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viernes, 17 de marzo de 2023

Ultralopitecus

 

Gran Trail Courmayeur



Hace cuatro millones de años, el extinto Australopithecus, fue el primer homínido bípedo que se conoce. Posteriormente, esta especie evolucionó a los Homo habilis y finalmente al hombre moderno, el Homo sapiens sapiens. 

Por culpa del Australopithecus, acabaste con las ingles rozadas, dos uñas negras, un pezón en carne viva y dos ampollas como dos bombillas de 60 watios, hace un par de semanas, cuando acabaste esa maldita ultramaratón. 

Al igual que aquel homínido, tu, Ultralopitecus, no eres muy listo que digamos. Millones de años de evolución no han servido para mucho, al menos en tu caso.

Sentado como un chimpancé frente al teclado, pulsando el "intro" compulsivamente, soltando blasfemias mientras refrescas con el F5 , nervioso y violento, porque no vas a conseguir plaza para la próxima edición de ese puto ultratrail que, si consigues inscribirte, te va a dar dos revolcones como los que da una vaquilla a un cuñado borracho en una comunión con capea.

Pero al menos hay una buena noticia: ser tan primitivo te puede estar salvando la vida.

El Homo Sapiens, u hombre moderno, en su moderna sociedad, está sucumbiendo a una serie de plagas que él mismo ha propiciado: Obesidad, hipertensión, depresión, cardiopatías, diabetes, alergias, insomnio, cáncer y una larga lista de trastornos. La esperanza de vida ha aumentado una barbaridad en los dos últimos siglos. Se viven más años, se muere más viejos, pero se van padeciendo más enfermedades. Sueltas una y enganchas otra. Enfermas, te medican, nueva enfermedad, nueva medicación. En cada casa un armario lleno de medicinas. En un mismo día: dolor de cabeza = pastilla, dolor de espalda = pastilla, gases = pastilla, estreñimiento = pastilla, pesadez de estómago = pastilla, insomnio = pastilla ...

Lo peor es que no hay medicamento inocuo, o sea , que todos los medicamentos hacen daño. Cada día, los medicamentos son más potentes y la gran mayoría de ellos -más del 90%- apenas tienen 25 años. Es un dato a tener en cuenta: cada vez se logran medicamentos más potentes, más activos, más fuertes, más eficaces y por lo tanto, más peligrosos. Nadie duda de la importancia de los medicamentos, pero toda droga (y los medicamentos lo son ) puede provocar efectos indeseables.




Al hombre moderno le pierde la inmediatez. Despertar con dolor de cabeza nos dispara al armario de los medicamentos. A nadie se le ocurre esperar un rato, salir a dar un paseo, contemplar el mar y ser testigos de como el dolor desaparece. El resto de animales de la naturaleza no dispone de una caja de paracetamol de 1 gramo, así que me imagino que somos criaturas blandengues, con poca tolerancia al dolor.

El Ultralopitecus, por contra, acostumbrado a sufrir dolores varios, fatigas y calambres, tiene una mayor tolerancia al dolor y, en consecuencia, una menor dependencia de los fármacos analgésicos y antinflamatorios.

El Homo Sapiens vive confinado en oficinas, viviendas y locales, siempre bajo luces artificiales. Se afana en vivir siempre a la misma temperatura, con aparatos de aire acondicionado en épocas calurosas y estufas y calentadores en las frías. Lo más cercano a la intemperie y a la naturaleza, es su salvapantallas de Windows ,con un paisaje alpino de fondo.

 El Ultralopitecus, se carga de vitamina D en sus horas expuesto al Sol. Domina el juego de las capas, quitando o poniendo prendas según la temperatura o las inclemencias del tiempo. Conoce la bajada de temperatura al amanecer, la humedad de la niebla, la súbita oscuridad que precede a la tormenta. No le importa pasar un poco de frío y está habituado a pasar calor. Se refresca en chorros, lagunas y fuentes, y se cobija en vivacs y refugios mientras espera que amaine el temporal.

Canfranc-Canfranc Ultra 


El hombre moderno evita caminar, usando el vehículo para ir al gimnasio, dentro del cual se sube en una cinta para caminar en el sitio. Se pasa periodos engordando, para luego pagar al dietista para perder lo engordado. Una vez perdido el peso acordado, comienza un nuevo ciclo de engorde. Así de por vida.

El resto de animales salvajes, viven delgados sin necesidad de dietistas. Ya sean herbívoros, como gacelas o ciervos, o carnívoros, como leopardos o hienas, comen la cantidad adecuada, sin repetir plato ni picar entre comidas. 

