Si no me falla la memoria, en mi historial solo cuento con tres abandonos. El primer abandono fue en mi primera Ehunmilak, en Tolosa, en la base de vida del kilómetro 80 aproximadamente. Ese mismo año, en Mayo, quedamos terceros en la modalidad de equipos en los 101 kilómetros de Ronda. Un mes y medio más tarde, nos presentamos en la Ehunmilak, también como equipo, para afrontar sus 170 kilómetros, con sus 11.000 metros de desnivel positivo (y sus 11.000 negativos). Ambas carreras se parecen como un huevo a una castaña. Cuando llegamos a Tolosa, yo ya tenía los cuádriceps destrozados, sobre todo por el efecto de las bajadas. Mis compañeros de equipo tampoco andaban muy finos, así que decidimos abandonar en ese punto.
Mi segundo abandono fue en los 101 kms de Ronda. El año después de subir al pódium en la modalidad de equipos, el objetivo era bajar de 11 horas. En base a las 12 horas 50 minutos que nos otorgaron el tercer puesto y sumando la cantidad de tiempo perdido, bajar de 11 horas no era un objetivo descabellado. El día de la prueba, nos tocó un clásico día de calor anormal para la fecha. A las 11:00h de la mañana dieron la salida, bajo un sol de justicia. Tres horas y treintaytantos kilómetros mas tarde, corriendo a una media para rondar las diez horas, decidimos quedarnos en un bar de Arriate, siendo conscientes del reventón que íbamos a pegar tarde o temprano.
Mi tercer abandono fue en la Ultra La Pretoriana. En su primera edición, con una distancia de 70 kilómetros, era una prueba muy corrible, todo por pistas forestales y asfalto. No se como, aquella mañana, me puse en cabeza desde la salida. Mi autoestima aquel día debía estar por las nubes, porque me puse a tirar junto a un grupo de cuatro o cinco corredores. Al principio me sentía de puta madre, pero sobre el kilómetro 25 me sentía de puta pena. Sobre el kilómetro 30 llevaba ya un pajarón que ni caminar podía. Pagué cara mi osadía y tuve que abandonar. La cura de humildad fue importante.
Quitando estos tres abandonos, podría decir que mi porcentaje de finalización de pruebas es del 95%.
Pero hay un asunto que se escapa a la propia voluntad, pero que te deja inmerso en el "Síndrome del Impostor" (o al menos a mi me pasa) y es la "neutralización" de una prueba.
En mi caso, mi segunda Ehunmilak fue neutralizada por tormenta eléctrica a los pies del Txindoki, en el kilómetro 100, y en la primera edición de la Canfranc-Canfranc de 100 kilómetros, nos neutralizaron en el kilómetro 55, también por tormentas. En ambos casos, se nos entregó la prenda "finisher" y se nos reconoció como finalizadores de la prueba, pero.......¿como te sientes ante esa situación? ¿eres un "finisher" legítimo? ¿habrías cruzado la meta de no haberse neutralizado la prueba?
Por mi parte, viniendo de un abandono en Ehunmilak, ser neutralizado tras 100 kilómetros (100 kilómetros de Ehunmilak son un matadero, compadre), la patada en los huevos (sicológica) duele bastante. Lo peor es que cuando el cuerpo se enfría después de esos 100 kilometrazos, comienzas a pensar que quizás te han hecho un favor, porque te quedaban 70 kilómetros por delante y cuando notas tu cuerpo dolorido, tu mente comienza a plantearte si en realidad habrías llegado al final o habrías tirado la toalla de nuevo. El Síndrome del Impostor te atormenta y vives con esa cicatriz emocional, con esa sensación de fraude que te hace pensar que aún tienes una cuenta pendiente. Ponerte una prenda finisher bajo esas circunstancias es un poco incómodo.
En el caso de la Canfranc-Canfranc 100, al ser muy pocos participantes y ver como gente conocida había abandonado antes de la neutralización, no te quedas con una sensación tan chunga. Esos 55 kilómetros ,por un terreno tan técnico, con una climatología de mierda, te dejan bastante feliz contigo mismo. No obstante, sigues pensando que no eres un finalizador legítimo y que deberías regresar y zanjar el asunto. El caso es que ,ese Síndrome del Impostor, te hace dudar de tus capacidades y atribuyes a la suerte un tanto por ciento elevado de tu éxito, siendo tú el único culpable en caso de fracaso. ¿Volverías a sacrificar un verano sureño ,con duros entrenamientos, para volver y fracasar? En absoluto. Así de jodida es la mente.
Pero ahora vamos a dejar de hablar del Síndrome del Impostor y nos vamos a centrar en el Impostor sin Síndrome.
