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viernes, 29 de agosto de 2025

EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR



 Si no me falla la memoria, en mi historial solo cuento con tres abandonos. El primer abandono fue en mi primera Ehunmilak, en Tolosa, en la base de vida del kilómetro 80 aproximadamente. Ese mismo año, en Mayo, quedamos terceros en la modalidad de equipos en los 101 kilómetros de Ronda. Un mes y medio más tarde, nos presentamos en la Ehunmilak, también como equipo, para afrontar sus 170 kilómetros, con sus 11.000 metros de desnivel positivo (y sus 11.000 negativos). Ambas carreras se parecen como un huevo a una castaña. Cuando llegamos a Tolosa, yo ya tenía los cuádriceps destrozados, sobre todo por el efecto de las bajadas. Mis compañeros de equipo tampoco andaban muy finos, así que decidimos abandonar en ese punto.

Mi segundo abandono fue en los 101 kms de Ronda. El año después de subir al pódium en la modalidad de equipos, el objetivo era bajar de 11 horas. En base a las 12 horas 50 minutos que nos otorgaron el tercer puesto y sumando la cantidad de tiempo perdido, bajar de 11 horas no era un objetivo descabellado. El día de la prueba, nos tocó un clásico día de calor anormal para la fecha. A las 11:00h de la mañana dieron la salida, bajo un sol de justicia. Tres horas y treintaytantos  kilómetros mas tarde, corriendo a una media para rondar las diez horas, decidimos quedarnos en un bar de Arriate, siendo conscientes del reventón que íbamos a pegar tarde o temprano. 

Mi tercer abandono fue en la Ultra La Pretoriana. En su primera edición, con una distancia de 70 kilómetros, era una prueba muy corrible, todo por pistas forestales y asfalto. No se como, aquella mañana, me puse en cabeza desde la salida. Mi autoestima aquel día debía estar por las nubes, porque me puse a tirar junto a un grupo de cuatro o cinco corredores. Al principio me sentía de puta madre, pero sobre el kilómetro 25 me sentía de puta pena. Sobre el kilómetro 30 llevaba ya un pajarón que ni caminar podía. Pagué cara mi osadía y tuve que abandonar. La cura de humildad fue importante.

Quitando estos tres abandonos, podría decir que mi porcentaje de finalización de pruebas es del 95%.

Pero hay un asunto que se escapa a la propia voluntad, pero que te deja inmerso en el "Síndrome del Impostor" (o al menos a mi me pasa) y es la "neutralización" de una prueba. 

En mi caso, mi segunda Ehunmilak fue neutralizada por tormenta eléctrica a los pies del Txindoki, en el kilómetro 100, y en la primera edición de la Canfranc-Canfranc de 100 kilómetros, nos neutralizaron en el kilómetro 55, también por tormentas.  En ambos casos, se nos entregó la prenda "finisher" y se nos reconoció como finalizadores de la prueba, pero.......¿como te sientes ante esa situación? ¿eres un "finisher" legítimo? ¿habrías cruzado la meta de no haberse neutralizado la prueba?

Por mi parte, viniendo de un abandono en Ehunmilak, ser neutralizado tras 100 kilómetros (100 kilómetros de Ehunmilak son un matadero, compadre), la patada en los huevos (sicológica) duele bastante. Lo peor es que cuando el cuerpo se enfría después de esos 100 kilometrazos, comienzas a pensar que quizás te han hecho un favor, porque te quedaban 70 kilómetros por delante y cuando notas tu cuerpo dolorido, tu mente comienza a plantearte si en realidad habrías llegado al final o habrías tirado la toalla de nuevo. El Síndrome del Impostor te atormenta y vives con esa cicatriz emocional, con esa sensación de fraude que te hace pensar que aún tienes una cuenta pendiente. Ponerte una prenda finisher bajo esas circunstancias es un poco incómodo.

En el caso de la Canfranc-Canfranc 100, al ser muy pocos participantes y ver como gente conocida había abandonado antes de la neutralización, no te quedas con una sensación tan chunga. Esos 55 kilómetros ,por un terreno tan técnico, con una climatología de mierda, te dejan bastante feliz contigo mismo. No obstante, sigues pensando que no eres un finalizador legítimo y que deberías regresar y zanjar el asunto. El caso es que ,ese Síndrome del Impostor, te hace dudar de tus capacidades y atribuyes a la suerte un tanto por ciento elevado de tu éxito, siendo tú el único culpable en caso de fracaso. ¿Volverías a sacrificar un verano sureño ,con duros entrenamientos, para volver y fracasar? En absoluto. Así de jodida es la mente.