El hombre moderno busca la felicidad en comilonas y aparatos electrónicos. Evita el contacto con otros iguales, canjeándolo por leves conversaciones de chats o mensajes de texto.  

El Ultralopitecus busca la felicidad en la incomodidad. En dormir tirado en el suelo o en pasar la noche atravesando montañas, privándose del sueño de manera voluntaria. En comer mientras corre o camina, o a lo sumo sentado sobre una piedra. Se mantiene en movimiento aceptando de antemano que llegará el dolor, dada la enorme distancia que se propuso recorrer. Disfruta de la compañía presencial, de la conversación directa, sin fibras ni cables de por medio. Sabe caer y volver a levantarse, una y otra vez, y no renuncia a su objetivo. Si enferma lucha por sanar, por seguir siendo salvaje y primitivo, por volver lo antes posible a la incomodidad del pulso acelerado y los arañazos de la maleza. 

El Ultralopitecus es un hombre moderno, pero uno que se aferra a su lado primitivo, ese que requiere de desafíos que le hagan mejorar, de adversidades que lo mantengan activo y en continuo proceso de adaptación. 

Si has perdido tu lado primitivo, aun estas a tiempo de recuperarlo y regresar a tus raíces nómadas.



lunes, 6 de junio de 2016

Sobre canales, cornisas y bloques.



Recuerdo mi participación en la Hiru Haundiak del año 2008. Aquello era simplemente un ultra trail, una prueba de "gran fondo por montaña" , una carrera de 100 kilómetros con 5000 metros de desnivel positivo. El punto de inflexión apareció a los pies del Anboto. La verticalidad de la subida (y la posterior bajada), obligaba a extremar la prudencia y echar mano a la piedra en mas de una ocasión. Allí, a los pies del Anboto, quedaron muchos corredores bloqueados, por el miedo , el respeto o la falta de confianza en su destreza para subir por aquella pared de piedra. Algunos, comenzaron a subir, pero acabaron dando la media vuelta, renunciando a continuar.

 Por mi parte, plegué los bastones, subí con cuidado, bajé ayudado por la cuerda instalada por la organización y continué hacía la siguiente cima, la del Gorbea. Crucé la meta, cansado, pero encantado por el ambiente de la prueba, y por haber pisado tres nuevas cimas (Aizkorri, Anboto y Gorbea).

 De vuelta a casa, en los foros de carreras, se generó la polémica sobre aquella subida al Anboto. Salieron partidarios y detractores, voces que denunciaban de irresponsables a los organizadores, y otros que afirmaban que hasta los críos subían por allí los fines de semana en excursiones familiares. 

Yo, por aquel entonces, ya tenía un UTMB acabado, y había practicado un poco de escalada deportiva en los años previos a comenzar a correr. Así que, ni los desniveles, ni aquella trepada, me llevaron  a la indignación.
 Hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, en aquel foro, casi todos eramos corredores de asfalto llegados a la montaña y al ultrafondo. El termino "trail" o "ultra", mezclaba distancias y terrenos indiscriminadamente. Todo era Trail, y todo lo que pasara de 42 kilómetros era Ultra. 

 Poco a poco, fuimos diferenciando terrenos y dificultades, separando "campo" de "montaña", subidas a picos por pistas forestales corribles, o subidas por palas y canales.  Cada cual se fue situando según su condición física, sus habilidades, y sus gustos y preferencias. Cada cual se descartaba de cosas como el Aneto o la Travesera, y se decantaba por opciones mas adaptadas a su persona. 

 Fruto de la oleada de neo-corredores al mundo del trail y la montaña, y de la creciente dificultad técnica de algunas pruebas, se ven reacciones ,en las redes sociales ,como la generada por aquel Anboto del 2008.
Cada vez es mas común leer crónicas de particulares, donde se denuncian situaciones en las que ,el que redacta el escrito, opina que se ha debido neutralizar o suspender una prueba por causas meteorológicas. También es común leer que el recorrido de una determinada prueba era demasiado técnico, arriesgado, peligroso........o que los tiempos de corte eran muy apretados. 

 Bajo mi humilde opinión, se están cometiendo muchos errores, por falta de información, por falta de clasificación, y por exceso de audacia y arrogancia.

 Cualquier prueba que se precie tiene su perfil "diente de sierra" o "boca de tiburón". Ves como la gente comparte orgullosa la foto del perfil de su próxima prueba, esa gráfica con muchas subidas y bajadas, que es indicativo de la dificultad de la misma....¿o no? 

