he pensado que podría hacer muy buenos puestos si no fuera porque se debe a su padre, aunque se que eso a el le importa poco.

Fruto de su espíritu inquieto, Eltziar ha completado y creado retos que van desde un mega triatlón a la "Carretera de la Muerte".

Hace unos años, se puso un traje de neopreno y se tiró a un lago a nadar, la vispera de los 101km de Ronda. Después de completar un puñado de kilómetros nadando, se subió a su bicicleta de montaña......y pedaleó toda la noche, a tiempo para llegar a la salida de los 101km de Ronda.....y completarlos corriendo.



Son cosas de las que te enteras "a toro pasado", porque Paco tiene otra virtud, y es que no se pasa la vida anunciando cada "pedo que se tira", como tanta gente que ves en las redes sociales. El va, lo hace, y luego lo cuenta a los amigos, sin esperar las palmaditas en la espalda, sino para compartir la misma aventura con alguno de nosotros la próxima vez.

Da igual que sea sobre el asfalto o sobre la montaña, el siempre quiere llegar un poco mas lejos, y fruto de esa inquietud surgió la Carretera de la Muerte, o lo que es lo mismo: correr desde Malaga hasta Almería por la antigua nacional 340, 210 kilómetros de una sola tirada.
Y para rizar el rizo, este mismo año 2013, ha doblado la apuesta y ha completado el recorrido de ida y vuelta junto a Mark Woolley: 420 kilómetros de una tacada.

Otra de sus hazañas, fruto de la mente de Mark , fue completar la "Nazarí 2.0", corriendo desde una playa de Málaga hasta la cima del pico Veleta, en Sierra Nevada, en pleno mes de Agosto, con temperaturas de 40 grados centígrados, un total de 203 kilómetros y 5000 metros de desnivel positivo.

Te pones a charlar con el y su mente no para de maquinar ideas nuevas.....recorridos invernales imposibles arrastrando una pulka.....o cruzar Andalucía de cabo a rabo uniendo GRs......cualquier cosa vale con tal de innovar y arrastrar tu cuerpo a la autodestrucción.

Su última incursión ha sido una toma de contacto con la corriente "minimalista" ,pero al mas puro estilo "Eltziar". Pero eso lo dejo que lo cuente el mismo en su relato de los hechos. Os aseguro que no tiene desperdicio:




El precedente. Llevaba tiempo rondando por mi cabeza hacer una carrera en  modo minimalista. Un año, dos, … quizás fue una recomendación literaria de Iván Vivo Gallardo, ultrarunner  y amigo,  hábil cronista de aventuras vividas en carne propia y ajena, en una delirante prueba de 24 horas dando vueltas tras vueltas a una pista deportiva hace ya más de 5 años en Barcelona,  la que sembró esa semilla en algún recoveco del cerebro en espera de la primavera que viera su germinación y mira por dónde ha sido en una de las pruebas de montaña más divertidas de cuantas al día de hoy se puede hacer por los alrededores de la geografía malagueña, la I trail Cara Los Tajos de Alhaurín,  donde por fin ha dado su fruto.

Llegamos un poco apurados, y eso que la carrera nos queda cerca de casa, pero ya se sabe que a  veces la confianza es mala consejera, con estas y apenas 20 minutos nos situamos delante de la mesa correspondiente para recoger el dorsal, acercarme al coche para dejar la ropa y cambiar de calzado. Por cierto, estaba todo tan bien organizado, autoridades, voluntarios y demás haciendo su trabajo que era todo espontáneo y natural

