lunes, 10 de septiembre de 2012

A lomos del Dragón : crónica de la Dragons Back Race 2012



Cuenta la leyenda que en tierras de Gales moraba un temible dragón, y que su rey, desesperado, envió 14 mensajeros hacia tierras extrañas en busca de guerreros decididos a derrotar a la bestia. La mañana del 3 de Septiembre de aquel año, a las puertas del castillo, un total de 93 guerreros esperaban la señal del rey para partir en busca de la feroz criatura. La batalla fue cruel y sangrienta, y cada día caían varios de aquellos valientes guerreros. La gloria final fue para quince de ellos, los mas fuertes, pero aún se recuerda a aquellos nueve que llegaron de la tierra con forma de piel de toro, aquellos que cada día eran arrojados de los lomos del dragón, pero que cada mañana se levantaban para tratar de doblegar a la bestia.
Esta es la historia de uno de ellos.


Cnwy es un pequeño pueblo del Norte de Gales, bendecido con la presencia de un majestuoso castillo, y rodeado por sus murallas. La base de su economía gira en torno al castillo, a la cría del mejillón, y a la cercana presencia de las montañas del Parque Natural de Snowdonia.
Veinte años atrás, en 1992, desde las puertas del castillo de Cnwy, partieron los corredores de la Dragon Back Race, la prueba mas dura por montaña que se había organizado hasta esa fecha. En cinco días, los corredores debían atravesar el País de Gales de Norte a Sur, por sus montañas, hasta el Castillo de Carreg Cennen.
En aquella ocasión, la prueba obligaba a participar en pareja por seguridad, y fueron Helene Diamantides y su compañero Martín Stone los ganadores de la misma.
El pasado día tres de Septiembre, coincidiendo con el veinte aniversario de aquella mítica prueba, Shane ohly daba la salida a la segunda edición, y entre los 93 participantes se encontraba de nuevo Helene, con el rostro mas marcado por el tiempo, pero con la misma sonrisa y la misma determinación que veinte años atrás.
Lo que sucedió a partir de aquel momento forma ya parte de la historia, de la de la prueba, de la de Helene, y de la de este humilde y mediocre corredor que con un mapa en la mano, y terriblemente asustado, partió por las murallas del castillo junto al resto de corredores.



Aquella fría mañana ,salimos trotando del pueblo por embarrados senderos, en dirección a las montañas. Sin haber mirado siquiera el mapa, corríamos tras los participantes que nos precedían, con la esperanza de no perder la senda correcta, y confiados en las dotes de orientación de los corredores locales. Pero pronto llegó el desconcierto al ver que cada cual optaba por una dirección distinta, y que nuestro plan "A" se venía al traste.
En total eramos nueve corredores españoles, caras todas conocidas desde hace unos años, de esas caras que se repiten en pruebas como el Ultra trail du Mont Blanc, Marathon des Sables, Ehunmilak, The Coastal Challenge, Tor des Geants, e infinidad de pruebas de 100 millas, 100 kilómetros y maratones por montaña.



Para nosotros, lo de la orientación era algo nuevo, acostumbrados a seguir recorridos bien marcados, o a seguir un track en el GPS. Pero para los corredores del Reino Unido, usar el mapa y la brújula es la única herramienta posible en un maratón por montaña. La dinámica es sencilla, en el mapa vienen marcados y numerados una serie de controles de paso, y en terreno unas balizas, de las usadas en pruebas de orientación, esperan a ser encontradas y ser el único testigo fiable del paso de cada corredor. La cima de una montaña suele ser el lugar elegido para enclavar una baliza, y el mal tiempo y el terreno salvaje son los encargados de que no sea fácil llegar hasta ella.




Con estas reglas nos tocaba recorrer unos 300 kilómetros, superar unos 15.000 metros de desnivel positivo acumulado, y ser capaces de llegar cada día ,antes de media noche, al campamento que hacía de meta y salida de la siguiente etapa.
El uso del GPS era permitido, como ayuda para saber nuestra posición en situaciones complicadas como la niebla o la noche.