Cualquier carrera que suba una loma de 200 metros seis veces, tiene su perfil "diente de sierra", y eso no refleja la dificultad de la misma. 
 La ecuación distancia-desnivel-tiempo de corte, es tan engañosa como golosa. La masa corre a inscribirse en pruebas donde, la falta de información crucial, les hace verse cruzando la meta.
 Escuchas a gente justificar sus posibilidades por "comparación" con pruebas que ha logrado finalizar con anterioridad. 
Quizás,  esa información crucial, supondría una merma en el numero de inscritos a una determinada prueba, y eso no es rentable para un organizador, así que la omisión de determinada información pasa a ser una estrategia de mercado.  

 Mas allá de un simple perfil, se debería describir el tipo de terreno, el numero de pasos complicados, de trochas, cornisas, zonas de bloques, si estas zonas estarán  equipadas con cuerdas o cadenas, y el peligro real que puede suponer un simple traspiés.  
 Como ejemplo, en la Lakes Sky Ultra, el organizador, exige antes de poder inscribirse, acreditar experiencia y soltura en montaña, y avisa literalmente : "No cometa un error, este es un evento con un riesgo inherente. Si sus rodillas tiemblan, teme la exposición a las alturas, o no se siente cómodo usando las manos en las rocas, esta carrera no es para usted".
Por supuesto, el numero de participantes es reducido, pero tras la celebración de la prueba no lo han puesto a parir en internet por la dificultad y riesgo del recorrido de la misma.




 Una simple clasificación de las pruebas, según su dificultad, asignando por ejemplo unos grados D1, D2, D3...... facilitaría el asunto. Una prueba puede ser en su 80% de dificultad D1, y tener dos pasos de dificultad D3, lo cual debe estar bien indicado en su perfil, junto con la explicación de dicho tramo. Esto es solo una idea que se me ocurre. 

 Otro de los errores que se cometen atiende a la actitud frente a la meteorología. 
 Cuando yo salgo a entrenar por mi zona, con mal tiempo, se por donde puedo y por donde no debo pasar, y también se cuando darme la vuelta y regresar al coche......o incluso cuando no es día para salir a correr por dicha zona y, o me quedo en casa, o tiro para otra zona menos comprometida con días de mal tiempo. 
Todo eso lo hago según mi propio juicio, y no espero a nadie que me diga si debo regresar al coche, o quedarme en casa. 
Cada fin de semana leo a gente denunciando que una prueba no se suspendió o neutralizó por mal tiempo, que no eran condiciones para disputar dicha prueba,pero ellos continuaron hasta meta.......No me jodas ¿necesitas que alguien te diga que pares cuando estas jodido por el frío o la lluvia? ¿no eres capaz de decidir algo tan sencillo y vital por ti mismo? ¿o es que tu orgullo te lo impide y queda mejor decir que fue la organización la que decidió que pararas?

 Sirva como ejemplo nuestro último viaje a Inglaterra para participar en una prueba en el Lake District National Park.  Con nevadas, temperaturas bajo cero, y alertas por fuerte viento, el organizador no suspendió la prueba. 
Nosotros, pasamos tan mala noche en las tiendas, la noche previa a la primera etapa, que decidimos no participar, porque consideramos que no eran condiciones para disputar una prueba de tres días, por montañas nevadas,  sin marcar, donde solo te dan un mapa de la zona y unos puntos de paso. Al final de cada etapa, debías montar tu propia tienda, cocinar tu comida, y tratar de conciliar el sueño.......si el frío y el viento te lo permitían .
 La prueba se desarrolló como pudo, y nosotros nos buscamos la vida por nuestra cuenta, lejos de allí. No se nos ocurrió arremeter contra el organizador, ni nada por el estilo, simplemente asumimos que lo íbamos a pasar mas mal que bien, y que no se trataba de eso. 
 Tan sencillo como eso, el mal tiempo, en montaña, lo es mas, y tu has de determinar si estas preparado para afrontarlo, y si te apetece hacerlo. 

 Por su parte, los organizadores deberían especificar si la prueba se neutralizará o suspenderá por mal tiempo, y en caso contrario, dotar al recorrido de los medios de visibilidad y seguridad necesarios para dicho mal tiempo.  Reforzar la visibilidad de las balizas en caso de niebla, o exigir GPS con track de la prueba a cada participante. 
 En el caso de la seguridad, por ejemplo, equipar con cuerdas una trepada que, con la piedra seca, puede ser sencilla, pero con lluvia puede ser mortal. 