Pero ahora vamos a dejar de hablar del Síndrome del Impostor y nos vamos a centrar en el Impostor sin Síndrome.

Dado que tengo más años que la chapa del parque, y que sigo inmerso en este mundillo, voy a narrar una serie de historias reales, con nombres y apellidos, pero sin dar nombres ni apellidos, para evitar polémicas y conflictos. Habrá quien se sienta aludido, por supuesto, pero supongo que como hoy en día la gente no lee, y menos un ladrillo de este tamaño, los implicados difícilmente se topen con este texto.

Hay un termino que está muy de moda, al menos entre los más jóvenes, y es la palabra "Poser", que es algo así como "farsante". Pues hablemos ahora de algunos poser del correr.

Primer poser: Individuo que se inscribe cuatro años seguidos a la misma prueba, pero ninguno de los cuatro se presenta en la línea de salida. Eso si, cada año redacta una autorización para que algún conocido le recoja la bolsa del corredor. Luego lo puedes ver trotando por el "paseo del colesterol" de su ciudad, en el horario más concurrido, con la camiseta de cualquiera de las cuatro ediciones.

Como ya he comentado, los individuos existen, son reales, no estoy lanzando un supuesto. Seguro que conoces algún caso parecido, con su nombre y apellidos, que no tiene nada que ver con el mío.

Segundo poser: Individuo que, una vez retirado de una ultra, al día siguiente, aprovechando la llegada de los corredores, se viste de corredor, con mochila incluida y el dorsal colocado estratégicamente de manera que no se vea el recorte o la marca que ponen a los que abandonan, y llega a meta trotando. El individuo recibe el chaleco "finisher" y las felicitaciones, porque los voluntarios no se ponen a revisar listas de abandonos en el arco de meta. Luego lo ves vestir la prenda, impasible, más ancho que Dios.

Tercer poser: Individuo que abandona en una ultra, consigue que lo trasladen en un vehículo, se baja a 400 metros de la meta y corre hasta cruzar en cuarta posición. Genio y figura.

Cuarto poser: Individuo que abandona en una ultra, pero se compra todo el merchandising de la misma, inclusive la prenda finisher de ediciones anteriores, ya que la venden en meta a buen precio. 

Quinto poser: Individuo que se apunta a una prueba de 100 millas y se retira en el kilómetro 30. Al año siguiente repite la misma operación, pero esta vez neutralizan la prueba en ese kilómetro 30. El individuo recibe la prenda finisher de una prueba de 100 millas, con solo 30 kilómetros en las piernas. No es su culpa, claro está. Le comentas que el año que viene seguro que la termina y te dice "Ni hablar, yo ya tengo la prenda finisher, ya no me hace falta volver", así, sin titubear. 

Sexto poser: Individuo que se inscribe en una de las pruebas "cortas" de UTMB, llámese OCC o CCC, pero por algún tipo de fobia, en las redes sociales, siempre publica que va a "correr UTMB", sin mencionar las siglas de su verdadera distancia y evitando mostrar el dorsal, para que no se vea que no corresponde a la prueba de 170 kilómetros. Luego publica "reto superado", sin detalles que desvelen la prueba que ha corrido. El individuo recibe los elogios por "esas 100 millas que se ha cascado" , pero por supuesto no procede a corregir ese detalle sin importancia, solo se limita a dar las gracias y a eliminar aquellos comentarios donde le insinúan que "No ha corrido UTMB, ha corrido OCC". 

Tengo una anécdota personal con respecto a recibir una prenda que no te corresponde. En el UTMB de 2006, fui retirado por no pasar el corte horario en el Refugio Elisabetta. Al día siguiente, mi colega Pedrito Lince llegaba a meta destrozado, en última posición dentro del tiempo oficial. Lo esperamos a las afueras de Chamonix para acompañarlo y darle ánimos en los últimos metros. Yo le cargué los bastones y la mochila, porque no podía con su alma, incluso tenía fiebre. Al llegar a meta a su lado, fue recibido como un héroe y a mi me felicitaron y me dieron también la chaqueta finisher por error, aunque yo iba en vaqueros. Como mi dignidad no me permite ponerme esa prenda tan preciada, en ese mismo instante se la entregué a uno de mis compañeros, que había abandonado allá por el kilómetro ciento y pico. No sé si el la ha llegado a usar, pero yo sabía que el día que me pusiera una prenda con ese valor, tendría que haberla sudado. Podría haberla rechazado cuando me la entregó el voluntario, pero teniendo en cuenta que Pedrito era el último corredor, no se la estaba quitando a nadie. Al año siguiente, en 2007, regresé a UTMB y me gané la mía. 

