Camino del
trabajo, en mi coche, el reloj marca las 6:20h de la mañana. Es 1 de febrero y
el termómetro del coche dice que estamos a 4 grados centígrados. Con esta temperatura,
y la humedad de esta zona, tengo sensación de frio, a pesar de las tres capas
de ropa que llevo puestas. El frio de aquí se te mete hasta los huesos, a no
ser que estés con la vena de la frente hinchada subiendo un cortafuegos.
De nuevo
vuelvo a ver a esa chica corriendo. A través de mi ventanilla empañada, y con
el escaso alumbrado urbano, apenas parece la visión de un demente, más que una
imagen real. Al pasar junto a ella con el coche, la luz de una triste farola,
ayudada por el resplandor de los faros, me reafirman mi convicción de que es
una imagen real y no un espectro creado por mi mente soñolienta.
Misma hora,
misma indumentaria, a pesar del frio. Pelo recogido, auriculares grandes, como
los de un disc-jockey de los 80, calzonas cortas de atletismo de toda la vida,
camiseta holgada sin mangas y zapatillas de asfalto.
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| Fotos de la chica tomadas desde mi coche |
Hace más de
un año que la llevo viendo, al menos un par de veces a la semana, cuando voy
camino al trabajo. No alcanzo a ver su rostro, ni conozco su propósito , pero tengo
la certeza de que hoy no lo tiene que estar pasando muy bien.
El noble
arte del sufrimiento voluntario, esa especie de masoquismo que nos arrastra a
penar por cuenta propia y al descredito de los ajenos.
Por mi
parte, no siento más que admiración por esta chica, pero estoy seguro de que
alguna vecina comentará “Esa niñata está chalá” en el corrillo del bingo.
¿Qué nos
empuja a la asfixia voluntaria de subir una colina con un resfriado mal curado?
¿Por qué usamos el razonamiento irracional del “o termino de reventar o de esta
me lo curo”? ¿Por qué nos empeñamos en ponernos las cosas difíciles a nosotros
mismos?
Sentir los
latidos revolucionados del corazón en nuestro pecho, con esa punzada en las
sienes y la saliva pastosa en la boca, debería ser fruto de la persecución de
un oso pardo a tus espaldas, no del “paseo” matutino de la mañana del sábado
con los colegas.
Podemos
idealizar el arte del sufrimiento voluntario como una continua búsqueda de la
mejora por parte del individuo. Elegir el peor camino como el camino
(literalmente) para estimular al cuerpo y a la mente, y así activar los
mecanismos de adaptación que desembocaran en la mejora del individuo. Eso si no
te dejas los dientes en el camino y acabas tomando el filete con pajita.
¿Lo que no
te mata te hace más fuerte? Puede que sí, o puede que te deje secuelas.
La continua
exposición voluntaria al daño, a las inclemencias y al esfuerzo innecesario,
puede crearnos una percepción distorsionada del entorno y de nosotros mismos,
llegando a ver llano lo que no lo es , o
bajo lo que en realidad está alto. Fruto de
esta distorsión nació “El Falsollano”. Cuenta la leyenda que un sufridor
voluntario, empoderado por la percepción distorsionada de sí mismo, acuñó el término
“falsollano”, asociando el término a pendientes reales, no falsas, que a ojos
de este hijoputa eran levemente inclinadas. Desde ese día, hijoputas de todo el
planeta, quedan contigo para correr y te guían poco a poco hacia una sucesión
de “falsollanos” , para ver de reojo como resoplas, con una sonrisilla maléfica
esbozando en su rostro.
Este acto de
hijoputismo es altamente contagioso, provocando que tú mismo arrastres a “falsollanos”
que has padecido a otras criaturas inocentes.
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Reunión de hijoputas y falsollanistas al atardecer.
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| Reunión de hijoputas y falsollanistas con nocturnidad y alevosía. |
¿Existe
mayor gesto de sufrimiento voluntario que el de inscribirse en un ultratrail o
en una prueba de ultrafondo de 24 horas? No y lo sabes.
Como siempre
digo, desde hace casi dos décadas, correr ultramaratones es como comer picante,
sabes que vas a acabar jodido, pero repites una y otra vez, hasta el punto de
estar todo el día pensando en ello. Por suerte, en mi caso, he conseguido
desengancharme (del picante aún no) , aunque tengo la certeza de que el día
menos pensado acabaré recayendo, lamentablemente.
A día de
hoy, practico el arte del sufrimiento voluntario en un ámbito diferente, pero
hubo una época en la que el espíritu kamikaze se había apoderado de mí, y no
paraba de lanzarme en barrena a la cubierta de cualquier portaviones que
apareciera en el horizonte de la ultradistancia.
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El Hachimaki que llevaba en mi frente , me lo trajo de Japón un compañero de trabajo. La frase decía "Victoria Segura" y la eligió la mujer de mi compañero, que es japonesa.
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Si no te has
metido un buff en la raja del culo para impedir que te rocen los cachetes, en
algún lugar entre las montañas de Suiza, aún no has tocado techo en el arte del
sufrimiento voluntario. Seguro que te encuentras en esa etapa en la que cuelgas
cualquier foto de tus pies destrozados, tus piernas arañadas o tu cara partida,
todo con orgullo y satisfacción. Pero lo de los cachetes en carne viva está en
otro nivel. Pero tranquilo, todo llegará, hazme caso.
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| Presumiendo el día después de la Pedrusco Trail |
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| Marathon Des Sables 2009 terminada |
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| Scottish Ultra 2010. Pies, hijoputa y falsollanistas en la niebla |
¿Has colgado
alguna vez en Wikiloc un ruta mala y perra , con trepadas salvajes y pinchos
por doquier, y has puesto en la pestaña “Dificultad
Técnica” la palabra “Fácil”?¿No? Yo si, pero
no voy a decir en cual, para que siga picando algún incauto.
¿Has
escondido unas latas de cerveza entre las piedras de un cresteo, de vegetación
cerrada y frecuentado por víboras, y has publicado las coordenadas para que
alguien se anime a encontrarlas?¿No? Pues yo si, pero que conste de dejé también una lata de aceitunas como aperitivo y una 0,0 para atraer a esas criaturas que las beben. A día de hoy
no me consta que nadie las haya encontrado (o eso, o no sobrevivió para
reportarlo). Dejo por aquí la foto con las coordenadas por si alguno se anima.
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| Ánimo chavales!! |
Y bueno, que estamos a primeros de año, y es el momento de diseñar tu calendario. De ti
depende que parezca la cabalgata del orgullo gay, o una verdadera carnicería a
la altura de pocos hijoputas falsollanistas practicantes del noble arte del
sufrimiento voluntario.
Un saludo.