 Hasta el momento, a ningún organizador, ni federación de montaña, se le ha ocurrido exigir el casco como material de seguridad obligatorio, pero habría que tenerlo en cuenta. En mas de una prueba, hemos estado esquivando las piedras que nos caen desde arriba, subiendo una canal, provenientes de los corredores que nos preceden; o en una bajada, arrojadas por corredores que vienen por detrás.  Puede parecer una medida exagerada, e incomoda, pero el día que un bolo golpee a alguien en la cabeza, hablaremos del asunto. 

  Aun cuando todos estos aspectos mejoren, y se cataloguen las pruebas por su dificultad técnica, y se asuman los riesgos del mal tiempo, la audacia y la arrogancia, seguirán arrastrando gente poco capaz, a pruebas con necesidad de serlo.
 Leamos la letra pequeña antes de inscribirnos, y analicemos nuestras posibilidades, solo así podremos culpar al organizador por sus culpas, y no por las nuestras.

 P.D: Dejo como ejemplo de prueba con elevada dificultad, y mal tiempo, un vídeo de la Lakes Sky Ultra, prueba a la que he hecho referencia en esta entrada.


viernes, 18 de septiembre de 2015

AVALANCHA



Como una avalancha, corredores y piedras se precipitan en el descenso de La Collarada. Oscuridad infinita, escasez de marcas visibles, y gritos de "piedraaaa... !!" , hacen agudizar los sentidos y los reflejos, para buscar y esquivar.
El comienzo de la carrera ha sido vertiginoso. Desde la salida, hemos corrido a un ritmo anormalmente rápido, empujados por la euforia general. El "Camino del Carretón" nos frena en seco. Toca una fuerte subida, la primera de la noche, un kilómetro vertical en tan solo 3,8 kilómetros, hasta la pista del Ibón de Ip.
Subimos "a hierro", desfogando la tensión acumulada y el miedo de las últimas horas. Las luces del pueblo se van haciendo lejanas y diminutas en un corto lapso de tiempo.
Coronamos, y enlazamos con la mal llamada "pista", que no es otra cosa que un camino roto, agrietado, y sembrado de enormes bloques caídos de la ladera lateral.
Trotamos los cuatro kilómetros, que pasan volando........... y volando sale mi frontal al precipitarme y caer entre las rocas, fruto de un tropezón. El frontal se apaga con el impacto, y unos hilos de sangre se encienden en rodilla y codo.
Por suerte el frontal se enciende, y la sangre se apaga con el tiempo.

Guardo los bastones para empezar un nuevo sector. Pasamos la presa, y bordeamos el Ibón, por un paso estrecho, equipado con una cuerda debido a la posible caída, y avanzamos por una ladera pedregosa fuera de senda.
La fuerte subida, por una glera de piedras sueltas, me lleva a gatear y casi trepar en mas de una ocasión. Llueven piedras que desprenden los que me preceden, y los que vienen ya bajando por el sitio equivocado, lo que convierte el ascenso en una especie de lapidación vertical.
Llegamos al punto donde dos voluntarios , inmersos en la niebla, nos indican que hemos finalizado la subida y que toca bajar.
Avalancha, así empezaba esta crónica, y en este punto estamos ahora. Caídas, rasponazos, y el impacto de alguna roca que cae de lo alto......casi nadie se libra de llevarse un recuerdo a casa.

Las marcas arrancadas por el viento, y la espesa niebla, nos apartan del camino correcto. Somos un grupo de unos diez corredores, desorientados, avanzando dispersos para tratar de encontrar alguna marca. Perdemos tiempo, y hacemos algún kilómetro de mas, pero gracias al GPS de un francés, logramos enlazar con la "pseudo pista" del Ibón de Ip, y con ella al segundo paso por el avituallamiento.

La lluvia aparece para quedarse, y no es bienvenida, no al menos en esta Ultra Trail Canfranc-Canfranc, donde el desnivel y el terreno ya suponen un enorme problema sin su presencia.




Estamos inmersos en una larga y vertiginosa bajada. Zigzagueando por estrechos caminos y sendas, zetas con riesgo de caídas de varios metros, con un piso que resbala debido al agua de lluvia. En el bosque hay instaladas incluso cadenas en el tronco de los arboles, dada la fuerte pendiente.
Con la sensación de que no hay un metro de regalo en esta prueba, llegamos al Col de Los Ladrones.