Yo no se tú, pero prefiero padecer el Síndrome del Impostor a vivir en la mentira del Impostor sin Síndrome. Allá cada cual. 



lunes, 6 de junio de 2016

Sobre canales, cornisas y bloques.



Recuerdo mi participación en la Hiru Haundiak del año 2008. Aquello era simplemente un ultra trail, una prueba de "gran fondo por montaña" , una carrera de 100 kilómetros con 5000 metros de desnivel positivo. El punto de inflexión apareció a los pies del Anboto. La verticalidad de la subida (y la posterior bajada), obligaba a extremar la prudencia y echar mano a la piedra en mas de una ocasión. Allí, a los pies del Anboto, quedaron muchos corredores bloqueados, por el miedo , el respeto o la falta de confianza en su destreza para subir por aquella pared de piedra. Algunos, comenzaron a subir, pero acabaron dando la media vuelta, renunciando a continuar.

 Por mi parte, plegué los bastones, subí con cuidado, bajé ayudado por la cuerda instalada por la organización y continué hacía la siguiente cima, la del Gorbea. Crucé la meta, cansado, pero encantado por el ambiente de la prueba, y por haber pisado tres nuevas cimas (Aizkorri, Anboto y Gorbea).

 De vuelta a casa, en los foros de carreras, se generó la polémica sobre aquella subida al Anboto. Salieron partidarios y detractores, voces que denunciaban de irresponsables a los organizadores, y otros que afirmaban que hasta los críos subían por allí los fines de semana en excursiones familiares. 

Yo, por aquel entonces, ya tenía un UTMB acabado, y había practicado un poco de escalada deportiva en los años previos a comenzar a correr. Así que, ni los desniveles, ni aquella trepada, me llevaron  a la indignación.
 Hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, en aquel foro, casi todos eramos corredores de asfalto llegados a la montaña y al ultrafondo. El termino "trail" o "ultra", mezclaba distancias y terrenos indiscriminadamente. Todo era Trail, y todo lo que pasara de 42 kilómetros era Ultra. 

 Poco a poco, fuimos diferenciando terrenos y dificultades, separando "campo" de "montaña", subidas a picos por pistas forestales corribles, o subidas por palas y canales.  Cada cual se fue situando según su condición física, sus habilidades, y sus gustos y preferencias. Cada cual se descartaba de cosas como el Aneto o la Travesera, y se decantaba por opciones mas adaptadas a su persona. 

 Fruto de la oleada de neo-corredores al mundo del trail y la montaña, y de la creciente dificultad técnica de algunas pruebas, se ven reacciones ,en las redes sociales ,como la generada por aquel Anboto del 2008.
Cada vez es mas común leer crónicas de particulares, donde se denuncian situaciones en las que ,el que redacta el escrito, opina que se ha debido neutralizar o suspender una prueba por causas meteorológicas. También es común leer que el recorrido de una determinada prueba era demasiado técnico, arriesgado, peligroso........o que los tiempos de corte eran muy apretados. 

 Bajo mi humilde opinión, se están cometiendo muchos errores, por falta de información, por falta de clasificación, y por exceso de audacia y arrogancia.

 Cualquier prueba que se precie tiene su perfil "diente de sierra" o "boca de tiburón". Ves como la gente comparte orgullosa la foto del perfil de su próxima prueba, esa gráfica con muchas subidas y bajadas, que es indicativo de la dificultad de la misma....¿o no? 

Cualquier carrera que suba una loma de 200 metros seis veces, tiene su perfil "diente de sierra", y eso no refleja la dificultad de la misma. 
 La ecuación distancia-desnivel-tiempo de corte, es tan engañosa como golosa. La masa corre a inscribirse en pruebas donde, la falta de información crucial, les hace verse cruzando la meta.
 Escuchas a gente justificar sus posibilidades por "comparación" con pruebas que ha logrado finalizar con anterioridad. 
Quizás,  esa información crucial, supondría una merma en el numero de inscritos a una determinada prueba, y eso no es rentable para un organizador, así que la omisión de determinada información pasa a ser una estrategia de mercado.  