Dado que tengo más años que la chapa del parque, y que sigo inmerso en este mundillo, voy a narrar una serie de historias reales, con nombres y apellidos, pero sin dar nombres ni apellidos, para evitar polémicas y conflictos. Habrá quien se sienta aludido, por supuesto, pero supongo que como hoy en día la gente no lee, y menos un ladrillo de este tamaño, los implicados difícilmente se topen con este texto.
Hay un termino que está muy de moda, al menos entre los más jóvenes, y es la palabra "Poser", que es algo así como "farsante". Pues hablemos ahora de algunos poser del correr.
Primer poser: Individuo que se inscribe cuatro años seguidos a la misma prueba, pero ninguno de los cuatro se presenta en la línea de salida. Eso si, cada año redacta una autorización para que algún conocido le recoja la bolsa del corredor. Luego lo puedes ver trotando por el "paseo del colesterol" de su ciudad, en el horario más concurrido, con la camiseta de cualquiera de las cuatro ediciones.
Como ya he comentado, los individuos existen, son reales, no estoy lanzando un supuesto. Seguro que conoces algún caso parecido, con su nombre y apellidos, que no tiene nada que ver con el mío.
Segundo poser: Individuo que, una vez retirado de una ultra, al día siguiente, aprovechando la llegada de los corredores, se viste de corredor, con mochila incluida y el dorsal colocado estratégicamente de manera que no se vea el recorte o la marca que ponen a los que abandonan, y llega a meta trotando. El individuo recibe el chaleco "finisher" y las felicitaciones, porque los voluntarios no se ponen a revisar listas de abandonos en el arco de meta. Luego lo ves vestir la prenda, impasible, más ancho que Dios.
Tercer poser: Individuo que abandona en una ultra, consigue que lo trasladen en un vehículo, se baja a 400 metros de la meta y corre hasta cruzar en cuarta posición. Genio y figura.
Cuarto poser: Individuo que abandona en una ultra, pero se compra todo el merchandising de la misma, inclusive la prenda finisher de ediciones anteriores, ya que la venden en meta a buen precio.
Quinto poser: Individuo que se apunta a una prueba de 100 millas y se retira en el kilómetro 30. Al año siguiente repite la misma operación, pero esta vez neutralizan la prueba en ese kilómetro 30. El individuo recibe la prenda finisher de una prueba de 100 millas, con solo 30 kilómetros en las piernas. No es su culpa, claro está. Le comentas que el año que viene seguro que la termina y te dice "Ni hablar, yo ya tengo la prenda finisher, ya no me hace falta volver", así, sin titubear.
Sexto poser: Individuo que se inscribe en una de las pruebas "cortas" de UTMB, llámese OCC o CCC, pero por algún tipo de fobia, en las redes sociales, siempre publica que va a "correr UTMB", sin mencionar las siglas de su verdadera distancia y evitando mostrar el dorsal, para que no se vea que no corresponde a la prueba de 170 kilómetros. Luego publica "reto superado", sin detalles que desvelen la prueba que ha corrido. El individuo recibe los elogios por "esas 100 millas que se ha cascado" , pero por supuesto no procede a corregir ese detalle sin importancia, solo se limita a dar las gracias y a eliminar aquellos comentarios donde le insinúan que "No ha corrido UTMB, ha corrido OCC".
Tengo una anécdota personal con respecto a recibir una prenda que no te corresponde. En el UTMB de 2006, fui retirado por no pasar el corte horario en el Refugio Elisabetta. Al día siguiente, mi colega Pedrito Lince llegaba a meta destrozado, en última posición dentro del tiempo oficial. Lo esperamos a las afueras de Chamonix para acompañarlo y darle ánimos en los últimos metros. Yo le cargué los bastones y la mochila, porque no podía con su alma, incluso tenía fiebre. Al llegar a meta a su lado, fue recibido como un héroe y a mi me felicitaron y me dieron también la chaqueta finisher por error, aunque yo iba en vaqueros. Como mi dignidad no me permite ponerme esa prenda tan preciada, en ese mismo instante se la entregué a uno de mis compañeros, que había abandonado allá por el kilómetro ciento y pico. No sé si el la ha llegado a usar, pero yo sabía que el día que me pusiera una prenda con ese valor, tendría que haberla sudado. Podría haberla rechazado cuando me la entregó el voluntario, pero teniendo en cuenta que Pedrito era el último corredor, no se la estaba quitando a nadie. Al año siguiente, en 2007, regresé a UTMB y me gané la mía.
Yo no se tú, pero prefiero padecer el Síndrome del Impostor a vivir en la mentira del Impostor sin Síndrome. Allá cada cual.