Tengo que reconocer que, de no ser por el GPS, aún andaría perdido por las montañas galesas, porque, aunque no disponíamos de track alguno ni de waypoints de referencia, el saber en cada momento donde te encontrabas te permitía situarte en el mapa, y esa era nuestra baza para seguir avanzando.
Donde el mapa decía que había un sendero no siempre lo había, sino que había tan solo un tipo de terreno susceptible de ser atravesado. De este modo, aunque encaminaras tus pasos hacia un sendero de los señalados en el mapa, quizás estabas frenando tu avance, alargando el recorrido, o sumando desnivel inútilmente.

De momento, vamos encadenando checkpoints, de cima en cima, siguiendo básicamente la famosa integral de los 3000 pies de Snowdonia, aunque ordenados según el criterio de la organización. Esta famosa integral recorre una quincena de picos que rondan los 1000 metros de altitud, con subidas muy pendientes y crestas afiladas.





Las horas pasan y encontramos un problema: no hay agua. Hasta ese momento nadie había planteado la típica pregunta ¿cada cuantos kilómetros nos darán agua? El caso es que en su concepto de maratón de montaña el agua te la buscas tu, osea, miras el mapa, buscas un río y vas a por ella. Y todo el mundo parecía tenerlo claro menos nosotros. Así que, agotadas las reservas del camelback, me vi obligado a coger agua de un charco, con un bote de 400cc que llevaba por si se rompía el camel. Al ser agua estancada traté de filtrarla con el buff, pero acabé por llenarlo directamente y arriesgarme a tragar alguna porquería. He de decir que fueron esta primera etapa y la última las mas problemáticas con el tema del agua, el resto de etapas era continuo el paso por arroyos y ríos de montaña.





Para llegar al control de mitad de etapa solo había un camino, una larga y empinada bajada hasta un lago. En el mapa tan solo es una sucesión de apretadas y paralelas curvas de nivel, pero bajo mis pies es casi un precipicio. Veo a mis compañeros y a otros corredores desperdigados, asomados al borde tratando de buscar la mejor ruta para el descenso. El tiempo corre y hay que tomar una decisión, así que cualquiera es válida, y comienzo a bajar. Me pongo unos guantes finos para ir agarrándome a las rocas,voy pegando el culo a la piedra, bajo mi centro de gravedad para sentirme mas seguro, pero aún así me llevo mas de un susto. Puedo ver el lago bajo mis pies, y frente a mi la afilada cima del Tryfan, siendo atrapada por la pesada niebla que baja poco a poco haciendo desaparecer el paisaje. Estamos jodidos. Cuando consiga llegar al control del lago, tendré que comenzar a subir al Tryfan, agotado y perdido en la niebla con un simple mapa, y con la noche haciendo acto de presencia.
Tras siete horas y media consigo llegar al control. Hasta este control central, único punto donde ves a alguien de la organización, te llevan una bolsa impermeable de 22 litros donde metes lo que creas necesario (comida, ropa, etc).
Han sido casi 36 kilómetros agotadores los necesarios para llegar hasta aquí, y hasta meta queda otro tanto igual......en el mejor de los casos.






Reagrupados en el control discutimos que hacer. Nos queda una hora de margen con respecto a la barrera horaria y hay que tomar una decisión. Cinco decidimos dejarlo aquí y probar de nuevo suerte mañana, los otros cuatro continúan, pero son retirados mas adelante por las previsiones de tiempos de corte.
El reglamento de la prueba te permite salir cada mañana a disputar la etapa, o incluso tomarte un día de descanso y salir al siguiente, evidentemente fuera ya de toda clasificación.

La noche arrastra un puñado de maltrechos cuerpos hasta el campamento. Tan solo son 34 corredores, del total de 93, los que consiguen completar la etapa.
El sentimiento mayoritario es de frustración. Para la organización, la etapa era como mínimo de 52 km y 4468 metros de desnivel positivo acumulado, siendo esta la ruta mas óptima. Pero claro, te puede salir el doble de distancia y desnivel positivo según elijas por donde avanzar.
El ganador de la etapa, y favorito para el triunfo, Steve Birkinshaw, tardó 10 horas en llegar a meta. Invirtió 4 horas en llegar al control de mitad de etapa, donde nosotros abandonamos, y otras 6 horas en el resto de la etapa. Esto me hizo pensar que hubiéramos tardado del orden de 10 o 12 horas mas en tratar de completar la etapa. En cualquier caso nos hubiéramos topado con los tiempos de corte.