 Mas allá de un simple perfil, se debería describir el tipo de terreno, el numero de pasos complicados, de trochas, cornisas, zonas de bloques, si estas zonas estarán  equipadas con cuerdas o cadenas, y el peligro real que puede suponer un simple traspiés.  
 Como ejemplo, en la Lakes Sky Ultra, el organizador, exige antes de poder inscribirse, acreditar experiencia y soltura en montaña, y avisa literalmente : "No cometa un error, este es un evento con un riesgo inherente. Si sus rodillas tiemblan, teme la exposición a las alturas, o no se siente cómodo usando las manos en las rocas, esta carrera no es para usted".
Por supuesto, el numero de participantes es reducido, pero tras la celebración de la prueba no lo han puesto a parir en internet por la dificultad y riesgo del recorrido de la misma.




 Una simple clasificación de las pruebas, según su dificultad, asignando por ejemplo unos grados D1, D2, D3...... facilitaría el asunto. Una prueba puede ser en su 80% de dificultad D1, y tener dos pasos de dificultad D3, lo cual debe estar bien indicado en su perfil, junto con la explicación de dicho tramo. Esto es solo una idea que se me ocurre. 

 Otro de los errores que se cometen atiende a la actitud frente a la meteorología. 
 Cuando yo salgo a entrenar por mi zona, con mal tiempo, se por donde puedo y por donde no debo pasar, y también se cuando darme la vuelta y regresar al coche......o incluso cuando no es día para salir a correr por dicha zona y, o me quedo en casa, o tiro para otra zona menos comprometida con días de mal tiempo. 
Todo eso lo hago según mi propio juicio, y no espero a nadie que me diga si debo regresar al coche, o quedarme en casa. 
Cada fin de semana leo a gente denunciando que una prueba no se suspendió o neutralizó por mal tiempo, que no eran condiciones para disputar dicha prueba,pero ellos continuaron hasta meta.......No me jodas ¿necesitas que alguien te diga que pares cuando estas jodido por el frío o la lluvia? ¿no eres capaz de decidir algo tan sencillo y vital por ti mismo? ¿o es que tu orgullo te lo impide y queda mejor decir que fue la organización la que decidió que pararas?

 Sirva como ejemplo nuestro último viaje a Inglaterra para participar en una prueba en el Lake District National Park.  Con nevadas, temperaturas bajo cero, y alertas por fuerte viento, el organizador no suspendió la prueba. 
Nosotros, pasamos tan mala noche en las tiendas, la noche previa a la primera etapa, que decidimos no participar, porque consideramos que no eran condiciones para disputar una prueba de tres días, por montañas nevadas,  sin marcar, donde solo te dan un mapa de la zona y unos puntos de paso. Al final de cada etapa, debías montar tu propia tienda, cocinar tu comida, y tratar de conciliar el sueño.......si el frío y el viento te lo permitían .
 La prueba se desarrolló como pudo, y nosotros nos buscamos la vida por nuestra cuenta, lejos de allí. No se nos ocurrió arremeter contra el organizador, ni nada por el estilo, simplemente asumimos que lo íbamos a pasar mas mal que bien, y que no se trataba de eso. 
 Tan sencillo como eso, el mal tiempo, en montaña, lo es mas, y tu has de determinar si estas preparado para afrontarlo, y si te apetece hacerlo. 

 Por su parte, los organizadores deberían especificar si la prueba se neutralizará o suspenderá por mal tiempo, y en caso contrario, dotar al recorrido de los medios de visibilidad y seguridad necesarios para dicho mal tiempo.  Reforzar la visibilidad de las balizas en caso de niebla, o exigir GPS con track de la prueba a cada participante. 
 En el caso de la seguridad, por ejemplo, equipar con cuerdas una trepada que, con la piedra seca, puede ser sencilla, pero con lluvia puede ser mortal. 




 Hasta el momento, a ningún organizador, ni federación de montaña, se le ha ocurrido exigir el casco como material de seguridad obligatorio, pero habría que tenerlo en cuenta. En mas de una prueba, hemos estado esquivando las piedras que nos caen desde arriba, subiendo una canal, provenientes de los corredores que nos preceden; o en una bajada, arrojadas por corredores que vienen por detrás.  Puede parecer una medida exagerada, e incomoda, pero el día que un bolo golpee a alguien en la cabeza, hablaremos del asunto. 