Después de unos minutos de pausa en el avituallamiento, comenzamos la subida al collado de Izas. Vamos subiendo el valle, primero junto a un arroyo, y luego fuera de senda, remontando praderas de gran pendiente. Según subimos nos rodea la niebla, y las praderas se tornan pedreras. A golpe de silbato, desorientados, trepamos hasta el Pico Porrón, donde dos heroicos voluntarios soportan niebla, frío, lluvia y viento desde hace horas, totalmente desprotegidos.
El viento nos zarandea mientras cresteamos varias cimas, algunas estrechas, camino al siguiente avituallamiento. Una vez allí, somos testigos de lo que supone ser voluntario en este punto, en un día como hoy, donde el viento arranca de una triste mesa de playa lo que puede, y donde estos dos amables montañeros, con mas cojones que el Cid, soportan lo indecible desde esta madrugada.





Descendemos del Collado de Izas para enlazar, fuera de senda, con el Valle de la Cascada de las Negras. Seguimos marcas e hitos por la ladera de la montaña, en pequeños toboganes o falsos llanos. El silencio y el paisaje son espectaculares en esta fría mañana de Sábado. La paz interior se rompe al contemplar la inmensa pala vertical de subida al Vértice del Pico Anayet.
Tragamos saliva ,y un gel,  apretamos los dientes y los bastones, y comenzamos el ascenso. Nos marcamos pequeñas metas, estableciendo descansos, para hacer mas llevadera la subida. El terreno carece de senda, y forma escalones de yerba y piedra, que endurecen la progresión. El tramo final, de piedra suelta, es la antesala de la cima del collado, y de ahí a la cima del Vértice de Anayet, la pendiente se suaviza.
Las vistas son espectaculares, y en el piso se mezclan tonos de piedra rojiza, el verde de la yerba, las oscuras cimas del horizonte, y los tonos albi-negros de las nubes que cubren el cielo.



Ahora toca bajar de aquí, unos trescientos metros bastante verticales con riesgo de caída, hacia los Ibones de Anayet. En total serán algo mas de 1200 metros de desnivel negativo lo acumulado en el descenso de la Canal Roya.
Se hace tedioso e interminable el sendero que nos lleva a la Base de Vida, la cual consiste en una pequeña carpa instalada al final del sendero. Salvo la existencia de algo caliente que echar al estómago, el lugar no ofrece nada de lo esperado en una llamada "Base de Vida". Tres voluntariosas señoras regentan el lugar, de buen ánimo y sentido del humor, pero me parece violento desnudarme frente a ellas para ponerme ropa seca, ya que la lluvia obliga a permanecer bajo la reducida carpa.
Tan solo me cambio de calcetines y camiseta, como algo, y partimos de nuevo bajo la fina lluvia.

Afrontamos un nuevo kilómetro vertical, hacia la cima de La Raca. Esta vez el sendero hace "zetas", y la subida por el bosque se hace menos dura de lo que imaginas al mirar desde abajo las antenas de la cima.
A medida que progresamos, el cielo comienza a rugir y a lanzar todo lo que tiene a mano. Comienza a transformar la fina lluvia en cortinas de agua, a lanzar violentos rayos a nuestro alrededor......cada vez mas cerca......y termina por arrojarnos todo el granizo que encuentra en sus bolsillos.......se le ve cabreado.....
Soltamos los bastones y nos tiramos bajo una copa de árbol a esquivar la metralla que nos lanza el señor del cielo......no es muy buena idea, pero no hay donde esconderse.
La situación es arriesgada, peligrosa por momentos, y solo se nos ocurre seguir subiendo para buscar refugio en la cima.
Al coronar, los voluntarios del control nos informan de que han suspendido la carrera por seguridad, y que somos "finishers" por neutralización.
Después de tanto esfuerzo, y con margen de tiempo por delante, se te queda mal sabor de boca, pero hay que reconocer que seguir en esta situación es casi un suicidio, sobre todo en una prueba con este perfil tan duro y un terreno tan complicado......y una nueva noche como compañera, cuando ya llevas una sin dormir.

Sin ánimo de crear un mito, esta carrera, en su recorrido original (no el alternativo por mal tiempo que hemos tenido..........que ya es duro de pelotas) se me antoja brutal y reservada a una minoría, donde no me encuentro. Esos 100 kilómetros, con sus 8848 metros de desnivel positivo, no son solo duros en cifras, sino en un recorrido técnico, áspero, plagado de trepadas, destrepes, pasos arriesgados, con  dos noches sin pegar ojo por delante, y la necesidad de unos reflejos intactos de principio a fin.

Para el recuerdo, y mi currículum, queda el "yo estuve allí" , y la foto de grupo con la camiseta de finisher que nos entregó la organización.......la única que voy a atesorar en esta prueba...........¿o quizás no?..........¿quien dijo miedo?  je je je......



P.D: Al momento de la neutralización, ya habían abandonado 60 de los 120 corredores que habíamos tomado la salida.