A la mañana siguiente la gente sale muy temprano. Cada uno sale a la hora que quiera, entre las 6 y las 10 de la mañana. Te dan el mapa, unas pequeñas indicaciones, y picas en el control de salida.
Salimos los nueve españoles juntos a las 7 de la mañana. Anoche decidimos unirnos y tratar de elegir bien la ruta para completar la etapa de hoy. Al grupo se unen dos franceses, una canadiense y un estadounidense, que ayer ya siguieron nuestros pasos. En sus currículums deportivos aparecen pruebas como la Petit Trote a Leon, Tor des Geants, Grand Raid Reunión, Western States 100, 4 Deserts Gobi March, UTMB, etc, pero ninguno consiguió completar la etapa de ayer.
Se ha pasado la noche lloviendo, y la niebla campa a sus anchas mientras subimos a las montañas. El panorama de hoy es desalentador, 53 km y casi 4000 metros de desnivel positivo como ruta "óptima", una barbaridad.
Subimos a la cima del Cnicht, trepando por rocas empapadas y resbaladizas, y cresteamos jugandonos el tipo para poder llegar hasta la primera baliza de hoy. Tan solo llegar hasta este checkpoint ya ha sido duro, y nos queda un mundo por delante.
Bajar de aquí marcó para mi el resto de la semana. Destrepamos por la montaña, con una pendiente de infarto, resbalando entre rocas, musgo, y pequeños saltos de agua. Mirabas hacia arriba y veías a tus compañeros golpearse, aflorando la risa nerviosa, hasta que en una de aquellas caídas mi tobillo se retorció unos 90 grados.
Lo primero que pensé fue: -se acabo la aventura para mi. Pero el dolor tardó en aparecer y me dio tiempo a bajar de aquella pared.



Mientras subía a la siguiente cima, Moelwyn Mawr, el dolor se hizo intenso y apareció la inflamación. Mi única solución era tratar de llegar al control central, y para ello tomé un analgésico y mi compañero Arturo (que trabaja como ATS)me hizo un vendaje para bloquear el tobillo.
Con este panorama continuamos hasta la cima, picamos nuestro paso por el checkpoint, y bajamos como pudimos para llegar a una presa de agua.
La organización había suprimido hoy dos checkpoints, que como casi siempre correspondían a dos cimas, no se sabe si por la peligrosidad de las mismas, o para evitar la carnicería del día anterior. A día de hoy, ya había gente que había recogido el petate y había regresado a casa.
El resto del día lo pasamos saltando alambradas, corriendo por las vías del tren, atravesando ciénagas, embarrados hasta la ingle, trepando por las piedras, discutiendo la dirección a seguir mapa en mano, y ayudandonos unos a otros a vencer los obstáculos.





El resultado de aquel esfuerzo inhumano fue llegar 45 minutos fuera de tiempo al control de mitad de etapa, tras diez horas de tortura y algo mas de 41 km de distancia, ¡¡ y eso solo era la mitad !!
De nuevo hoy eramos trasladados al campamento en minibus, con la misma frustración pero con mayor cansancio.
Nada mas llegar me fui a visitar al doctor para que me mirara el tobillo. Su veredicto fue simple: -tienes el tobillo mal pero ¿quieres seguir corriendo? es tu elección, hazlo si puedes soportar el dolor, no te voy a vendar el tobillo, no te va a ayudar en nada, toma analgésicos y antinflamatorios y llega hasta donde quieras llegar. Te veré mañana.
Así que me fui a la tienda a dormir y consultar con la almohada. Tendría que esperar a ver como amanecía el tobillo, pero no quería quedarme atado a un campamento mientras mis compañeros volvían a intentar atravesar la naturaleza salvaje que encierra este país. Estas son mis vacaciones, he gastado mi dinero y mi tiempo para hacer lo que mas me gusta en la vida, correr donde otros no se atreven a hacerlo.
Por la mañana el pie presentaba un derrame, y el tobillo era algo así como una pelota de beisbol, pero decidí que Arturo me hiciera un nuevo vendaje y tratar de salir a la caza del dragón un día mas.