  Aun cuando todos estos aspectos mejoren, y se cataloguen las pruebas por su dificultad técnica, y se asuman los riesgos del mal tiempo, la audacia y la arrogancia, seguirán arrastrando gente poco capaz, a pruebas con necesidad de serlo.
 Leamos la letra pequeña antes de inscribirnos, y analicemos nuestras posibilidades, solo así podremos culpar al organizador por sus culpas, y no por las nuestras.

 P.D: Dejo como ejemplo de prueba con elevada dificultad, y mal tiempo, un vídeo de la Lakes Sky Ultra, prueba a la que he hecho referencia en esta entrada.


viernes, 18 de septiembre de 2015

AVALANCHA



Como una avalancha, corredores y piedras se precipitan en el descenso de La Collarada. Oscuridad infinita, escasez de marcas visibles, y gritos de "piedraaaa... !!" , hacen agudizar los sentidos y los reflejos, para buscar y esquivar.
El comienzo de la carrera ha sido vertiginoso. Desde la salida, hemos corrido a un ritmo anormalmente rápido, empujados por la euforia general. El "Camino del Carretón" nos frena en seco. Toca una fuerte subida, la primera de la noche, un kilómetro vertical en tan solo 3,8 kilómetros, hasta la pista del Ibón de Ip.
Subimos "a hierro", desfogando la tensión acumulada y el miedo de las últimas horas. Las luces del pueblo se van haciendo lejanas y diminutas en un corto lapso de tiempo.
Coronamos, y enlazamos con la mal llamada "pista", que no es otra cosa que un camino roto, agrietado, y sembrado de enormes bloques caídos de la ladera lateral.
Trotamos los cuatro kilómetros, que pasan volando........... y volando sale mi frontal al precipitarme y caer entre las rocas, fruto de un tropezón. El frontal se apaga con el impacto, y unos hilos de sangre se encienden en rodilla y codo.
Por suerte el frontal se enciende, y la sangre se apaga con el tiempo.

Guardo los bastones para empezar un nuevo sector. Pasamos la presa, y bordeamos el Ibón, por un paso estrecho, equipado con una cuerda debido a la posible caída, y avanzamos por una ladera pedregosa fuera de senda.
La fuerte subida, por una glera de piedras sueltas, me lleva a gatear y casi trepar en mas de una ocasión. Llueven piedras que desprenden los que me preceden, y los que vienen ya bajando por el sitio equivocado, lo que convierte el ascenso en una especie de lapidación vertical.
Llegamos al punto donde dos voluntarios , inmersos en la niebla, nos indican que hemos finalizado la subida y que toca bajar.
Avalancha, así empezaba esta crónica, y en este punto estamos ahora. Caídas, rasponazos, y el impacto de alguna roca que cae de lo alto......casi nadie se libra de llevarse un recuerdo a casa.

Las marcas arrancadas por el viento, y la espesa niebla, nos apartan del camino correcto. Somos un grupo de unos diez corredores, desorientados, avanzando dispersos para tratar de encontrar alguna marca. Perdemos tiempo, y hacemos algún kilómetro de mas, pero gracias al GPS de un francés, logramos enlazar con la "pseudo pista" del Ibón de Ip, y con ella al segundo paso por el avituallamiento.

La lluvia aparece para quedarse, y no es bienvenida, no al menos en esta Ultra Trail Canfranc-Canfranc, donde el desnivel y el terreno ya suponen un enorme problema sin su presencia.




Estamos inmersos en una larga y vertiginosa bajada. Zigzagueando por estrechos caminos y sendas, zetas con riesgo de caídas de varios metros, con un piso que resbala debido al agua de lluvia. En el bosque hay instaladas incluso cadenas en el tronco de los arboles, dada la fuerte pendiente.
Con la sensación de que no hay un metro de regalo en esta prueba, llegamos al Col de Los Ladrones.

Después de unos minutos de pausa en el avituallamiento, comenzamos la subida al collado de Izas. Vamos subiendo el valle, primero junto a un arroyo, y luego fuera de senda, remontando praderas de gran pendiente. Según subimos nos rodea la niebla, y las praderas se tornan pedreras. A golpe de silbato, desorientados, trepamos hasta el Pico Porrón, donde dos heroicos voluntarios soportan niebla, frío, lluvia y viento desde hace horas, totalmente desprotegidos.
El viento nos zarandea mientras cresteamos varias cimas, algunas estrechas, camino al siguiente avituallamiento. Una vez allí, somos testigos de lo que supone ser voluntario en este punto, en un día como hoy, donde el viento arranca de una triste mesa de playa lo que puede, y donde estos dos amables montañeros, con mas cojones que el Cid, soportan lo indecible desde esta madrugada.