El calzado. Recuerdo perfectamente cuándo vi por primera vez las fivefingers, las zapatillas abanderadas en el movimiento minimalista que simulan la forma de un pie, fue en Chamonix y el precio de promoción era muy bajo comparado con el actual de unos 100 euros de media, la razón por la que no me animé fue puramente estética, me parecieron un poco frikies, más apropiadas para ir a una fiesta de disfraces que ir a correr por el monte con semejante invento. Como la idea es correr casi sin nada o con lo mínimo recordé que de joven mi padre y yo mismo habíamos  usado un calzado que podría entrar en esa denominación, se trataban de las tradicionales alpargatas, conocidas como “camiones”, en esencia se trataba de una suela de neumático y una tiras de cuero más o menos trabajadas para aguantar talón y empeine,  el caso era comprarlas porque no estaba seguro que eso fuese fácil, más teniendo en cuenta que hoy en día los campesinos también han optado por un calzado más apropiado para realizar las duras tareas  agrícolas, la solución me la dio un vecino de una barrida de Almogía conocida como los Moras. Pasaba por allí el verano pasado, cuando éste salía precisamente de la fuente donde bebo algo  cuando tiro por aquellos lares, ¡con unas camiones bajo sus pies! Me parecía estar soñando  pero lo mejor es que me dijo dónde podría encontrarlas, precisamente en Alhaurín donde ese calzado tradicional andaluz se denominaba “antoñicas”, y a un precio de escándalo, cuatro cafés o sea que ni regaladas.


La carrera. Hecha la compra y estrenadas en un par de salidas, andando la mayor parte del tiempo, las “antoñicas” entraron en fase de hibernación hasta hace precisamente un par de semanas, tiempo que he necesitado para desempolvarlas y realizar unas cuantas salidas combinando andar, correr y distintos tipos de terreno, desde el siempre agradecido cauce de un arroyo hasta el más exigente semi-montañoso de los pechos cartameños.

Con la pinta de  alguien escapado de otro tiempo y con muy poco  tiempo de saludar a l@s amig@s me veía saliendo por el arco de meta en dirección a la sierra de Alhaurín. En apenas 300 metros se abandona el asfalto y todos nos vemos encajonados  por la Cañada de las Palomas hacia la fuente del Acebuche y la Casa del Guarda, uno de los lugares de referencia de los aficionados al senderismo. El cauce lleno de bolos, que luego a la vuelta nos esperaba de nuevo, enseguida dispone a los corredores en fila india, sin espacio para rebasar a nadie, sabiendo, por haber realizado el circuito en dos ocasiones previas, que todas las fuerzas que se reserven serán pocas para afrontar los dos sube-y-baja que tienen como referencia “la bola”, por otro lado salirse del sendero para intentar avanzar un puesto, es absurdo con este calzado y corres encima un riesgo innecesario. Se trata de asimilar las nuevas sensaciones minimalistas y de disfrutar del recorrido señalizado en la más mínima expresión y con voluntarios en los lugares claves, así como avituallamientos generosos y distanciados unos de otros correctamente, una gran masa forestal proporciona sombra y acentúa la sensación de correr por parajes idílicos.

En las subidas el calzado responde bien, apenas hay diferencia con el convencional, pero pronto me doy cuenta de que en las bajadas tengo que aflojar, cualquiera que haya pasado por aquí sabe que los senderos se caracterizan por su dureza, son frecuentes las piedras con aristas y encima sueltas que encontramos. Como a un kilómetro pasado la Casa del Guarda nos encontramos con la primera de las tres bajadas, una primera rampa pronunciada desemboca en un sendero entre árboles y siempre en descenso te deja en el otro extremo del pueblo, en un pequeño barranco sembrado de cuevas, de inmediato se gira y se empieza de nuevo a subir, tropiezo en un pequeño resalte no sé si de raíz o de roca que aflora de manera traicionera y caigo logrando adelantar el pie y amortiguar la caída conservando  la inercia, no sería el último de los tropiezos todos ellos sin consecuencias y casi siempre en subida.