Hablamos con el director de carrera y le propusimos comenzar la etapa en el control central, y así tratar de llegar cada día a meta por medio de nuestras piernas, sin depender del minibus. Esto nos dejaba en situación de reconocer que no eramos capaces de completar las etapas, pero de que saldríamos cada día a batallar, a pesar del cansancio y del dolor.
A Shane Ohly, el director de la prueba, le pareció estupendo. La gente se le estaba marchando a casa, cada día el numero de llegados era menor, apenas una veintena, y su intención era ayudar a la gente a aguantar hasta cruzar la meta del último día en el castillo de Carreg Cennen.
Así que cada mañana el Team Spain (como nos llamaban), mas el grupo de extranjeros adoptados, era soltado en el punto medio de la etapa, y mapa en mano comenzaba a correr para tratar de llegar a la meta de un nuevo campamento.





Por delante, la carrera oficial continuaba con la lucha de los grandes favoritos. Helene, hacía historia, ganaba cada día la categoría femenina, y se mantenía cuarta en la general absoluta.
Cada día el Team Spain volvía a crecer, adoptando mas extranjeros desalentados. Cada día yo estrenaba un nuevo vendaje, y volvía a atravesar bosques oscuros, rodear enormes lagos, atravesar ríos de aguas heladas, perdía las zapatillas en el barro, y coronaba sin aliento una nueva cima.
Desde el Norte hasta el Sur, desde Snowdonia a las Black Mountains, hasta un total de 170 kilómetros de naturaleza indescriptible y salvaje.




En la cena de despedida, los apenas 40 supervivientes fuimos recompensados con el trofeo del dragón. Siendo honestos, todos sabemos que no somos merecedores de un regalo reservado para los finishers, para aquellos que han sufrido día y noche para completar el recorrido de cada etapa en su totalidad. Pero Shane nos dijo que todo aquel que saliera cada mañana del campamento, y lograra recorrer gran parte del recorrido, sería recompensado con el trofeo de finalista. Para mi solo será un bonito recuerdo, disfruté con la aventura pero no derroté al dragón.

De momento, y según palabras de Shane, el Dragón permanecerá dormido otros veinte años, aunque meditará, y puede que en un par de años lo vuelva a despertar. El tiempo lo dirá.

Por mi parte, al llegar a casa me fui al médico,y ahora me encuetro escribiendo estas lineas, con un esgince en el tobillo derecho, y una tendinitis en el pie izquierdo, a causa de estar cuatro dias en las montañas tratando de compensar y no forzar mi tobillo lesionado. Pero en fin, no hay mal que mil años dure, ni cuerpo que lo aguante. Ahora toca descansar.

Toda la información sobre esta prueba en: www.dragonsbackrace.com






17 comentarios:

Dragonkik55 dijo...

Enorme experiencia¡¡ felicidades por haber hecho lo que hicisteis en un terreno imposible, y contárnoslo tan bien.

Eltziar dijo...

Iván, enorme, una aventura con todas las de la ley, mítica. Sin duda me hubiese gustado estar con vosotros batiéndome el cobre contra el dragón codo con codo, quizás en la próxima edición que espero sea antes de 20 años, en todo caso habéis dado suficientes argumentos para hacerlo en solitario,..quizás.

Recupera ese tobillo que nuevos desafíos esperan.

Un abrazo, Paco Eltziar

Fali dijo...

La próxima la preparamos todos en grupo y vamos a por él. Sabiendo ya de que va lo podremos dominar entre todos.
Excelente la experiencia y la crónica. Carrera Salvaje donde las haya. Y las fotos de vértigo.

Equipo de "A media horita" dijo...