Descendemos del Collado de Izas para enlazar, fuera de senda, con el Valle de la Cascada de las Negras. Seguimos marcas e hitos por la ladera de la montaña, en pequeños toboganes o falsos llanos. El silencio y el paisaje son espectaculares en esta fría mañana de Sábado. La paz interior se rompe al contemplar la inmensa pala vertical de subida al Vértice del Pico Anayet.
Tragamos saliva ,y un gel,  apretamos los dientes y los bastones, y comenzamos el ascenso. Nos marcamos pequeñas metas, estableciendo descansos, para hacer mas llevadera la subida. El terreno carece de senda, y forma escalones de yerba y piedra, que endurecen la progresión. El tramo final, de piedra suelta, es la antesala de la cima del collado, y de ahí a la cima del Vértice de Anayet, la pendiente se suaviza.
Las vistas son espectaculares, y en el piso se mezclan tonos de piedra rojiza, el verde de la yerba, las oscuras cimas del horizonte, y los tonos albi-negros de las nubes que cubren el cielo.



Ahora toca bajar de aquí, unos trescientos metros bastante verticales con riesgo de caída, hacia los Ibones de Anayet. En total serán algo mas de 1200 metros de desnivel negativo lo acumulado en el descenso de la Canal Roya.
Se hace tedioso e interminable el sendero que nos lleva a la Base de Vida, la cual consiste en una pequeña carpa instalada al final del sendero. Salvo la existencia de algo caliente que echar al estómago, el lugar no ofrece nada de lo esperado en una llamada "Base de Vida". Tres voluntariosas señoras regentan el lugar, de buen ánimo y sentido del humor, pero me parece violento desnudarme frente a ellas para ponerme ropa seca, ya que la lluvia obliga a permanecer bajo la reducida carpa.
Tan solo me cambio de calcetines y camiseta, como algo, y partimos de nuevo bajo la fina lluvia.

Afrontamos un nuevo kilómetro vertical, hacia la cima de La Raca. Esta vez el sendero hace "zetas", y la subida por el bosque se hace menos dura de lo que imaginas al mirar desde abajo las antenas de la cima.
A medida que progresamos, el cielo comienza a rugir y a lanzar todo lo que tiene a mano. Comienza a transformar la fina lluvia en cortinas de agua, a lanzar violentos rayos a nuestro alrededor......cada vez mas cerca......y termina por arrojarnos todo el granizo que encuentra en sus bolsillos.......se le ve cabreado.....
Soltamos los bastones y nos tiramos bajo una copa de árbol a esquivar la metralla que nos lanza el señor del cielo......no es muy buena idea, pero no hay donde esconderse.
La situación es arriesgada, peligrosa por momentos, y solo se nos ocurre seguir subiendo para buscar refugio en la cima.
Al coronar, los voluntarios del control nos informan de que han suspendido la carrera por seguridad, y que somos "finishers" por neutralización.
Después de tanto esfuerzo, y con margen de tiempo por delante, se te queda mal sabor de boca, pero hay que reconocer que seguir en esta situación es casi un suicidio, sobre todo en una prueba con este perfil tan duro y un terreno tan complicado......y una nueva noche como compañera, cuando ya llevas una sin dormir.

Sin ánimo de crear un mito, esta carrera, en su recorrido original (no el alternativo por mal tiempo que hemos tenido..........que ya es duro de pelotas) se me antoja brutal y reservada a una minoría, donde no me encuentro. Esos 100 kilómetros, con sus 8848 metros de desnivel positivo, no son solo duros en cifras, sino en un recorrido técnico, áspero, plagado de trepadas, destrepes, pasos arriesgados, con  dos noches sin pegar ojo por delante, y la necesidad de unos reflejos intactos de principio a fin.

Para el recuerdo, y mi currículum, queda el "yo estuve allí" , y la foto de grupo con la camiseta de finisher que nos entregó la organización.......la única que voy a atesorar en esta prueba...........¿o quizás no?..........¿quien dijo miedo?  je je je......



P.D: Al momento de la neutralización, ya habían abandonado 60 de los 120 corredores que habíamos tomado la salida.