El trazado es de los que alegran a la mayoría de los corredores de montaña, casi puro sendero cien por cien, estamos muy próximos a “la bola” y giramos de nuevo hacia la cañada del Arroyo del Tejar que ahora dejaremos durante el descenso a nuestra izquierda, piedras y más piedras, por la gran pendiente, sueltas,  jalonan esta parte, para mí la más incómoda teniendo en cuenta que no sería la de más longitud. Desembocamos en un carril ancho que bajaremos unos dos kilómetros y de nuevo las señales y voluntarios nos dirigirán hacia las alturas, esta vez al punto más elevado de la carrera, la dichosa bola, que parece nunca se alcanzará.  Por fin estamos allí, los pies protestan y con razón pero la imagen mental de que lo que resta, es todo bajada,  mitiga en parte el trato que hoy están recibiendo. Fracciono la distancia desde aquí a meta en varios trozos, tres pequeñas conquistas para repartir la carga de los más de 10 kilómetros de bajada: hasta el avituallamiento del bucle de Jarapalos, hasta la fuente del Acebuche con el tramo de la cadena, y hasta meta siguiendo la primera parte del recorrido. Así y todo no es fácil, los pies quieren descansar, y pisar sin que duela algo es complicado, más cuando bajando en la primera zona inmediatamente después de la bola el terreno se torna arenoso  y semidescalzo descalzo tienes que bajar por ahí, una piedra camuflada en la arena produce un pequeño roce sin mayor importancia, al poco los voluntarios que hay en la zona conocida como “la mata del tomate”, ya en el carril me transmiten ánimos, continúo según me había mentalizado y me encuentro en el tajo conocido como “el Salto del Caballo” y donde una oportuna cadena permite agarrarse y salvar ese punto complicado en la roca con seguridad. A veces me aparto para permitir al que me precede continuar con su paso más rápido, así llego de nuevo a la fuente del Acebuche, antesala de la meta y  de nuevo en la Cañada de las Palomas, esta vez bajando. Muy contento entro en meta, no tanto por la marca, cercana a las cuatro horas, sino por el cúmulo de sensaciones que durante todo el recorrido me han acompañado, dando así por finalizada mi primera aventura como  “tarahumara andalú”.

La conclusión. Sería por mi parte muy apresurado manifestar que con ese tipo de calzado se corre más o mejor, las sensaciones sí son diferentes, la manera de correr también, hay que medir mejor los pasos,  leer de continuo el terreno, predecir dónde pisar para que el impacto sea mínimo, lo que con la amortiguación de la mayoría de las zapatillas queda aparentemente resuelto, en las bajadas al no tratarse de un calzado cerrado hay que contenerse más, pero sí tengo claro que guardando las debidas precauciones y un periodo de adaptación adecuado es posible hacer algo parecido a correr   en la mayoría de los terrenos, sin entrar a valorar otros factores externos como una climatología adversa. ¿Alguien más se anima?

Eltziar. <

6 comentarios:

Suso dijo...

De tal palo, tal astilla.



Pedro dijo...

impresionante lo de su padre (yo lo conocí en el 2008) y por lo que leo , él tambien , no sabia de su existencia.
En cuanto al minimalismo ,tambien está llamando a mi puerta , jajaja y seguramente , con una adaptacion muyyyyyyy progresiva ,cominece ahora en Junio , un saludo.

Suso dijo...

Minimalismo en la montaña: el calzado más sencillo; volver al mapa y la brújula y retirar el gps; evitar avituallamientos artificiales que no existen en el recorrido "natural" (es como si te llevaran la mochila unos porteadores); si te puedes apañar con 12 cosas, no llevar 13; si puedes vivaquear, no dormir en refugios...

Antonio Arias Conejo dijo...

Sorprendente y gratificante el ejemplo de padre e hijo. Gracias por contárnoslo.

Javier G. Martín dijo...

Una vez mas, gracias por compartir vivencias de esta indole, y mas aun en estos dias que corren donde hay tanta chorrada y tonteria, un abrazo compañero

Antonio Morales dijo...

Gente especial, afortunada y privilegiada. N lujo tenerlo como amigo.