Que tal Iván, me he puesto para leer tu crónica, la B.S.O. de la nueva peli de Brave y macho, nada más con la lectura de la introducción, parecía que estaba leyendo un libro de Tolkien. Muy bueno.
Sé lo que se siente a no cumplir la perspectiva que uno llevaba antes de la carrera, Pero bueno, estos grandes retos a los que nos enfrentamos tienen eso, si no todo el mundo lo haría. Pero a pesar de todo le sacaste provecho a la aventura y no te rendiste pese a la lesión, en definitiva, fuiste a ver montañas galesas con un buen puñado de amigos y con el transcurso de los años, recordareis que un buen día, estuvisteis en Gales corriendo por una autentica Espalda de Dragón.
Mi enhorabuena por la carrera.

VALMOTA dijo...

Espectacular, que recuperes pronto ese tobillo. Enhorabuena

Jesús Francisco Aguilera Moreno dijo...

Sois unos cracks. Realmente, y por muchas cosas que uno haya visto, leído u oído, no puedo más que decir que en este deporte hay gente invencible, increíble, aunque el resultado no sea el deseado o el más satisfactorio.

Bonita experiencia, sin duda.

Gracias por contarla.

Un saludo desde Mijas

Anónimo dijo...

I LOVE SPAIN!!!!!!
(Anaime)

Livan dijo...

Gracias a todos. Os aseguro que no me siento mal por el resultado. He disfrutado cada día, he recorrido Gales a pie por donde es casi imposible hacerlo, y he apurado mis vacaciones haciendo lo que mas me gusta.
El tobillo se curará, hubiera sido peor para mi quedarme postrado en una silla y ver como los demas se adentraban en las montañas cada mañana......esa herida si que hubiera tardado en sanar.
Ahora mismo siento morriña, ya echo de menos esos paisajes y a mis compañeros de viaje.

kurueza dijo...

Enhorabuena Livan y a todos los "kroquetas",habreis sufrido lo vuestro con esas pedazo subidas y bajadas, buenísimo tu relato,mmmm me duelen las piernas a mí imaginándome donde os metisteis, Ya sabes que las heridas sanan tarde o temprano, pero algunas dejan cicatrices y en tu caso tendrá forma de dragón.

Daniel dijo...

Increible Livan. A pesar de no haber ido todo como esperabas puedes estar contento con lo que has demostrado, me quito el sombrero.
Mi Enhorabuena tanto a ti como al resto del Team Spain.

Livan dijo...

Gracias Kurueza y Daniel. Esta vez no será una cicatriz, mas bien será como un tatuaje que uno quiere mostrar y del que se siente orgulloso. Quise "subir al Everest sin oxígeno" y no lo conseguí, es lo normal, es algo reservado para unos pocos, y hay que asimilarlo.

Javier G. Martín dijo...

Me dejas sin palabras compañero, increible cronica, debió ser tremendamente duro, supongo que ahora la satisfacción, ( a pesar de los dolores) será enorme.
Enfrentarse al dragón tiene mucho valor, derrotarle es lo de menos, lo importante como digo es reunir el valor suficiente para hacerle frente.

grande livan....
ahora a reponer y disfrutar el merecido descanso, un fuerte abrazo crack

Livan dijo...

Gracias Javier, ha sido una gran experiencia, y he vivido y aprendido mucho. Me doy por satisfecho.

Antonio Morales dijo...

Estoy impresionado. Si un tipo como tú sufrió lo que cuentas realmente debió ser dura de verdad. Al alcance de pocos. Enhorabuena sólo por estar ahí y luchar cada día como lo hiciste.

Livan dijo...

Gracias Antonio. La prueba fue dura en exceso, y mas aún con el tobillo fastidiado desde la segunda mañana, aunque mis compañeros no estaban lesionados y lo pasaron igual de mal.
La información de la prueba del año 92, y el video, era bastante engañosa. Si yo leo una crónica como la mía, y veo fotos y videos de esta edición, la cosa cambia, te haces una idea mas cercana a la realidad, y seguro que no se me ocurre meterme en semejante fregado. De todos modos, la experiencia ha sido muy enriquecedora, no lo cambiaría, excepto la torcedura de tobillo y la tendinitis.

A de la Mata. dijo...

Enhorabuena Ivan por esa carrera. La experiencia te habrá resultado fantástica. Solo el haber participado es una gran hazaña. Un saludo.

Livan dijo...

Gracias Angel. Un abrazo.